#ISPE: nuevas amenazas, 11 años tras el 11-S

 |  14 de septiembre de 2012

 

Esta semana en Informe Semanal de Política Exterior: terrorismo.

Si algo han demostrado las organizaciones terroristas a lo largo de la historia reciente es su capacidad de adaptación. Al comienzo de la era del terrorismo moderno, en los años sesenta, sus objetivos fueron políticos prominentes, fuerzas de seguridad y edificios públicos que simbolizaban el poder del Estado, lo que los servicios de inteligencia llaman “hard targets”.

Cuando los países fortalecieron sus dispositivos de seguridad en torno a esos objetivos, los terroristas dirigieron sus ataques hacia otros más desprotegidos: “soft targets”, como vuelos de aerolíneas comerciales, organizaciones no gubernamentales y civiles indefensos. Los atentados contra el equipo olímpico israelí en Munich en 1972 por la organización Septiembre Negro y el secuestro del consejo de la opep en Viena en 1975 por el venezolano Ilich Ramírez fueron puntos culminantes de esa estrategia. A lo largo de esa década fueron atacadas embajadas en Estocolmo, La Haya, Jartum, Kuala Lumpur e Islamabad.

En los años ochenta, el reforzamiento de las medidas de seguridad de las delegaciones diplomáticas y los aeropuertos volvió a estimular la imaginación de los terroristas para buscar flancos más vulnerables. Ya entrado el nuevo siglo, los atentados del 11-S por un comando suicida de Al Qaeda parecieron inaugurar una nueva era de “hiperterrorismo” a gran escala, que podría incluso intentar utilizar armas químicas o nucleares para sembrar el terror.

Sin embargo, más de 10 años después, muchas de esas apocalípticas previsiones se han demostrado infundadas. Fuese por incapacidad, carencia de medios o por los duros golpes recibidos por parte de ee uu y sus aliados, ningún otro ataque en la pasada década pudo alcanzar ni remotamente la magnitud del 11-S. Pero es demasiado pronto para cantar victoria.

Al Qaeda no ha sido derrotada por completo. Su arraigo en el Sahel, sobre todo en Azawad, en el norte de Malí, donde hoy los salafistas controlan un territorio del tamaño de Francia, permite prever una nueva metamorfosis de la hidra terrorista. Antonio Guterres, director de la agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), advierte que Azawad está atrayendo a jóvenes de toda la región saheliana dispuestos a enrolarse en la filas yihadistas, por lo que amenaza con crear un “arco de inestabilidad” desde Mauritania hasta el Cuerno de África, convirtiendo el Sahel en una gigantesca Somalia.

Lo importante es anticipar a tiempo las nuevas mutaciones del terror para esquivar sus próximos zarpazos. En diciembre de 1994, el vuelo 434 de Aerolíneas Filipinas fue atacado con un artefacto explosivo introducido en la nave en componentes separados, ensamblado en un aseo del avión y dejado abordo cuando el terrorista abandonó el vuelo en una escala internacional. Ese plan fue una prueba de un futuro macroatentado múltiple urdido por Khalid Sheik Mohamed, el cerebro del 11-S.

Otros métodos explorados por los terroristas fueron explosivos introducidos en zapatos, geles y otros líquidos. ¿Qué puede venir ahora? Los expertos anticipan una amenaza especialmente ominosa: explosivos plásticos introducidos quirúrgicamente en los organismos de terroristas suicidas, lo que los haría prácticamente indetectables. Otra tendencia discernible en los últimos años son los ataques a hoteles, identificados por los yihadistas como centros de espionaje. Tampoco pueden descartarse hospitales, teatros y colegios. Ese tipo de objetivos ya han sido atacados en Marraquech, Mumbai, Bali, Beslán, Toulouse o Moscú. Nada permite pensar que vayan a ser los últimos.

 

Para más información:

Vicente Garrido Rebolledo, «Terrorismo nuclear: ¿desafío a la seguridad?». Política Exterior 148, julio-agosto 2012.

Henning Wegener, «La ‘ciberguerra’ se puede evitar». Política Exterior 146, marzo-abril 2012.

Melvyn P. Leffler, «Retrospectiva del 11-S y la ‘guerra contra el terror’». Política Exterior 143, septiembre-octubre 2011.

Antonio M. Díaz Fernández, «2001-2011, la transformación de la inteligencia». Política Exterior 143, septiembre-octubre 2011.

 

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