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Estreno mundial de la serie original de Netflix Jinn en 2019 en Amán, Jordania. JUAN NAHARRO GIMENEZ/GETTY IMAGES PARA NETFLIX

Temáticas contemporáneas de las ‘musalsalat’

A pesar de su orientación puramente económica y de las regulaciones editoriales a las que están sometidas, las series árabes constituyen un medio crucial de debate sociopolítico.
Pablo A. Murillo
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El panorama serial televisivo árabe actual es muy diferente al de inicios de siglo. Durante los últimos años, las series dramáticas de television árabe –conocidas en la región como musalsalat– han experimentado sustanciales cambios tecnológicos, de producción y difusión en relación a décadas anteriores, contribuyendo así a un crecimiento y “sofisticación” de la industria. En estos términos, la industria de las musalsalat se encuentra en buena forma: por un lado, cuenta con un considerable volumen de producción derivado de importantes inversiones regionales y extranjeras; y, por otro, muchas de sus series alcanzan recorrido no solo regional sino global.

El reciente desarrollo de la industria televisiva árabe ha repercutido en el contenido de sus series. Este artículo describe las principales temáticas actuales de las musalsalat, y examina cómo estas son moldeadas por intereses comerciales e ideológicos, así como por demandas sociales de los últimos años. Un acercamiento general a los temas de las series árabes nos aleja irremediablemente (aunque no del todo) de las producidas en el Magreb, cuya producción es marginal, de menores recursos y mayoritariamente nacional, según nos cuenta Marwan M. Kraidy (2014). En su lugar, nos sitúa en Oriente Medio, donde la producción de series ha sido y sigue siendo dominante.

 

Breve historia de las ‘musalsalat’

La historia de las series árabes comienza con la llegada de la televisión a inicios de la década de los sesenta. Hasta finales de los años ochenta, la producción de series árabes estará controlada en exclusiva por canales propiedad de gobiernos nacionales (con la excepción de Líbano). Así, diferentes países van a utilizar el formato de las series para educar a su población sobre asuntos relevantes, generalmente de ámbito moral, político e histórico. Egipto dominará esta primera etapa, con narrativas dirigidas a un público nacional y que idealizan la educación y el desarrollo de la nación (Abu-Lughod, 2005).

La aparición de tecnologías satelitales en la década de los noventa supone una transformación de la industria, con la implementación de reformas neoliberales y una mayor privatización (Abu-Lughod, 2005). El panorama televisivo, hasta ahora principalmente nacional, se regionaliza a raíz de la irrupción en el mercado de empresarios del petrodólar saudíes y kuwaitíes, y tanto el control estatal sobre las series como la hegemonía egipcia en la región se desestabilizan. Estos cambios favorecen innovaciones temáticas y estéticas, así como la proliferación de otras industrias, particularmente la siria.

Desde entonces, importantes cambios influencian la producción regional de series. Los canales por satélite y las plataformas digitales se han multiplicado en la región durante la “era de la globalización” e Internet. Aunque la industria egipcia sigue siendo la más prestigiosa y dominante, la última década ofrece un mayor abanico de producciones regionales, muchas de las cuales son financiadas y emitidas globalmente por Netflix. El interés comercial de esta última en la región, así como el incremento de series producidas por países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos o Jordania, son factores fundamentales en el desarrollo actual de la industria y sus temáticas.

 

Principales Temáticas de las Series Árabes Actuales

Hoy en día, la gran mayoría de los países árabes producen o financian series dramáticas –si bien no todos a nivel regional o global– y todos las consumen. Por ello, como señala el historiador Walter Armbrust, es imposible llevar a cabo un análisis de toda la producción de musalsalat. Sin embargo, sí podemos especular sobre los principales temas tratados en las series actuales con mayor impacto regional y global, que pueden clasificarse, a grandes rasgos, en tres corrientes: una primera sobre relaciones interpersonales; una segunda que trata temas sociopolíticos; y una tercera que reinterpreta acontecimientos históricos. Estas tres corrientes se repiten y se combinan a lo largo de la historia de las series, si bien incorporan las inquietudes y realidades sociales y políticas específicas de cada momento.

