POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 160

Felipe VI y Juan Carlos I

Editorial
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La monarquía hereditaria y parlamentaria se mantiene en siete países del Occidente europeo. Walter Bagehot, economista inglés del siglo XIX, profundizó en este enigma: la corona británica, escribía en 1867, “The English Constitution”, se apoya en el azar hereditario, base de las monarquías que aspiren a conocer el siglo XX. El rey o la reina, se ha repetido no pocas veces en el siglo XXI, no gobiernan pero reinan. Es decir, los reyes son árbitros y como tales deben intervenir, mediar o ayudar a que los conflictos se eviten. Y deben hacerlo lejos de la liza política y de la lucha entre partidos. En España, esa función la ha recordado Felipe VI, heredero de Juan Carlos I, proclamado rey tras la abdicación de su padre el 19 de junio de este año. El Estado que Juan Carlos I hubo de defender en sus relaciones internacionales pero también en sus contratos internos, guarda poca relación con el Estado en el que Felipe VI habrá de reinar. “Comienza el reinado de un rey constitucional. Un rey que accede a la primera magistratura del Estado de acuerdo con una Consti­tución refrendada por los españoles, que es nuestra norma suprema desde hace 35 años … que debe atenerse al ejercicio de las funciones que constitucionalmente le han sido encomendadas y, por ello, ser símbolo de la unidad y la permanencia del Estado”.

Esa relectura puede centrarse en dos frentes: el relacionado con el papel de España en el mundo, pero antes de ello sobre los problemas internos de los españoles. En el primer frente debe destacarse el papel de España en América, desde el norte de Canadá al sur de Chile, además de una atención marcada por la orilla sur del Mediterráneo, distante de Tarifa, en Cádiz, solo 15 kilómetros.

Las monarquías euro­peas han…

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