Desde una perspectiva demográfica, el mundo europeo, sobre todo si se incluyen países derivados de Europa como Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, constituye una verdadera excepción. Explicar en qué consiste esta excepcionalidad y cómo ha cambiado a lo largo del tiempo es el propósito central de este ensayo. Es posible afirmar que, durante dos siglos como mínimo, el entorno europeo ha marcado la pauta para los principales cambios demográficos ocurridos, muchos de ellos por primera vez en el mundo. De persistir, estas dinámicas describen un perfil europeo de cambio e influencia sin precedentes en la historia, y nos permiten prever, al menos aproximadamente, la dirección que tomará la población mundial en el futuro.
‘Population bomb’
La transición demográfica es, sin duda, el cambio más importante del último milenio. En Europa arrancó en las últimas décadas del siglo XIX; en el resto del mundo no se produjo un proceso similar, en líneas generales, hasta casi medio siglo después. Solo en el contexto europeo, este enorme proceso se dio de forma más o menos ordenada, con declives regulares en la fecundidad y la mortalidad acompañados de incrementos relativamente modestos en las tasas de crecimiento de la población. En el resto del mundo, en cambio, derivó en tasas de crecimiento extraordinarias. Durante varias décadas, mientras la mortalidad caía con fuerza, la fecundidad permanecía invariable o incluso tendió a subir. El resultado fue un crecimiento de la población muy pronunciado en una parte del mundo, mientras que en la otra apenas se movió. Este contraste retrata un proceso ordenado en Europa frente al crecimiento desbocado que, varias décadas después, desencadenó en el resto del mundo el miedo generalizado a la sobrepoblación: la llamada population bomb, fenómeno de la segunda mitad del siglo XX que solo ha remitido en tiempos…

El modelo demográfico europeo y su impacto en el mundo