 

Relaciones Interpersonales

Al igual que las telenovelas latinoamericanas, las musalsalat son conocidas por abordar historias de relaciones interpersonales, aderezadas con dramatismo y una alta carga emocional. Historias de amor y desamor y de familias desestructuradas son algunos de los temas favoritos de creadoras/es de drama televisivo, así como de millones de personas en la región. Recientemente, se han incorporado nuevos asuntos de repercusión social a esta primera corriente temática, especialmente en torno a narrativas sobre mujeres árabes. Mientras, el conflicto de clases, popular durante décadas pasadas, tiende a diluirse y es sustituido por dramas protagonizados por clases medias y medias-altas, en los que los problemas sociales se enfocan desde una perspectiva generacional o de género.

Quizás las series con más repercusión en este contexto son Jinn (2019) y Escuela para señoritas al Rawabi (2021), dos dramas adolescentes producidos en Jordania y originales de Netflix. Ambas siguen las relaciones y conflictos entre compañeras/os de instituto y abordan – en el caso de Jinn desde lo sobrenatural y en el de Escuela desde el punto de vista de chicas de instituto– temas complejos como el acoso, la violencia física y sexual o la salud mental entre menores. Mientras que Jinn obtuvo una mala acogida a nivel nacional y regional, Escuela para señoritas fue valorada tanto por su reparto y dirección femenina, como por su foco en problemáticas de mujeres adolescentes –dos aspectos poco frecuentes en la industria. Sin embargo, ambas series fueron motivo de críticas y controversias, alegando una interpretación occidentalizada de la juventud que no representa valores y tradiciones jordanos. Estas polémicas ponen de manifiesto el reto cultural al que se enfrenta Netflix, y plantean interrogantes sobre la acogida de su estrategia creativa en la región.

 

Temas sociopolíticos

Además de las relaciones interpersonales, las series de los últimos años también abordan asuntos de carácter político y justicia social. La inmigración ilegal, el terrorismo islamista o la emancipación de la mujer en la sociedad árabe son algunos de los temas más recurrentes, que suelen ser abordados desde el drama social, pero también de forma satírica desde la comedia, en ocasiones incluso explorando nuevos horizontes estilísticos como la animación.

 

La propaganda ideológica de Estado es objeto estructural de contenido cultural en los países árabes. Egipto es un caso ejemplar de este fenómeno

 

Inmigración irregular

Las pocas pero interesantes producciones de los últimos años que abordan la inmigración irregular vienen del Magreb, una región con escasísima presencia histórica en el mercado serial árabe. Dramas épicos como las series tunecina Harga (2021) y argelina Babour Ellouh (2022) reflejan uno de los problemas sociales y políticos más urgentes del Norte de África y de sus vecinos europeos. Harga aborda este problema desde la historia de un grupo de tunecinos de diferentes partes del país que cruzan el Mediterráneo con destino a Italia. La palabra harga, literalmente “el acto de quemar”, hace referencia a la quema de documentos que inmigrantes ilegales llevan a cabo para evitar ser deportados por las autoridades europeas. Una propuesta narrativa muy parecida y estrenada prácticamente al mismo tiempo que Harga es Babour Ellouh, la primera serie argelina en ficcionalizar el fenómeno de la inmigración ilegal, una apuesta que casi termina con la suspensión de su emisión en la televisión del país tras las objeciones de las autoridades reguladoras.

 

Extremismo islámico y terrorismo

Otro de los temas sociopolíticos recurrentes en las series de estos últimos años es el extremismo y terrorismo islámicos, utilizado por gobiernos regionales como estrategia para combatir discursos islamistas radicales y promover el “camino correcto del islam.” Un ejemplo es Al Gamaa (La organización) (2010), drama egipcio que ofrece una interpretación discutiblemente distorsionada y decontextualizada de la historia de los Hermanos Musulmanes. También representando esta organización de manera distorsionada nos encontramos Khiyanat Watan’ (La traición de un país) (2016), primer drama político proveniente de Emiratos Árabes Unidos y pionera dentro del Golfo en tratar un tema político y religioso delicado. Interpretaciones similares aparecen en torno a los miembros del grupo Estado Islámico en Al Gharabeeb Soud (Cuervos Negros) (2017). Financiada por el canal saudí MBC y posteriormente estrenada en Netflix, Al Gharabeeb Soud narra las historias de un grupo de mujeres árabes en su proceso de anexión a la organización terrorista. La serie ofrece un retrato estereotípico del grupo terrorista que ridiculiza y deshumaniza a sus miembros. Ninguna de estas series sobre extremismo y terrorismo islámico ofrece un análisis profundo del tema, que es abordado de manera simplista y con fines propagandísticos.

