No existe lugar más idóneo que España para hablar de la
asociación transatlántica. Como miembro de la OTAN
y de la Unión Europea (UE), España ha encauzado su futuro en la vibrante corriente
principal de Europa y en la comunidad transatlántica de
democracias. El espíritu de renovación tan evidente aquí en
Madrid es un homenaje al rey Juan Carlos I,
al liderazgo democrático de España y a la determinación del
pueblo español.
Durante medio siglo, la asociación transatlántica entre Estados Unidos
y Europa ha sido una fuerza impulsora de paz y prosperidad,
no sólo en nuestros países sino en todo el mundo. Juntos, el
Viejo y el Nuevo Mundo han creado otro mejor.
Unidos, hemos ayudado a transformar antiguos adversarios en
aliados y dictaduras en democracias. Construimos las
instituciones que han asegurado nuestra seguridad y nuestra
fortaleza económica –siendo las más importantes la OTAN
y la UE–.Hemos creado las grandes instituciones de cooperación mundial -la ONU
(Naciones Unidas), el FMI (Fondo Monetario Internacional), el Banco Mundial, la OCDE
(Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico),
el GATT y ahora la OMC (Organización Mundial de Comercio)–. Al mantenernos firmes
a lo largo de la guerra fría, hemos puesto a nuestro alcance
una Europa democrática y sin división.
Estos son logros verdaderamente épicos. Pero, en el umbral del
nuevo siglo, hay otro mundo que configurar, con retos no
menos críticos que a los que se enfrentaron nuestros
homólogos hace medio siglo.
Amenazan nuestra sociedad el terrorismo, la delincuencia
internacional, los nacionalismos agresivos y la proliferación
de armas de destrucción masiva. Problemas mundiales como la
degradación medioambiental, el crecimiento demográfico
insostenible y los movimientos masivos de refugiados,
socavan las democracias emergentes y la prosperidad de todas
las naciones. La nueva economía mundial ofrece grandes
perspectivas de crecimiento, pero también conlleva una…
