Transeúntes proyectan sus sombras sobre Alexanderplatz bajo la luz de la mañana. Berlín, marzo de 2026. GETTY

Estados Unidos no está en declive; Europa, sí

La idea de un Estados Unidos en declive se ha extendido a ambos lados del Atlántico. Sin embargo, en numerosos ámbitos las mayores señales de debilidad y dependencia se encuentran hoy en Europa. Un desequilibrio que está alterando la relación transatlántica y la propia noción de Occidente.
Andrés Ortega
 |  20 de mayo de 2026

Se ha generalizado, aquí y también allí, la visión de que Estados Unidos es una superpotencia, un imperio, en declive. En realidad, la que está en declive, no terminal, es Europa. Y este desequilibrio es el que está quebrando la idea y la realidad de Occidente.

El declive puede ser algo relativo. En términos porcentuales de la economía, EEUU ha perdido posiciones, especialmente respecto a China, pero sigue creciendo. En términos de población, como bien argumenta y documenta el último número de Política Exterior, también, aunque la de EEUU sigue aumentando, la europea reduciéndose y China envejeciendo.

Este mundo no se limita a estos actores. Otros, potencias intermedias, también pesan, como India, aunque lastrada por sus demonios y una economía y sociedad que no acaban de cumplir con las expectativas creadas, como bien analiza Javier Elorza, ex embajador en aquel país, en su libro La India: ¿Potencia mundial? ¿Tigre o pavo real?

La idea del declive de Estados Unidos ha estado alimentada por la guerra, con Israel, contra Irán, que Washington no ha ganado. Claro que habría que definir -en otra ocasión- qué es ganar o perder, pues no es lo mismo para EE UU que para el régimen de Teherán. En todo caso, EE UU no ha ganado en términos políticos, e incluso militares, ninguna de las guerras importantes en las que se ha metido desde la Segunda Guerra Mundial. Ni siquiera la Guerra Fría, aunque diera paso a unos años unipolares, a la sombra de los cuales China realizó su gran salto. En la reciente cumbre en Pekín entre Trump y Xi Jinping -sin grandes resultados- Europa resultó inexistente. Aunque no lo sea. En Europa no se debate suficientemente la competencia entre tres modelos de capitalismo y de sociedad: el europeo, el estadounidense y el chino con su 9-9-6 (jornadas laborales de 9 de la mañana a 9 de la noche, seis días por semana). Cuando además esta competencia y la presión demográfica llevan a una automatización que no ha empezado con la IAs generativas, sino antes.

En los últimos diez años, según Visual Capitalist y Voronoi, la economía de EE UU ha seguido creciendo, casi ha doblado, como la China, segunda. En cuanto a Europa, hay que diferenciar por países: Alemania, la tercera, ha superado a Japón, seguida de Reino Unido y Francia.

Pero en estos diez años, la dependencia europea en Estados Unidos ha crecido en terrenos esenciales como la energía (gas y petróleo, a pesar del aumento de las renovables), o en tecnología civil y militar (las big techs son americanas o chinas). Como decimos, no es algo terminal. Varias economías europeas, a comenzar por algunas grandes como Francia, Alemania o (aún fuera de la UE, Reino Unido) están lanzadas en una gran transformación. Y siempre se cita la excepción, la empresa holandesa ASML, la fabricante de las máquinas de fotolitografía, aún únicas en el mundo, que permiten reducir el tamaño de los chips y aumentar su potencia en los grados necesarios para los últimos avances, también en IA.

Estados Unidos ha aumentado otro de sus poderes esenciales, el financiero, que domina en todos los sentidos, incluso frente a una China que, pese al enorme aumento de su poder comercial, no ha logrado que en las transacciones internacionales en el último cuarto de siglo se imponga su moneda, el renminbi. La hegemonía del dólar sigue siendo muy sólida y estructural, el euro es relevante pero más como moneda regional, y el renminbi crece de forma constante, aunque aún está lejos de ser un competidor global en igualdad de condiciones, como recuerda el economista Ruchir Sharma. Eso cuando la economía se ha financiarizado.

Hay otro declive europeo del que se habla menos: el de su poder reglamentario. El famoso “Efecto Bruselas” por el cual, dada la importancia de su mercado interior, su reglamentación se acaba aplicando de forma global. El exceso de reglamentación está cediendo ante una tendencia a la “simplificación” que ahora se defiende desde la Comisión Europea para fomentar la innovación en la UE, lo que se aplica a la IA, a la economía verde, y a otros aspectos, aunque se siga multando a Big Techs por no respetar las normas europeas.

La población, más numerosa, de Europa cae; la de EEUU aumenta. Desde EEUU lo que se percibe es un declive europeo, partiendo de su baja tasa de fecundidad, y una inmigración que la derecha estadounidense rechaza, en lo que juega también una idea del debilitamiento del cristianismo. “Estados Unidos no va a ser el supervisor del declive gestionado de Occidente”, según el secretario de Estado Marco Rubio. Es decir, concluye Fidel Sendagorta, que no va a permitir que Europa arrastre con su declive a Occidente en su conjunto.  Sin olvidar el declive democrático, ese sí, en el que ha entrado Estados Unidos. ¿Arrastrará a Europa? La batalla cultural, la batalla por el control de la cultura y de sus medios, está lanzada también en un país como Francia.

Occidente se ha roto, y no solo ante la guerra contra Irán. Una derrota del trumpismo en noviembre, en las elecciones al Congreso, o en las presidenciales dos años después, no restablecerá la confianza por completo. Washington ha perdido la de muchos de sus aliados tradicionales, pero Bruselas tampoco ha ganado atractivo en un mundo que se ha transformado. La OTAN seguirá, pero será otra cosa, una gran caja de herramientas militares. Pero es EEUU el que está renunciado a la idea de Occidente, en el 250 aniversario de una Declaración de Independencia marcada por la Ilustración europea.

Como se pregunta un estudio de la Fundación Carnegie, Estados Unidos cuenta con recursos extraordinarios en todas las dimensiones del poder nacional. Y, sin embargo, ha tenido dificultades para alcanzar muchos de sus objetivos importantes en materia de política exterior. Esta paradoja plantea una pregunta clave para los estadounidenses y para el mundo: ¿qué puede hacer realmente Estados Unidos con el poder del que dispone?

¿Y qué puede hacer Europa? El mercado interno, o el euro, se pueden lograr a 27 o más. Pero el gran salto necesario tendrán que darlo unos pocos, con espíritu europeísta pero no práctica pan-europea. Una suma de microfederalismos, se puede llamar o la Europa Airbus, que acabe tirando de los demás que puedan y quieran.

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