 

Propaganda estatal

La propaganda ideológica de Estado es objeto estructural de contenido cultural en los países árabes. Egipto es un caso ejemplar de este fenómeno. A través de Synergy  –la megaproductora con lazos en el gobierno y la inteligencia militar egipcia–  el gobierno de Abdelfatah al Sisi, en el poder desde 2013,  lleva años articulando un discurso nacionalista que exalta su figura política y la de los cuerpos de seguridad del Estado. Ritmos frenéticos, protagonistas hipermasculinizados y géneros como la acción, son ingredientes comunes en este tipo de seriales. Algunos de los títulos más populares dentro de esta categoría son Al Aedoon (Los retornados) (2022), basado en la historia real de enfrentamientos entre fuerzas de seguridad egipcias y Estado Islámico entre 2018 y 2020; o Al Ikhtiyar (La elección), cuya tercera temporada ofrece una versión adulterada y progubernamental del golpe de Estado de 2013 que derrocó al expresidente democráticamente electo, Mohamed Morsi, predecesor de Al Sisi.

 

Sátira social

La actualidad social y política del mundo árabe se ve reflejada no solo en series de géneros dramáticos, sino también desde la sátira. Arabia Saudí es uno de los países con una producción actual de sátiras sociales más interesante. Según Marlin Dick (2005), la industria saudí (y la de otros países del Golfo) suele promover contenido televisivo conservador tanto a nivel social como político. Sin embargo, hay creadores y directores que apuestan por propuestas provocadoras, muchos de ellos a través de la sátira social. Una figura fundamental en el uso de la comedia satírica para abordar temas incómodos es la de Nasser al Qasabi. Estrella indiscutible de la televisión saudí, este cómico ha creado y protagonizado algunas de las más conocidas sátiras sociales de los últimos años, como Selfie (2015) y Makhraj 7 (Salida 7) (2020). Estas series ofrecen parodias sociales de temas de la vida cotidiana en el reino. Selfie, por ejemplo, es conocida por caricaturizar a Estado Islámico, así como por parodiar divisiones sectarias entre suníes y chiíes y el extremismo religioso. En uno de los episodios más comentados de «Salida 7», la serie defiende, a través de uno de sus personajes, uno de los temas más invisibles y prohibidos en la sociedad saudí, y en el mundo árabe en general, como es la sexualidad entre personas del mismo sexo.

Pero si hay una serie satírica actual que ofrece una parodia transgresora de las costumbres saudíes, esta es Masameer. Creada en 2013 por el estudio Myrkott, esta popular serie de animación –recientemente comprada por Netflix– refleja las tensiones culturales de la sociedad saudí a través de las aventuras y desventuras de sus tres personajes principales, Saad, Saltooh –dos saudíes corrientes– y Trad – un perro que habla. Según Sean Foley (2021), la serie articula un marco de discusión de temas conflictivos que puede ser presentado como “apolítico”, ya que no cuestiona líderes nacionales ni señala a responsables de problemas sociales tratados. De este modo, la serie logra parodiar el conservadurismo cultural del reino y tratar temas como la homosexualidad o el rol de la mujer dentro de un marco discursivo aprobado comercial e institucionalmente.

 

Cuestiones de género

Uno de los aspectos más interesantes de las series árabes de los últimos años es la incorporación de historias de mujeres. La cada vez más frecuente presencia de mujeres árabes en papeles protagonistas –e incluso en roles de dirección y producción– supone un innegable avance tanto sociocultural como de una industria controlada por una oligarquía de corte conservador. Sin embargo, en ocasiones, esta visibilidad de género responde no tanto a una voluntad política sino a intereses comerciales o a intentos de algunos Estados de mostrar una imagen “moderna” de sí mismos. Cuestiones pertinentes para las mujeres árabes como la desigualdad y la opresión de género en el ámbito social, religioso, laboral o doméstico rara vez son abordadas. Por el contrario, historias de mujeres en algunas series son tratadas de forma superficial, y sus personajes hipersexualizadas, dependientes y sumisas –lo que resulta en una doble objetificación de la mujer árabe, por un lado cumpliendo los deseos de la “mirada masculina” y, por otro, blanqueando (o tratando de blanquear) sociedades patriarcales.

