Esta semana en Informe Semanal de Política Exterior: EE UU

 |  17 de octubre de 2011

El precio de la desigualdad: Obama gira a la izquierda.

Lo que empezó como una manifestación de activistas radicales en las inmediaciones de Wall Street, se ha convertido en un motivo de discordia política en Estados Unidos. A las decenas de manifestantes que empezaron la protesta hace tres semanas en Zuccotti Park, se han sumado miles de personas en varias ciudades del país.

Si quienes protestan contra la desigualdad en el ingreso y la “avaricia corporativa” logran organizarse y articular una plataforma política, bien podrían influir sobre la marcha de la campaña electoral de 2012, quizá tanto o más que el Tea Party. Eric Cantor, líder de la mayoría republicana de la Cámara Baja del Congreso, ha denunciado a las “turbas” que quieren instigar una “lucha de clases antiamericana”. El movimiento “Ocupa Wall Street” propugna medidas tan diversas como un impuesto a las transacciones financieras, mayores derechos para los trabajadores y un sistema impositivo más progresivo, nada que no defienda el ala izquierda del Partido Demócrata. Tampoco protestan contra los “ricos” por el mero hecho de serlo. El pesar que ha recorrido la nación por la muerte de Steve Jobs confirma que el “sueño americano” sigue siendo parte integral de la mitología fundacional de EE UU.

Nadie está en contra de la riqueza cuando es fruto del talento y el esfuerzo. Pero la tolerancia es cada vez menor con actividades que se perciben carentes de utilidad social, sobre todo cuando provocan quiebras, desempleo y rescates masivos con dinero público. Durante el boom de la bolsa de los años noventa, un 50% de encuestados consideraba que Wall Street actuaba con tanta honradez y ética como el resto de la sociedad.

Hoy solo el 26% lo cree. Como un signo de los tiempos que corren, Barack Obama ha bautizado su propuesta de aumentar los impuestos a los más ricos para recaudar 1,5 billones de dólares en los próximos 10 años, como la “norma Buffet”, en alusión a su inspirador, el multimillonario inversor Warren Buffet. En un ya famoso artículo en el New York Times, Buffett se quejó de que su secretaria pagara tasas impositivas mayores que las suyas.

La tasa efectiva pagada por Buffet en 2010 fue del 17,4% debido a que la mayoría de sus ingresos provienen de ganancias de capital y dividendos, gravados al 15% desde 2003. La de su secretaria –con un sueldo de 100.000 dólares anuales– fue del 23,8%. Durante la administración de George W. Bush, la tasa efectiva pagada por el 1% más rico cayó al 23%, frente al 29% de los años noventa y el 33% en 1985. En Alemania, el asalariado medio tiene una retención media del 40%, la mitad que en EE UU, mientras que en Reino Unido la tasa más alta es del 50%.

En EE UU, el 1% de los contribuyentes paga el 28,1% de los impuestos federales y el 40% del impuesto a la renta, mientras que el 10% más rico paga el 55% de la recaudación federal y el 70% del impuesto a la renta. Si la tasa marginal máxima subiera del 35% al 50%, la deuda pública se reduciría apenas el 1%. Pero la creciente desigualdad en la distribución del ingreso es incontrovertible. Entre 1945 y 1979, el 10% más rico absorbía entre el 33-35% de los ingresos del país, incluidas ganancias de capital. En 2007, esa cifra llegaba ya al 50% y al 23,5% para el 1% más rico, cifras similares a las de 1928.

El fenómeno es global. Un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de 2008 encontró que las desigualdades habían aumentado en 17 de los 22 países miembros en los últimos 20 años. En Suecia y Dinamarca el 10% más rico tiene ingresos cinco veces superiores al 10% más pobre. En EE UU esa ratio es de 14 a 1. Y en México de 27 a 1. Según la Oficina Presupuestaria del Congreso, mientras el ingreso de una familia media aumentó un 21% entre 1979 y 2005, el del 0,1% más rico lo hizo un 480%.

Obama quiere subir los impuestos al 2% más rico para reducir el déficit fiscal en los próximos 10 años sin tener que recortar servicios sociales.

El objetivo, asegura, es que nadie que gane más de un millón de dólares anuales pague una tasa más baja que una familia de clase media. El 66,5% de los votantes está a favor de subir la presión impositiva a quienes ganen más de 250.000 dólares anuales. Sin embargo, como pasó con su último plan de creación de empleo, bloqueado en el Senado, las posibilidades de que el plan salga adelante en el Congreso son escasas. Obama lo sabe. De lo que se trata es de dejar claro quién se opone a corregir las desigualdades.

 

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