POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 232

Juan Carlos I, del prestigio global a la controversia

Powell explora el papel diplomático del rey emérito desde la Transición a partir de archivos internacionales e historia oral.
Rosa María Pardo
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Una encuesta reciente recoge que España es el país europeo más crítico con su monarquía. Felipe VI aprueba, pero no la institución. Siguen pesando los escándalos protagonizados por Juan Carlos I y la revisión política e historiográfica de la Transición, especialmente entre los jóvenes. El libro de Charles Powell permite valorar con ecuanimidad el destacado papel del anterior monarca en la política exterior española desde 1975, sin dejar de explicar con sutileza los problemas que forzaron su abdicación. Además, ofrece una panorámica actualizada de la diplomacia española en democracia y pinceladas interesantes sobre procesos globales.



El rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España
Charles Powell
Galaxia Gutenberg, 2026
632 págs.


El ensayo se inscribe en los estudios sobre el papel de los jefes de Estado en las monarquías parlamentarias. Ante las dificultades para acceder a documentación primaria española, Powell utiliza sobre todo fuentes relativas a visitas oficiales, complementadas con archivos internacionales, historia oral y memorias.

Muestra cómo la dimensión internacional de Juan Carlos I empezó a ser relevante desde 1969. Como príncipe buscaba legitimación exterior para una opción monárquica impuesta por la dictadura y apoyos para un proyecto de democratización, todavía impreciso, aunque ya asumido como única vía para consolidarse en el trono. Resultan novedosos los análisis sobre su intervención en la crisis de Sáhara, las lecciones extraídas de la revolución portuguesa –incluida la conveniencia de respaldar un centro izquierda fuerte en torno a PSOE-UGT– y la centralidad de las relaciones con EEUU.

Powell ratifica la relevancia del factor internacional en el proceso de Transición hasta 1982. Relata cómo, hasta julio de 1976, el rey dirigió la política exterior con Areilza y siguió influyendo decisivamente con Oreja, mientras Suárez se centraba en el proceso interno. Aunque la Constitución de 1978 limitó mucho sus competencias, Juan Carlos I conservó un importante margen de maniobra al que le costó renunciar, adquirido a base de instinto político, habilidades sociales y lingüísticas y prestigio por el éxito de la Transición y del 23-F.

Los sucesivos gobiernos aprovecharon su valioso capital político como interlocutor privilegiado en relaciones bilaterales estratégicas –EEUU, Portugal, Francia, Reino Unido o Alemania–, con monarquías de todo tipo, con ciertos regímenes autoritarios y en la renovación de la relación iberoamericana. También en diplomacia económica, como intermediador del Estado y de las grandes empresas españolas, y en diplomacia pública, proyectando una nueva imagen democrática y de reconciliación nacional. Hay aportaciones interesantes sobre temas como Gibraltar, Israel, la OTAN, el 23-F y las controvertidas gestiones con Rabat y las petromonarquías, y sobre las actuaciones del rey en su papel de facilitador diplomático en los más diversos escenarios.

Powell reconstruye las experiencias y percepciones que moldearon el código operativo de Juan Carlos I: la inestabilidad y provisionalidad familiar, su incómoda posición en la dictadura, su formación militar, católica y conservadora, su atípico aprendizaje político, el contraejemplo griego, su firme atlantismo. También señala las líneas rojas que nunca debió cruzar, entre ellas los afanes patrimoniales y una vida privada que terminó siendo cuestión de Estado, sin que gobiernos ni medios de comunicación ejercieran de contrapeso.

Por el libro desfilan personalidades nacionales e internacionales, amistades peligrosas incluidas, retratadas con agudeza. Powell, al mismo tiempo, recoge el esfuerzo de figuras del CNI y de la Casa Real para contener al monarca, y destaca la competencia y entereza de la reina Sofía, siempre en segundo plano. Otra aportación sugerente son las relaciones con los sucesivos presidentes: afinidad y luego alejamiento de Suárez, nuevo protagonismo con Calvo-Sotelo, entendimiento con González, relegación por parte de Aznar y ayuda a Rodríguez Zapatero para enmendar errores diplomáticos.

Para responder a las preguntas que quedan en el aire sería necesaria una legislación sobre documentación histórica homologable a la anglosajona, porque la ley franquista de secretos oficiales sigue vigente. Es posible que el celo de la clase política por eludir la transparencia no haya contribuido a mitigar la desconfianza social en la institución. Powell se ha atrevido a llegar lo más lejos posible, como el gran historiador que es.