En contra de la opinión generalizada, la Unión Europea está gestionando su crisis institucional con acierto, dando un paso más hacia su gobernabilidad económica y como una organización fiable.
Los españoles andamos últimamente tristes, destemplados, depresivos y estamos consumiendo hectólitros de tila y toneladas de aspirinas. Políticos y medios de comunicación han colocado un gran retablo ante nuestros ojos en el que vienen diseñados nuestros males. Lo entendemos a medias, porque la confusión en la obra es máxima y las explicaciones pedagógicas mínimas. Nos preguntamos: ¿Cómo llegamos a esto, sin enterarnos?
La composición del retablo que describe nuestros males muestra una catastrófica crisis internacional, que en España repercute y se concreta en una economía desajustada con el mayor nivel de paro en Europa, un fuerte déficit presupuestario, una elevada deuda española castigada con una alta prima de riesgo en límites históricos, una fuerte debilidad de la confianza de inversores y empresarios, el crecimiento, en niveles mínimos, el consumo en baja, así como un duro programa de ajustes. Se retrasó en su día incomprensiblemente el anuncio de que se aproximaba la “tormenta perfecta” que nos ha dejado temblando. Los vigías no hicieron sonar las alarmas hasta que retumbó el primer trueno. Nos preguntamos ¿por qué?

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