Ciertamente, hay excepciones a este uso comercial e ideológico del cuerpo e historias de las mujeres árabes. En esta línea encontramos En busca de Ola y Betloo el Rooh (traducido del inglés como «Alma dejando el cuerpo») (2022). En busca de Ola es un drama romántico que visibiliza asuntos pertinentes de mujeres profesionales de edad media, desde su posición en el mundo laboral, a la responsabilidad como madres o la búsqueda del amor. Betloo el Rooh es un drama social dirigido por la egipcia Kamla Abu Zekry sobre el intento de una mujer de escapar de Estado Islámico en Raqqa tras haber sido tentada por su marido a unirse al grupo. La serie ha sido criticada por reproducir arquetipos asociados con el grupo; sin embargo, al igual que En busca de Ola, también propone una narrativa de emancipación de la mujer árabe. De esta misma directora es la reciente Faten Amal Harby (2022), un drama social sobre los derechos de las mujeres en Egipto. La serie cuenta las dificultades de Faten, una mujer de clase media-baja en su lucha por divorciarse y acabar con una relación abusiva y por conseguir la custodia de sus hijas. Además de abordar la violencia doméstica y la lucha por la independencia de la mujer, esta serie también expone los defectos de leyes de familia en Egipto, así como la falta de amparo institucional de las mujeres.

 

La creciente visibilidad de las mujeres en las series responde sobre todo a intereses comerciales o a intentos de algunos Estados de mostrar una imagen ‘moderna’ de sí mismos

Historia

Tras una corriente en las últimas décadas de épicas sobre héroes del Imperio Islámico reflejadas en superproducciones como Omar (2012), el drama histórico retoma narrativas de resistencia contra poderes imperiales. Es el caso de Mamalik al Nar (Reinos de fuego) (2019), una espectacular superproducción emiratí que muestra la tiranía del Imperio Otomano sobre el pueblo árabe. La serie es un claro ejercicio de propaganda de Estado que trata de desmitificar el legado histórico del Imperio Otomano.

Lejos de cumplir con convenciones suntuosas o intereses políticos, otros dramas históricos recuperan expresiones culturales sumergidas como Al Nouba (2019), una producción tunecina inspirada en la música tradicional mezoued y que trata sobre amor y venganza en el Túnez de los años noventa. Por último, también cabe destacar series históricas sobre conflictos actuales, como es el caso de Suspension (2022), que retrata el sufrimiento de la población de Siria tras el regreso a sus ciudades en ruinas por la guerra. Suspension es la primera serie siria emitida por un canal saudí desde que los Estados árabes del Golfo las vetaran tras el estallido de la guerra civil en 2011. Ya sea por sus espectaculares producciones, sus posibilidades críticas y propagandísticas, o por su representación de subculturas y conflictos actuales, el drama histórico continúa siendo uno de los géneros televisivos más populares dentro de la industria de las musalsalat.

 

Conclusión

Los temas de las series árabes examinados en este artículo vienen condicionados por decisiones de una industria televisiva regulada y financiada por agentes políticos nacionales, magnates mediáticos regionales y/o plataformas occidentales a nivel global. Aunque presionadas por tendencias culturales y movimientos sociales recientes, son estos poderes políticos y económicos conservadores y neoliberales los que, en última instancia, deciden qué realidades son reflejadas en televisión. Esta situación contribuye a la comodificación de las series, un proceso iniciado en los años noventa y potenciado a través de avances tecnológicos que se asemeja a las políticas de otras industrias internacionales.

A pesar de su orientación puramente económica y de las regulaciones editoriales a las que están sometidas, las series árabes siguen constituyendo un medio crucial de debate sociopolítico. Así, temas urgentes y no siempre fáciles de tratar como son los derechos y opresiones de la mujer o la sexualidad logran permear la sociedad árabe mediante un formato cultural de enorme popularidad y apariencia banal como es el de las musalsalat./