Es probable que la ambigüedad inicial americana continúe, aun cuando se dediquen esfuerzos a encontrar nuevos grupos que apoyar, e influenciar, en una región cambiante.
La Primavera árabe está resultando ser considerablemente menos verde ahora que cuando fue recibida, con tanto entusiasmo por muchos en Washington. Las revoluciones en Egipto y Túnez, las guerras civiles en Bahréin, Libia y Yemen, el desesperado levantamiento en Siria y las protestas en Argelia y Jordania no constituyen un mosaico, sino un collage caótico. El asesinato del líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, la intensificación del conflicto entre Estados Unidos y Pakistán, el interminable laberinto de Afganistán y las grandes incertidumbres de Irak se suman a la perplejidad tanto de las élites políticas como de los ciudadanos interesados. Es imposible llegar a una conclusión general sobre la inminencia, los límites y la naturaleza de un cambio importante de la política americana en el mundo árabe y musulmán. Mientras tanto, la decisión de Egipto de normalizar sus lazos rotos con Irán y el respaldo egipcio a la tentativa de reconciliación entre Al Fatah y Hamás constituyen un fracaso para la diplomacia americana…

Estados Unidos y Libia
Internacionalizar el ciclo de combustible nuclear
Una declaración de 70 años
La esencia de la 'perestroika'
Alemania, ¿y ahora qué?
¿Amenazan los drones el Derecho Internacional?
Libia, un desbarajuste de difícil salida
El PCCh, 100 años de adaptación 