Los problemas de la UE no empezaron con la crisis. El desencanto actual entre los europeos y con la Unión, en gran parte del mundo, tiene su origen en las guerras de los Balcanes y la imposibilidad de crear una identidad y unos objetivos para el proyecto común.
Las grandes esperanzas de Europa se están evaporando, veinte años después de la caída del muro de Berlín, la revolución pacífica en Europa del Este y la reunificación del continente tras una división de dos siglos. Ni siquiera la ratificación y aplicación del Tratado de Lisboa ha logrado que el viento sople a favor. Por el contrario, Europa parece atascada en los problemas internos a los que se enfrentan todos y cada uno de sus miembros.
El final del verano trajo grandes manifestaciones contra los gobiernos de varios países europeos. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, está en un aprieto a causa de la expulsión de comunidades gitanas asentadas en Francia. También atraviesa un mal momento el gobierno alemán conservador-liberal dirigido por Angela Merkel. El libro de Thilo Sarrazin, miembro del Banco Federal, ha levantado protestas airadas en el debate sobre los riesgos de la inmigración musulmana y el carácter cambiante de Alemania.

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