En la mayor parte de los análisis, Irán tiende a ser ubicado en Oriente Medio u Oriente Próximo, un constructo geopolítico que relaciona este país con los de su entorno del mundo árabe, junto a Turquía e Israel. El término preferido en este artículo es el de Asia Occidental, en cuya visión es más sencillo incluir otros países limítrofes, como Afganistán, Pakistán e India, y que, en ocasiones, son vistos como ajenos a las dinámicas regionales del golfo Pérsico.
La disciplina de estudios regionales no siempre ha considerado cómo interactúan los países colindantes entre las divisiones geográficas. Véase el «Oriente Medio» como concepto construido desde el Norte en función de su visión estratégica y sus intereses. Este «Medio» era lo que separaba Reino Unido de India y, dependiendo de la época, el concepto en sí incluía y excluía países en función de los intereses de las grandes potencias.
De esta forma, el Oriente Medio que Alfred Thayer identificaba se consideraba una realidad objetiva más que un constructo geopolítico. La visión del presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower incluía en la región a países como Libia, Sudán o Etiopía, mientras que tras los atentados del 11-S, la administración de George W. Bush acuñó el polémico término del «Gran Oriente Medio», que sumaba junto al mundo árabe, a Irán, Turquía, las repúblicas de Asia Central, Afganistán y Pakistán. Es decir, en la definición de las regiones se han incluido o excluido países en función de visiones económicas y securitizadas de las potencias globales.
Así, Asia occidental se ha estudiado como unidad generalmente separada de Asia del sur. Sin embargo, durante siglos las fronteras del Irán de hoy día con India, Pakistán y Afganistán no existieron. Las dinámicas históricas y culturales entre estos países no desaparecieron con las independencias ni con las fronteras artificiales…



