La Administración estadounidense ha dado un nuevo giro en su política hacia Rusia. Tras alcanzar un acuerdo con Vladímir Putin para aumentar el suministro de diésel a Estados Unidos y al mercado mundial, Donald Trump decidió el 16 de octubre suspender la aplicación de un nuevo paquete de sanciones contra Moscú, aprobado por el Congreso en septiembre y alegando razones de “interés nacional”.
El efecto sobre los precios podría ser mínimo, pero las consecuencias para la guerra, mucho mayores. El pacto favorece a Putin, llega acompañado de presiones para que Kiev deje de atacar las refinerías rusas y traslada a Europa la factura de sostener a Ucrania. Está en juego quién respalda a Kiev cuando su principal aliado vuelve a acercarse a Moscú.
Según Trump, Rusia entregará de inmediato más de 300.000 toneladas de diésel, otras 500.000 en noviembre, un millón a continuación y tres millones más “en poco tiempo”. El Kremlin no repitió esas cifras: se limitó a reiterar su disposición a suministrar crudo y derivados. No está claro quién paga, cuándo llegará el combustible ni qué recibe Moscú a cambio.
Una licencia del Tesoro exime ahora de sanciones al diésel ruso hasta abril de 2027. La medida llega apenas un mes después de que Trump firmara una ley que le permite imponer aranceles de hasta el 100% a los cinco mayores compradores de petróleo o gas rusos.
El galón de diésel ronda los 6,3 dólares, un 70% más que antes de la guerra con Irán, tras rozar los…



