El presidente de República Dominicana, Danilo Medina, durante un discurso ante el Congreso en febrero de 2018/GETTY

¿Colapso del sistema de partidos en República Dominicana?

Vladimir Rozón García
 |  9 de julio de 2019

Como si se tratase de la crónica de una muerte anunciada, el sistema de partidos de República Dominicana desfallece ante la fragmentación y las constantes divisiones en las tres principales organizaciones políticas de la nación: el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

En 2006, el PRSC vivió su escisión más devastadora de las últimas décadas cuando más de la mitad de sus dirigentes y simpatizantes retiraron su apoyo a la organización y la endosaron al PLD. Además, una facción dirigente se alió al PRD y uno de los líderes remanentes abandonó el partido y fundó uno nuevo, el Partido Reformista Popular (PRP). En 2007, esta historia se repitió cuando Eduardo Estrella, después de haber perdido la candidatura presidencial frente a Amable Aristy Castro, decidió abandonar el partido y fundar uno nuevo, el Partido Dominicanos por el Cambio (DxC).

Actualmente, el PRSC, aún reducido a su mínima expresión electoralmente hablando (alcanzó poco más del 5% de los votos en las últimas elecciones), mantiene una pugna entre el presidente del partido Quique Antún y otro de los líderes de la organización, Víctor Bisonó; pugna que no permite al partido cohesionarse incluso estando conformado por unos pocos.

 

Partido Revolucionario Dominicano

En el caso del PRD, de sus múltiples divisiones destaca la ocurrida en 2004, una de las más graves de las últimas décadas para esta organización. Se produjo tras el restablecimiento de la reelección presidencial por parte del entonces presidente Hipólito Mejía. Esto representó una renuncia a los principios que enarbolaba el partido en contra de la reelección, lo cual, sumado a la imposición de la candidatura de Mejía, generó luchas viscerales e interminables que llevaron al fraccionamiento significativo del partido.

No obstante, la escisión más catastrófica se produjo en 2012, cuando ante la unión de los grupos de los dirigentes de Hipólito Mejía y Luis Abinader (hijo) (candidatura de presidente y vicepresidente para las elecciones de ese año), el entonces responsable del partido Miguel Vargas Maldonado decidió firmar un pacto con el PLD “por un gobierno compartido” antes de los comicios, desplazando así a muchos perredeistas de sus cargos electivos a cambio de puestos en el tren gubernamental.

Esto agudizó el conflicto interno, dando lugar a la ruptura definitiva del Partido Revolucionario Dominicano (como el PRSC, alcanzó poco más del 5% de los votos en las últimas elecciones) y al surgimiento en el año 2014 del Partido Revolucionario Mayoritario (PRM) posteriormente renombrado como Partido Revolucionario Moderno. Estas nuevas siglas aglutinó a la mayor parte de la militancia y de los grupos dirigentes; convirtiéndose así en la principal fuerza política opositora tras las elecciones de 2016.

 

Partido de la Liberación Dominicana

La ruptura del PLD fue diferente a las mencionadas anteriormente en República Dominicana, ya que se mientras el partido estaba en el Gobierno, donde se encontraba de forma ininterrumpida desde hacía 16 años. Exceptuando esto, al igual que en el PRSC y el PRD, la fragmentación viene tras la conformación de grupos y pugnas dentro de la organización. La corriente interna del presidente del partido y expresidente de la República Leonel Fernández se encuentra inmersa en una batalla frontal contra la corriente del presidente de la República, Danilo Medina, debido a que, mientras el grupo de Fernández se erige como defensor de la Constitución (la cual prohíbe expresamente al presidente Medina reelegirse en las elecciones de 2020 y no poder aspirar nunca más), el grupo del gobernante promueve abiertamente la reelección.

Ahora bien, estando impedido constitucionalmente el presidente Medina, sus acólitos buscan la aprobación de una reforma constitucional en el Congreso con el fin de habilitarlo para una nueva postulación en 2020. Sin embargo, la iniciativa se encuentra de frente con la negativa tanto de los senadores y diputados del grupo de Fernández, como de los senadores y diputados del PRM. En ese escenario, los legisladores del grupo de Medina junto los de los partidos aliados no poseen los votos suficientes para la aprobación de la reforma constitucional en cuestión.

