La alta representante de Política Exterior de la Unión Europea, Kaja Kallas (i), y el primer ministro de Albania, Edi Rama (d), ofrecen una rueda de prensa conjunta en Tirana (Albania), el 8 de abril de 2025. GETTY

Cómo entrar en la UE en tres sencillos pasos

Montenegro y Albania lideran el proceso de ampliación de la Unión Europea en los Balcanes occidentales, pero no pueden limitarse a esperar decisiones desde Bruselas. Si quieren cumplir su objetivo de adhesión en 2030, deberán convencer a los socios europeos de que su incorporación reforzará la seguridad, la competitividad y la resiliencia de la UE.
Dimitar Bechev e Iliriana Gjoni
 |  15 de mayo de 2026

La ampliación de la Unión Europea avanza con más rapidez de la que suele percibirse desde fuera. Montenegro y Albania se han consolidado como los principales candidatos de los Balcanes occidentales y ambos mantienen la ambición de incorporarse a la UE antes de 2030. Bruselas se acerca ya al cierre de varios capítulos de negociación con Podgorica, mientras que Tirana espera un informe favorable de la Comisión Europea sobre sus reformas del Estado de derecho que permita entrar en la fase final del proceso de adhesión.

Sin embargo, el principal desafío podría no estar en los Balcanes, sino dentro de la propia Unión. A medida que la ampliación deje de ser una hipótesis lejana y se convierta en una posibilidad concreta, es previsible que aumente la resistencia política en varios Estados miembros. Las derechas populistas europeas podrían utilizar el debate para reactivar discursos centrados en la inmigración, la seguridad y el coste económico de incorporar nuevos socios. Albania aparece especialmente expuesta a ese riesgo por su imagen asociada a la corrupción y al crimen organizado, aunque Montenegro tampoco está completamente a salvo de ese tipo de reticencias.

Por eso, los argumentos puramente geopolíticos –evitar que Rusia o China aumenten su influencia en la región– probablemente resulten insuficientes. Los candidatos balcánicos necesitan construir un relato distinto: demostrar que su adhesión fortalecería materialmente la seguridad, la competitividad y la resiliencia europeas. En otras palabras, presentarse como un activo para la Unión y no como una carga adicional.

El primer ámbito donde los Balcanes occidentales pueden reforzar ese argumento es la defensa. Albania, Montenegro y Macedonia del Norte ya forman parte de la OTAN y participan activamente en despliegues aliados, ejercicios conjuntos y misiones internacionales en Kosovo, Bosnia o el flanco oriental europeo. Aunque sus capacidades militares siguen siendo limitadas, estos países podrían integrarse progresivamente en el actual proceso de rearme y modernización militar impulsado por la UE.

Los tres miembros balcánicos de la OTAN se han comprometido además a aumentar su gasto militar hasta el 3,5% del PIB durante la próxima década. La región conserva también capacidades industriales relevantes, especialmente en sectores vinculados a la producción de armamento y munición. Bosnia y Serbia, por ejemplo, han suministrado proyectiles de artillería a Ucrania desde el inicio de la guerra. Al mismo tiempo, la posición geográfica de los Balcanes refuerza su importancia estratégica para Europa, particularmente como corredor logístico entre el Adriático y el mar Negro.

La transición energética constituye otro de los argumentos potencialmente más sólidos a favor de la ampliación. Albania produce prácticamente toda su electricidad a partir de fuentes renovables, principalmente hidroeléctricas. Montenegro presenta igualmente un sistema energético relativamente descarbonizado y es, además, el único país candidato que ya opera un mercado nacional de emisiones alineado con la normativa europea.

El conjunto de la región está acelerando asimismo sus inversiones en renovables. Serbia incrementó de forma significativa su capacidad energética verde entre 2024 y 2025, acercándose ya a niveles equivalentes a los de su producción basada en carbón. Más allá del impacto climático, esa transformación energética podría convertirse en un factor de atracción económica para sectores industriales intensivos en consumo eléctrico, desde la industria tecnológica hasta los centros de datos vinculados al desarrollo de inteligencia artificial.

Precisamente ahí emerge otra dimensión estratégica de la integración balcánica: la competitividad económica europea. Los menores costes laborales y de suelo, combinados con una progresiva adaptación regulatoria a las normas comunitarias, podrían convertir a la región en un espacio complementario para actividades industriales y digitales que la UE necesita reforzar frente a la competencia global.

Pero para aprovechar plenamente esas oportunidades, los gobiernos balcánicos necesitan acelerar reformas internas largamente pendientes. La fragmentación de mercados, la captura política de instituciones, la debilidad financiera y la fuga de capital humano continúan siendo obstáculos estructurales para atraer inversiones estratégicas a gran escala.

Aun así, el contexto europeo actual juega parcialmente a su favor. Desde la publicación del informe Draghi en 2024, Bruselas ha situado la competitividad económica y la resiliencia industrial en el centro de sus prioridades estratégicas. Cuanto más claramente consigan vincular Montenegro y Albania su adhesión a esos objetivos, más difícil resultará justificar nuevos retrasos en el proceso de ampliación.

Existe incluso un escenario relativamente favorable en el que ambos países puedan avanzar junto a Islandia, cuya incorporación genera pocas resistencias políticas dentro de la UE. Pero también corren el riesgo de quedar atrapados en el debate mucho más complejo sobre Ucrania y Moldavia, cuya dimensión geopolítica domina actualmente la discusión europea sobre ampliación.

Por eso, Montenegro y Albania no pueden limitarse a esperar decisiones desde Bruselas. Si realmente aspiran a incorporarse a la Unión antes de 2030, necesitarán convencer no solo a las instituciones europeas, sino también a las principales capitales del continente, de que su adhesión contribuiría a reforzar la seguridad, la cohesión y la capacidad económica de Europa.

Artículo traducido del inglés. Publicado originalmente en Carnegie Europe.

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