Ayuda humanitaria para un nuevo mundo

POLÍTICA EXTERIOR
 |  23 de mayo de 2016

Desde el final de la Segunda Guerra mundial, no se vivía a nivel global una situación humanitaria de la gravedad de la actual. Tal como advirtieron en octubre de 2015 el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y el presidente del Comité Internacional de Cruz Roja, Peter Maurer, más de 125 millones de personas necesitan urgentemente ayuda y protección. Entre las causas se encuentran conflictos en los que están implicados numerosos actores internacionales y, a pesar de eso, la comunidad internacional no ha tenido la capacidad –o puede que la voluntad– de abordarlos correctamente. Con el objetivo de corregir el curso de la situación, Ban quiere desarrollar una Agenda por la Humanidad que reúna las principales acciones que deben emprenderse. La Cumbre Humanitaria Mundial, entre el 23 y 24 de mayo en Estambul, será el punto de partida y la primera reunión internacional cuyo objetivo es la revisión de los parámetros que guían la asistencia internacional.

 

 

El fracaso de la ayuda humanitaria se ha convertido en algo estructural. No existen mecanismos permanentes para actuar de forma inmediata tras un desastre, las ayudas suelen ser escasas y, al actuar sin coordinación, su efectividad se ve reducida. Tampoco hay asistencia a largo plazo y la falta de orientación hacia las causas de los conflictos alarga la necesidad de ayuda, haciéndola más costosa e ineficaz.

Para corregirlo, además de nuevas acciones específicas, la Cumbre Humanitaria Mundial se propone desarrollar un nuevo enfoque global que cambie la manera de entender la ayuda humanitaria, actuando ante crisis prolongadas, con el respeto al Derecho Internacional, la inclusión de la mujer, la dignidad de la población forzosamente desplazada, al tiempo que se reafirma la universalidad de los principios humanitarios.

La Agenda por la Humanidad define las cinco áreas o responsabilidades principales, así como los cambios estratégicos en los que debe centrarse la nueva acción humanitaria. El primer objetivo, prevenir y finalizar conflictos, es tan incuestionable como complicado, y enlaza con la segunda responsabilidad, respetar el derecho de la guerra para evitar que los civiles sigan siendo las principales víctimas. No dejar atrás a nadie, sin importa raza, religión o nacionalidad, es igualmente esencial. Trabajar de forma diferente, haciendo énfasis en la prevención, puede ayudar a reducir los riesgos y la vulnerabilidad. Por último, es preciso invertir en humanidad, por lo que se plantea la diversificación de la financiación a través de nuevos métodos para asegurar la efectividad.

Después de tres años de consultas regionales y temáticas, organizadas por la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA, en inglés), en las que se ha dado voz a todas las partes interesadas, Estambul acogerá tanto a líderes mundiales, como a personas o comunidades afectadas por conflictos o catástrofes, organizaciones civiles, agencias de la ONU e incluso ejércitos y empresas. La amplia participación muestra la voluntad de que la ayuda humanitaria incluya tanto al sector público como al privado.

La sede de la cumbre es uno de los países más afectados por las oleadas migratorias de los últimos años, y cuyas acciones al respecto son fuertemente cuestionadas. Este hecho puede servir para demostrar la urgencia de una nueva acción colectiva. Se trata de que la cooperación internacional vuelva a actuar bajo unos principios universales de humanidad y respeto de los derechos humanos. En todo caso, al margen de los resultados de la cumbre, su celebración por primera vez en la historia de la ONU muestra una nueva determinación, y lo que puede ser un cambio de rumbo por parte de la organización.

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