Crezcamos Juntos, propuesta del presidente, Enrique Peña Nieto, pretende seducir con beneficios fiscales y frenar la informalidad y aumentar la productividad. En México, la recaudación de impuestos no es sencilla desde hace décadas y la reforma fiscal no parece resolver el dilema.
México es hoy el país de las reformas estructurales. Un proceso de transformación que inició hace poco más de año y medio, con la llegada a la presidencia de Enrique Peña Nieto, político que asumió el cargo el 1 de diciembre de 2012, representando al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que 12 años atrás había gobernado esa nación durante más de siete décadas ininterrumpidas.
Este presidente llegó con una estrategia decidida para modificar algunos de los aspectos más fundamentales de la vida mexicana y lograr un “cambio radical” que permita –a su juicio– elevar la productividad, fortalecer y ampliar los derechos, además de afianzar un régimen democrático y de libertades. Así, desde finales de 2012, en México se han realizado intensos debates para legislar y poner en marcha 11 nuevas leyes en los ámbitos laboral, económico, telecomunicaciones, financiero, energético, político-electoral, transparencia, educativo, Seguridad Social, en el código nacional de procedimientos penales y hacendario…

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