Esta situación ha provocado, por un lado, una crisis en el Congreso Nacional, pues según afirma el líder de la oposición Luis Abinader (hijo), la corriente de Medina “se encuentra comprando votos en el Parlamento”, para conseguir los apoyos necesarios para impulsar la reforma, a pesar de que aproximadamente un 70% de la población se opone, según las encuestas. Por otro lado, ha contribuido a agudizar la lucha interna en el PLD, llegando a expresar el grupo de Fernández que, de producirse la reforma para la reelección de Medina, se irían con todos sus legisladores (unos 40) y su militancia a otro partido. Lo único que evitaría esto sería mantener igual la Constitución y alcanzar un acuerdo entre ambos grupos.

A pesar de esto, la reforma parece ser un hecho y la consecuente ruptura del PLD también. Al tiempo que los dirigentes del grupo de Medina aseguran tener los votos para sacar adelante la modificación, los intentos de negociación no han sido exitosos, especialmente como consecuencia de la crisis de confianza que reina entre ambas partes. Esta crisis alcanzó su punto más álgido cuando la corriente de Medina, a pesar de haber firmado un pacto en 2015 por el que se le permitía ser reelegido 2016 pero no 2020, inició los mecanismos para que el mandatario optara por una nueva reforma constitucional y un tercer período de Gobierno consecutivo. Esto representó una potencial vulneración al referido acuerdo y una intención directa de reforma a la Carta Magna.

A raíz de todo esto, el bloqueo actual para una negociación entre ambas corrientes peledeistas recae concretamente en la mencionada crisis de confianza que vive la organización. Esto es así, pues mientras el grupo de Fernández plantea la posibilidad de una habilitación futura para Medina que le permita postularse a partir del 2024, el grupo de Medina propone la habilitación ahora, pero sin reelección. La realidad es que ningún grupo confía en que el otro hará lo que propone y he ahí el escollo.

También es preciso destacar que, la principal fuerza opositora, el PRM, también es objeto de pugnas internas importantes. El grupo del expresidente Hipólito Mejía se encuentra en una contienda por la carrera presidencial contra el grupo de Abinader (hijo). Aunque hasta el momento han logrado que los disgustos no salgan de casa, muchos advierten de que la organización no sobrevivirá a la referida disputa por la candidatura presidencial ya que ambos aspirantes han sectorizado el partido y los dos no pueden ganar.

 

Tres escenarios posibles

En cualquier caso, aunque estas pugnas, especialmente las del PLD, han mantenido en vilo a los ciudadanos de República Dominicana desde finales del año pasado, la realidad es que no se extenderán hasta el día de las elecciones, puesto que, la nación ya cuenta con un nuevo marco jurídico sobre los partidos y el régimen electoral que contempla plazos que obligan al PLD, al PRM y a todas las fuerzas políticas a tomar una decisión a este respecto antes del 22 de agosto.

Antes de esa fecha pueden darse tres escenarios distintos. El primero, la imposición de la reelección de Medina y la ruptura del PLD, creándose un colapso del sistema de partidos dominicano, pues todas sus fuerzas políticas estarían divididas; El segundo, la negociación entre los grupos de Fernández y Medina y la consolidación del PLD, manteniéndose esta organización como buque insignia del sistema de partidos; y el tercera, la división o unión del PRM, que, de ser lo segundo, consolidaría el partido y lo acercaría más al Poder Ejecutivo.

En resumen, mientras los dos únicos partidos realmente mayoritarios que sostienen el sistema, PLD y PRM, son víctimas de luchas internas y enfrentamientos por las candidaturas presidenciales, la democracia se ve amenazada también por una politización de la justicia, amenazas de reforma constitucional solo para la reelección presidencial, militarización del Congreso e intentos de juicios políticos a los propios jueces.

Así, la República Dominicana se encuentra real y efectivamente a las puertas de un colapso de su sistema de partidos y, ante una notable crisis de la democracia. Solo el consenso y la madurez política se establecen como vías para evitar ambos decesos. Falta ver si los líderes de la nación lograrán utilizar dichas vías y sortear la catástrofe democrática que a día de hoy define el panorama político-electoral dominicano.

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