POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 172

El Internet contingente

David D. Clark
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Es difícil imaginarse un Internet «diferente». Sin embargo, su naturaleza y diseño obedecen a las decisiones que sus creadores tomaron sobre la marcha. El futuro de Internet no está escrito: está en manos de la industria, los gobiernos, los usuarios y la comunidad investigadora.

¿Sería posible que Internet nunca hubiera ocurrido? ¿Podría ser que en un universo paralelo, en el que los creadores de Internet hubiesen seguido otras carreras, viviéramos sin la red que une los ordenadores entre sí? ¿Sería posible que estuviéramos usando ordenadores personales verdaderamente personales, que no estuvieran conectados al mundo, a menos que copiásemos su contenido en un disco y lo enviásemos a otra persona por correo postal?

En realidad, esa posibilidad es bastante improbable. Internet fue en algunos aspectos un producto de su tiempo: en la década de 1960 ya estaba “en el aire” la idea de una red global de ordenadores. Joseph Carl Robnett Licklider, visionario de la época, ya había predicho la videoconferencia, la información compartida, la mensajería instantánea, el pago de impuestos en línea, la deslocalización empresarial y la potencial brecha digital.1 No obstante, en esos primeros tiempos había ideas contrapuestas sobre cómo se debería construir una “red de ordenadores”. En ese universo alternativo existiría sin duda Internet, pero probablemente sería muy distinto.

Sorprende solo pensar en ello, dada la ubicuidad de Internet hoy. La red de redes está tan integrada en nuestras vidas que se diría que las cosas no podrían haberse desarrollado de otra manera. ¿Cómo habría sido ese Internet alternativo? Esta pregunta es importante. En los primeros tiempos de Internet se abrieron diversos caminos posibles; así pues, reconocer que la naturaleza de la red que conocemos dependió en su momento de decisiones que podrían haber dado resultados diferentes, es reconocer que el futuro de Internet es también impredecible. La…

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