La palabra “paz” volvía a circular en los despachos europeos en este arranque del convulso 2026. Tras casi cuatro años de guerra, Ucrania ha entrado en una fase de diplomacia acelerada, sin que se vislumbre un horizonte claro de salida. Pero el tablero se ha ensanchado y, a esa carrera, se suma ahora otra: la necesidad de contener el choque transatlántico abierto por Donald Trump en Groenlandia y su amenaza de una escalada arancelaria.
En Ucrania, Trump ha afirmado que Vladímir Putin “está listo para hacer un trato”, sugiriendo que el obstáculo real es la parte ucraniana. Para Kiev, sin embargo, cualquier salida que implique cesiones territoriales choca con la Constitución y tendría un enorme coste político interno. Volodímir Zelenski ha reconocido que un plan está “listo al 90%”, aunque ha advertido de inmediato que ese 10% restante “contiene lo esencial”.
En paralelo, la Comisión Europea ha desglosado los detalles de un paquete de préstamos de 90.000 millones de euros para sostener la economía ucraniana durante los próximos dos años, el mayor compromiso financiero de la UE desde el inicio de la guerra. El plan busca evitar un colapso, mantener el gasto público y reforzar el esfuerzo defensivo, priorizando las…

Ucrania y Groenlandia: La brecha transatlántica se amplía