Irán y el proceso de paz marcarán de nuevo la agenda del segundo gobierno de Netanyahu, pero condicionado por las reivindicaciones socio-económicas.
Como se esperaba, Benjamin Netanyahu ganó las elecciones parlamentarias israelíes que tuvieron lugar el pasado 22 de enero, aunque fuera por poco. Su tercera legislatura, a punto de empezar en marzo, lo convertirá en el primer ministro de Israel más longevo, después del fundador del Estado David Ben-Gurion, y habrá ostentado el cargo durante más tiempo que figuras casi míticas como Yitzhak Rabin y Ariel Sharon. La cuestión principal que sigue abierta es qué pretende hacer con tal notable logro político. La vuelta al cargo de Netanyahu, entre 2009 y 2013, estuvo caracterizada por la estabilidad pero también por la inacción. Un hombre con un sentido de la historia propio de un primer ministro israelí probablemente preferiría ser recordado por más que eso. ¿Se ocupará finalmente de la amenaza nuclear iraní, tal como ha prometido constantemente durante estos últimos cuatro años, o dará respuesta a las esperanzas de la comunidad internacional y restablecerá las negociaciones de paz con los palestinos? Es de esperar que el horizonte se aclare un poco más una vez que el primer ministro haya conseguido formar una nueva coalición…

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