INFORME SEMANAL DE POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 1076

#ISPE 1076. 26 marzo 2018

La dimisión del primer ministro, Robert Fico, el 15 de marzo, tras la reacción de la opinión pública por el asesinato del reportero Jan Kuciak y su novia, Martina Kusnirova –asesinados el 25 de febrero en lo que parece obra de un profesional– ha evidenciado las profundas raíces del crimen organizado en el país.

Kuciak es el segundo periodista asesinado en pocos meses en un país de la Unión Europea tras la maltesa Daphne Caruana en octubre. En su artículo póstumo “La mafia italiana en Eslovaquia: sus duendes alcanzan a la política”, Kuciak describía la extensión de los tentáculos de la Ndrangheta, la mafia de Calabria, entre las altas esferas de Bratislava. El fiscal de la región de Calabria, Nicola Gratteri, ha declarado que lo más probable es que las familias calabresas estén detrás del asesinato del periodista. Kuciak acusaba a dos estrechos asesores de Fico, Viliam Jasan y Maria Troskova, de tener vínculos con la Ndrangheta.

Antes de su muerte, Kuciak investigaba los negocios de Antonino Vadala, al que la policía italiana atribuye el manejo del narcotráfico de la Ndrangheta. Vadala, residente en Bratislava desde hace años donde conoció a Troskova, había comprado terreno agrícola para acceder a subsidios comunitarios.
Jasan y Troskova, una exmodelo sin experiencia política, han negado toda relación con el asesinato, pero en el enrarecido ambiente de la capital eslovaca, la presunción de inocencia parece haberse desvanecido.

La renuncia de Troskova y Jasan, hasta ahora secretario del Consejo de Seguridad del Estado, el anuncio de una recompensa de un millón de euros para quien aporte información sobre el crimen y el nombramiento de un fiscal especial para el caso, no han aplacado la ira popular contra el gobierno, expresada en las mayores manifestaciones que ha vivido el país desde…

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