Seguidores de Mario Abdo Benítez, alias ‘Marito’, durante el mitin de cierre de campaña en Asunción, el 19 de abril. GETTY

Elecciones en Paraguay: balance de campaña

MARCOS PÉREZ TALIA
 |  20 de abril de 2018

El 22 de abril los paraguayos elegirán a su séptimo presidente constitucional desde la caída de la dictadura militar más longeva de Suramérica, la del general Stroessner (1954-89). Existen en total diez candidaturas presidenciales, aunque solo dos con posibilidades de éxito: la del oficialista Mario Abdo Benítez y la del opositor Efraín Alegre, esta en el marco de una alianza entre el partido liberal y la izquierda. Ambas candidaturas han acaparado prácticamente toda la atención de la ciudadanía y de los medios en estos casi cuatro meses de campaña.

 

Posprimarias y consolidación de candidaturas

En las primarias del partido colorado, el senador disidente Abdo Benítez derrotó por ocho puntos al candidato del presidente Horacio Cartes, Santiago Peña, su exministro de hacienda anteriormente en las filas del partido liberal. Abdo Benítez supo capitalizar el descontento del coloradismo hacia Cartes, que gobernó con un gabinete mayormente técnico, dejando relegada a la dirigencia colorada tradicional de los altos cargos gubernamentales. Durante la campaña, Abdo Benítez defendió la tradición colorada y prometió “coloradizar” el gabinete en caso de ganar la presidencia.

La campaña colorada estuvo muy polarizada, y los discursos provenientes de ambas candidaturas fuertemente agresivos. Pero tras el triunfo de Abdo Benítez, este priorizó la unidad partidaria e impulsó personalmente el acercamiento a Cartes con el fin de reducir los niveles de intensidad y emprender el famoso “abrazo republicano”, todo un ritual dentro del coloradismo. De las críticas furibundas durante la campaña de las primarias pasó al halago y lealtad hacia Cartes, lo cual le asegura en principio el voto duro del partido colorado, al tiempo que le genera críticas en sectores independientes, quienes venían en Abdo Benítez un líder capaz de reducir el inmenso poder económico y político de Cartes.

En las filas de la oposición, la consolidación de las múltiples facciones que integran la alianza opositora Ganar llevó algo más de tiempo. Si bien Efraín Alegre ganó con holgura a Carlos Mateo Balmelli, su rival en las primarias del partido liberal, el líder de dicha facción, el senador Blas Llano, mantuvo a lo largo de los años una profunda rivalidad con Alegre. Como forma de restañar ciertas heridas, Alegre designó como jefe de campaña de la alianza a Balmelli, aunque Llano no participa en ningún acto político.

La izquierda paraguaya también se encuentra dividida en dos importantes grupos: el liderado por el expresidente Fernando Lugo, una izquierda de perfil más rural; y el liderado por el intendente de Asunción, Mario Ferreiro, una izquierda más moderada y urbana. Si bien hasta hace un tiempo parecían irreconciliables, sobre todo porque ambos se disputan el liderazgo de la izquierda paraguaya, durante la campaña de la alianza Lugo y Ferreiro se han mostrado juntos en la búsqueda de capitalizar votos hacia la oposición.

La izquierda y los liberales tienen deudas pendientes del pasado. La izquierda tiene el recuerdo de la destitución de Lugo por la vía del juicio político con votos de su aliado liberal. Y los liberales el pacto entre Cartes y Lugo para introducir la reelección presidencial con serios vicios constitucionales. Como fuere, han decidido hacer “borrón y cuenta nueva” con la esperanza de que sus electorados entiendan de que solo unidos tienen opoerunidades reales de derrotar al poderoso partido colorado.

 

Encuestas

Las consultoras que realizan encuestas electorales prevén dos tipos de resultados: la mayoría de ellas otorgan el triunfo, por un amplio margen, al candidato colorado, y solo una de ellas da el triunfo a la oposición, por un margen muy pequeño.

La novedad es que vaticinan unas elecciones con un importante porcentaje de voto cruzado entre presidencia y Parlamento, lo cual asegura que ningún presidente tendría mayoría parlamentaria propia. En el Senado, la concertación Frente Guazú, liderada por el expresidente Lugo, disputa de igual a igual a los partidos tradicionales. Como consecuencia, existe un llamado de última hora de los principales líderes colorados para que voten por su partido “de punta a punta”, caso contrario se estaría “traicionando a los altos intereses del coloradismo”.

 

Debate

El 15 de abril se llevó a cabo el único debate presidencial de toda la campaña. Esto fue así porque Mario Abdo solo aceptó participar bajo tres condiciones: que sea un único debate, que los organizadores entreguen previamente las preguntas a ser formuladas, y que no haya careo, o repreguntas, entre ambos candidatos. El candidato de la oposición decidió aceptar esa modalidad porque, a la postre, sería el único momento de la campaña en que se enfrentaría públicamente a su contendiente.

Durante las dos horas que estuvieron frente a las cámaras, Alegre se mostró mucho más seguro que Abdo Benítez. Su discurso fue más frontal y directo, atacando incluso al candidato colorado en varios momentos. Abdo Benítez prefirió no responder a los ataques y enunció, aunque vagamente, sus principales propuestas de gobierno. La sensación fue que Alegre salió victorioso del debate, lo cual le podría eventualmente posicionar mejor ante el electorado independiente, y sobre todo entre los indecisos.

 

Posibles escenarios futuros

El triunfo de Abdo Benítez garantizaría la continuidad del modelo conservador del partido colorado: estabilidad macroeconómica, bajos impuestos –sobre todo para los agroexportadores– y endeudamiento externo con bonos soberanos para financiar el déficit en infraestructura. Entre sus propuestas no se vislumbran cambios sustanciales para los próximos cinco años.

En caso de triunfo de la oposición, habrían importantes cambios en la política energética del país y en lo concerniente a la política tributaria. Una de las promesas más “ruidosas” de Alegre fue reducir drásticamente el costo de luz y anular el acuerdo entre Cartes y el presidente argentino, Mauricio Macri, sobre la represa Yacyreta. Por tanto, la relación con los vecinos, a partir de la copropiedad de las represas de Itaipú con Brasil y Yacyreta con Argentina, también está en juego en estas elecciones.

Un hecho no menor es que todos los actores políticos coinciden en que hay que reformar la Constitución Nacional, vigente desde 1992, durante el próximo año. Dependiendo del triunfo de una u otra candidatura, veremos si los cambios serán más sustanciales o más superficiales.

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