POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 167

Retórica y estrategias de la nueva Ruta de la Seda

AGATHA KRATZ
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Ofensiva diplomática y estrategia económica, la Ruta de la Seda del siglo XXI recorre tierra y mar. Europa es uno de los destinos de un proyecto que suma inversión, infraestructuras e influencia política.

 

Existe una ambiciosa visión china en los nuevos proyectos de la Ruta de la Seda que el presidente Xi Jinping presentó oficialmente en septiembre de 2013. El plan de acción conocido como “One Belt, One Road” (OBOR, Un cinturón-una ruta, en español), publicado el 28 de marzo de 2015, es probablemente la formulación más concreta hasta la fecha de dichas iniciativas, una gran estrategia diplomática y geopolítica de China hacia sus vecinos.

La iniciativa OBOR gestionaría potencialmente unos indicadores de gran magnitud: el 55% del PIB mundial, el 70% de la población global y el 75% de las reservas energéticas. Este plan –todavía en discusión sobre su implementación concreta– es de largo plazo, ya que durará unos 35 años, según algunas fuentes, y tiene como horizonte 2049, cuando se celebrará el 100 aniversario de la República Popular China.

Los proyectos de la Ruta de la Seda parten básicamente de dos iniciativas reagrupadas dentro del paraguas OBOR: una de base territorial, llamada Silk Road Economic Belt (cinturón económico de la Ruta de la Seda), que va de China hasta Europa pasando por Asia Central; y otra de base marítima, la 21st Century Maritime Silk Road (Ruta de la Seda marítima del siglo XXI), que incluye las costas de China, el sureste de Asia, Oriente Próximo y el Mediterráneo hasta Europa y en potencia África.

Ambas iniciativas son claramente ofensivas diplomáticas, con una fuerte retórica de destinos y objetivos comunes y relaciones amistosas, y una estrategia con un alto componente económico. En realidad, todo gira en torno a una gran cantidad de proyectos de infraestructuras con el objetivo…

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