INFORME SEMANAL DE POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 1214

Los manifestantes ofrecen rosas a la policía antidisturbios durante las protestas por el bloqueo de internet y exigiendo más democracia (Yangón, 6/02/2021). GETTY

Golpe militar poco sorprendente

Tras apenas nueve años de ‘democracia disciplinada’ los militares birmanos han decidido recuperar el control total. Es la respuesta de una casta dispuesta a defender sus privilegios a toda costa, ante el fracaso de su acción política. Las reacciones de Washington y Pekín merecen especial atención.

La Constitución de mayo de 2008, hecha en buena medida a partir de sus propios cálculos, les garantizaba una de las dos vicepresidencias, el control directo de los tres ministerios relacionados con asuntos de seguridad (Defensa, Interior, Fronteras), el 25% de los escaños en la Asamblea de la Unión, Pyidaungsu Hluttaw –compuesta de dos Cámaras, la de las Nacionalidades (Amyotha Hluttaw, 224 escaños) y la de Representantes (Pyithu Hluttaw, 440)–, sin olvidar un poder económico nada desdeñable. Incluso así, los resultados de las elecciones del 8 de noviembre, en los que la Liga Nacional para la Democracia (LND) liderada por Aung San Suu Kyi obtuvo el 82% de los votos, parece haberles convencido de que la democracia ponía en peligro sus privilegios.

La fecha elegida para la asonada militar –amparándose en la Sección 417-418 del texto constitucional, que capacita a Min Aung Hlaing, mando principal del Tatmadaw (las fuerzas armadas birmanas), a declarar el estado de emergencia por un año con el objetivo de evitar “la desintegración de la Unión”– ha impedido que se constituya el nuevo Parlamento, donde la LND tendría una presencia aún mayor a la obtenida cinco años antes, frente a un debilitado Partido de la Unión,…

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