AFKAR-IDEAS  >   NÚMERO 48

Entre el terror y la esperanza

SENÉN FLORENSA
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Para acabar con la inestabilidad mediterránea, es necesario desactivar las fuentes de humillación.

Hace 20 años iniciamos el Proceso de Barcelona con una Declaración Final de la Primera Conferencia Ministerial Euromediterránea que, todavía hoy, compendia las esperanzas en construir alrededor del Mediterráneo un área de paz y estabilidad, de progreso económico compartido y de diálogo y entendimiento entre los distintos pueblos y culturas. El problema y la desesperanza consisten en que hoy estamos mucho más lejos que en 1995 de alcanzar tan encomiables objetivos. Al contrario de lo previsto, el Mediterráneo y, en especial, el mundo árabe medio-oriental, se han convertido en el epicentro mundial de la inestabilidad y la violencia que desde allí irradian y alcanzan al mundo entero.

El Proceso de Barcelona estaba diseñado para, en un periodo que se preveía de paz, ofrecer una asociación con Europa que ayudara a los países árabes del Sur y Este del Mediterráneo a modernizar sus economías e instituciones para superar progresivamente el gran foso de desigualdad, fundamentalmente económica, que los separaba de los avanzados estándares de vida de los países de una Europa crecientemente unificada y próspera. Los resultados han sido ciertos pero limitados en lo económico en aquellos países que de verdad participaron en el juego e introdujeron reformas, en favor de los sectores económicos y la iniciativa privada y en los servicios básicos, como la sanidad, la educación, la formación profesional y las infraestructuras, como fue notablemente en Marruecos, Túnez y, limitadamente, en Jordania e incluso Egipto. Pero la falta de modernización de las instituciones y las prácticas políticas provocaron finalmente las revueltas populares conocidas como primaveras árabes, que habrían de prevalecer, como en Túnez; acelerar las reformas, como en Marruecos; o fracasar con una involución, como en Egipto, o con la guerra civil o el hundimiento del…

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