Autor: Guillermo Fernández-Vázquez
Editorial: Lengua de Trapo
Fecha: 2018
Páginas: 196
Lugar: Madrid

La derecha radical en Francia

A caballo entre la investigación de ciencias políticas y la crónica periodística, '¿Qué hacer con la extrema derecha en Europa?' es un estudio ameno sobre el Frente Nacional (hoy Reagrupamiento Nacional) francés, escrito por un observador en sus antípodas ideológicas.
Jorge Tamames
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Guillermo Fernández-Vázquez, periodista, investigador en la Universidad Complutense y experto en derechas radicales europeas, ha escrito un libro sui generis. A caballo entre la investigación de ciencias políticas y la crónica periodística, y con un prólogo de Pablo Simón, ¿Qué hacer con la extrema derecha en Europa? es un estudio ameno sobre el Frente Nacional (hoy Reagrupamiento Nacional) francés, escrito por un observador en sus antípodas ideológicas. Que, sin embargo, se aproxima al fenómeno sin aspavientos ni condescendencia. El resultado es un texto original e inteligente, útil tanto para políticos y politólogos como para un público general.

Para el autor, la combinación de alarma y condena moral con que los progresistas examinan la derecha radical cae presa de “la autocomplacencia ética y el ensimismamiento estético”. En vez de recrearse en la superioridad moral de la izquierda, Fernández-Vázquez se propone entender cómo la derecha radical ha logrado crecer en las últimas décadas, centrándose en un análisis de sus intervenciones públicas y los lugares de enunciación desde los que se dirige a un número creciente de votantes. Con un conocimiento extenso sobre la política y sociedad galas, así como un enfoque que bebe del trabajo de Ernesto Laclau, Chantal Mouffe y Stuart Hall, traza una evolución detallada desde los orígenes a la actualidad de la derecha radical francesa.

El libro se divide en cuatro partes. Primero, un análisis del FN original, liderado por el ultrarreaccionario Jean Marie Le Pen, fiel a las esencias de la derecha dura y aficionado a los exabruptos antisemitas, homófobos y racistas. Después, la transformación del partido bajo el liderazgo de su hija, Marine –más dúctil y sutil–, que logrará convertir al FN en partido transversal; tercero, una crónica de las elecciones presidenciales de 2017, basada en la cobertura de Fernández- Vázquez para la Revista Contexto. Por último, un balance de la Francia actual, en la que el FN no logró imponerse contra el proyecto centrista de Emmanuel Macron y la pulsión antisistema parece haberse transferido de partidos como el FN o el izquierdista Francia Insumisa al movimiento de los chalecos amarillos.

Pese a la identificación popular de la derecha radical francesa con la dinastía Le Pen –Jean Marie, Marine y su sobrina, la ultraconservadora Marion Maréchal–, el relato que traza Fernández-Vázquez presenta a varios actores que resultan más interesantes. El protagonista de ¿Qué hacer con la extrema derecha? en ocasiones parece ser Florian Philippot, un personaje improbable –gay, proveniente de un partido de izquierda soberanista– que, como mano derecha de Marine, se convierte en el artífice del giro del partido hacia posiciones heterodoxas, desde las que es capaz de disputar el voto no solo a la derecha tradicional sino a la izquierda socialista. Bajo la “hipótesis Philippot”, el FN deja de centrarse en la intolerancia migratoria para apropiarse (o, en la jerga politológica, “resignificar”) conceptos como laicidad, libertad, derechos sociales o incluso la emancipación de las mujeres –presentada como una defensa contra el “totalitarismo” islámico. Es así como el FN pasó de detestar a reivindicar a figuras como Charles de Gaulle y Jean Jaurès, y disputar al Partido Socialista las cuencas mineras y regiones industriales en declive del norte de Francia, que actualmente se han convertido en uno de sus bastiones.

Otros personajes destacados son el actual presidente y el izquierdista Jean-Luc Mélenchon. En las presidenciales de 2017, los dos optaron por registros populistas, alejados del tradicional eje izquierda-derecha y en parte inspirados en el discurso heterodoxo del FN. Esta decisión les valió para conectar con y movilizar a sus respectivas bases. Fernández-Vázquez elogia a Mélenchon –que casi se clasificó para la segunda ronda electoral gracias a una remontada en la recta final– por ser capaz de abandonar los registros clásicos de la izquierda en aras de un discurso nacional y popular, pero no excluyente, con el que logró contener el auge del FN. Aunque los éxitos de ambos candidatos también se debieron al colapso de sus competidores en el centroderecha (François Fillon) y centroizquierda (Benoît Hamon) y el futuro no ha deparado grandes (ni pequeños) éxitos a Mélenchon, el libro argumenta de manera persuasiva que los ejes discursivos sobre los que este y Macron diseñaron sus campañas guardan relación con su éxito.

Es una lástima que Fernández-Vázquez no dedique algo más de espacio a analizar la interacción entre dinámicas económicas y electorales. El FN, como explica, presenció su primer periodo de crecimiento tras el giro de François Mitterrand hacia las políticas de austeridad (el tournant de la rigueur) en 1983. El abandono del Programa Común con el Partido Comunista llevó a los socialistas franceses a desarrollar lo que Bruno Amable denomina un “bloque burgués”, sostenido no solo por élites sino por clases medias urbanas. Aunque el libro examina la captación del voto trabajador por parte del FN, sería interesante entender por qué ese bloque, todavía representado por Macron, goza de mejor salud que el proyecto lepenista, pese a la crisis económica y el estancamiento que atraviesa Francia. La respuesta tal vez guarde relación con otro fenómeno que Fernández-Vázquez menciona: el Brexit. Philippot buscaba generar un terreno de debate político que permitiese replicar el resultado del referéndum sobre la constitución europea de 2005 (en la que una mayoría transversal de franceses votó “no”). Pero las vicisitudes británicas parecen haber templado los ánimos en la derecha radical y el conjunto de los votantes europeos respecto a las posibilidades de abandonar la UE. Hoy el FN parece reconciliarse parcialmente con el euro y Bruselas –donde, por otra parte, la influencia de la derecha radical va en aumento.

Un tercer fenómeno que merece más estudio tal vez sea el de la islamofobia. Aunque el libro traza su despegue a los atentados del 11 de septiembre, en muchos países europeos este fenómeno es posterior y guarda relación con dinámicas domésticas. En el conjunto de la UE, la crisis de los refugiados de 2015 fue un punto de inflexión más determinante. En Francia esta cuestión posiblemente se superponga con la situación de sus ciudadanos de origen magrebí, manifestada en crisis puntuales como las de las banlieues (2005). Se trata, en cualquier caso, de apuntes menores: el texto deja con ganas de más precisamente por su calidad y capacidad de síntesis.