La evolución política de los países del Magreb comienza a reflejar la dinámica actual de sus sociedades. Marruecos es la mejor ilustración de cómo las expectativas individuales de una población joven, la conciencia de tener unos derechos y el deseo de participar en el proceso político transforman viejas tradiciones de poder y obligan a los gobernantes a tomar otra dirección.
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