Los mapas convencionales de la economía mundial dividen a los principales protagonistas en tres grupos: Estados Unidos y sus socios del Tratado de Libre Comercio (TLC), la Unión Europea (UE) y el este de Asia, encabezado por Japón pero con los cuatro “dragones” (Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong y Singapur) y la República Popular China (RPCh) pisándoles los talones. Se dice que esta geografía de tres frentes se corresponde con las grandes divisiones en la forma de plantear la economía política: en un extremo están Japón y las economías asiáticas de reciente industrialización, que han dependido en gran medida de políticas industriales centradas en el Estado para guiar su desarrollo, mientras que en el otro extremo está Estados Unidos y su compromiso con el liberalismo de libre mercado. Europa, con su amplia política de bienestar social, está en un punto intermedio.
Aunque no sea erróneo, este conocido mapa no es hoy la forma más útil de entender la geografía económica mundial. La diferencia más importante entre los países capitalistas es su estructura industrial. Alemania, Japón y Estados Unidos adoptaron rápidamente la forma empresarial de organización cuando se industrializaron a finales del siglo XIX y principios del XX y hoy sus economías albergan empresas gigantescas de gestión profesional como Siemens, Toyota, Ford y Motorola. En cambio, el sector privado de Francia e Italia y sociedades capitalistas chinas como Hong Kong, Taiwan y las zonas económicas especiales de la RPCh están dominadas por negocios más pequeños, propiedad de familias y gestionados por ellas mismas. Estas sociedades tienen muchas más dificultades para institucionalizar empresas privadas de gran envergadura; aunque dinámicas, sus empresas, relativamente pequeñas, tienden a venirse abajo una o dos generaciones después y entonces el Estado se siente tentado a intervenir para crear una posible industria a gran escala.
Las razones…

El capital social y la economía mundial


