La cuestión iraní: la escalada continúa

 |  13 de enero de 2012

 

Por Pablo Colomer.

La cuestión iraní es y será uno de los asuntos críticos del año que acaba de comenzar. Irak, Siria, Afganistán, Bahréin… la teocracia chií juega en estos escenarios el papel de potencia regional. Como telón de fondo, la posibilidad de que los ayatolás se hagan con armas nucleares, perspectiva horrorosa o vigorizante, según la naturaleza de los regímenes afectados. Desde América hasta Asia, pasando por Europa y África, todos están pendientes del gran juego en torno a la República Islámica.

Uno de los últimos informes sobre el programa nuclear iraní del Organismo Internacional de la Energía Atómica señalaba nuevos indicios de que Teherán prosigue con sus esfuerzos por hacerse con una bomba atómica, a pesar de que el régimen presente el programa como exclusivamente civil. La sospecha generalizada es que Irán está empeñado en desarrollar cuanto antes la dimensión militar de su programa atómico.

Mientras la comunidad internacional aumenta la presión para que abandone esa carrera, Irán sigue dotándose de centrifugadoras y de combustible nuclear. Todo ello, gracias a una cualificada comunidad científica y a la ayuda exterior de Estados y compañías privadas que escapan al régimen de sanciones de Naciones Unidas. En estos momentos, Irán cuenta con uranio enriquecido para fabricar cuatro bombas atómicas, que podrían estar listas en un plazo de 18 meses si avanza en el diseño de cabezas nucleares.

La colaboración de científicos como el ruso Vyacheslav Danilenko y el pakistaní Abdul Qadeer Khan, o de países como Corea del Norte, se da por cierta. Así, no son casuales los ataques a su comunidad científica relacionada con el programa nuclear. Desde 2007, cinco científicos han muerto en circunstancias similares – uno salvó la vida en un coche bomba en 2010. El último en caer ha sido Mustafá Ahmadi Roshan, asesinado el 11 de enero. Estas acciones –junto con los ciberataques como el ejecutado por el virus Stuxnet contra sus centrales nucleares– han conseguido retrasar el programa nuclear iraní.

Los iraníes, no obstante, van aprendiendo las lecciones de esos actos de sabotaje. Ahora ocultan y protegen mejor sus programas y a sus científicos. Y a quienes les amenazan con ataques militares, les prometen una escalada bélica que incendiaría Oriente Próximo y estrangularía la economía mundial, al interrumpir el suministro de petróleo del Golfo.

 

Tormenta comercial en el Golfo

El jefe de la Armada iraní, almirante Habibolah Sayyari, ha comentado que cerrar el estrecho de Ormuz es tan fácil como “beber un vaso de agua”. En su punto más angosto no tiene más de 37 kilómetros de ancho. Por ahí pasa el 20% del suministro mundial de crudo, a lo que hay que añadir los envíos de gas natural licuado. Irán ya bloqueó el estrecho en los años ochenta, sembrándolo de minas. Las consecuencias de beber ese vaso de agua, no obstante, pueden ser letales. Véase este post de José Ignacio Torreblanca sobre la materia.

Frente a estas amenazas, Occidente aumenta la presión sobre el régimen atacando donde más duele: los hidrocarburos. La industria petrolera iraní supone el 80% de sus ingresos. La República Islámica es el tercer exportador de petróleo del mundo. Vende unos 2,2 millones de barriles de crudo al día, la mayoría en Asia. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, aprobó una ley el 31 de diciembre que permite congelar los haberes en EE UU de cualquier institución extranjera que comercie con el Banco Central iraní en el sector del petróleo.

Japón importa un 10% del petróleo que consume de Teherán. En los últimos cinco años ha reducido un 40% sus importaciones de crudo iraní. Según el ministro de finanzas japonés, Jun Azumi, en Tokio se tomarán “lo antes posible” medidas para reducir todavía más esa cuota. La Unión Europea, por su parte, prepara nuevas sanciones. En anticipación de esas medidas, las refinerías europeas ya han dejado de hacer compras al contado de crudo iraní, según el Financial Times. De momento, siguen recibiendo las entregas mensuales contratadas de antemano.

El mayor cliente iraní tras India y Japón, China, respalda las resoluciones del Consejo de Seguridad, pero critica las sanciones adicionales. Y al igual que India, mientras intenta negociar precios ventajosos, busca alternativas al crudo iraní. Rusia, por el momento, es el último aliado “casi incondicional” que le queda al gobierno del presidente Mahmud Ahmadineyad, como explica Fernando Gualdoni en este artículo.

 

Israel, actor clave

Como indica Amos Hares en su artículo para el último número de Política Exterior, Benjamin Netanyahu considera Irán la primera amenaza para el país que preside. Durante sus años en el exilio político, el político israelí estuvo obsesionado con la amenaza nuclear iraní, explica Hares. Su vuelta al cargo de primer ministro no fue solo una victoria política personal. Desde su punto de vista, había derrotado a Tzipi Livni, líder del principal partido de la oposición, Kadima, para salvar al pueblo judío de un segundo holocausto.

“Esto podría ser una repetición de 1938”, le gusta decir a Netanyahu. “Si Occidente y especialmente Israel no dan los pasos adecuados en el momento adecuado, nada detendrá a los iraníes, y los judíos se enfrentarán una vez más a una amenaza existencial”.

“Para Netanyahu, 2011 no ha hecho más que darle la razón –escribe Amos–. Las sanciones de la comunidad internacional contra Irán no han inducido a Teherán a cambiar de rumbo”. En opinión de Ehud Barak, ministro de Defensa, Israel se acerca a un dilema crucial: si las acciones internacionales contra Irán resultan inútiles, casi la única opción que le quedaría a Israel sería un ataque militar contra las instalaciones nucleares iraníes, explica Amos.

La administración Obama ha dejado muy clara su posición: Israel no debe atacar por su cuenta y cada paso contra Irán debe coordinarse con la comunidad internacional. Leon Panetta, secretario de Defensa estadounidense, ha transmitido este mensaje en dos reuniones urgentes con su homólogo israelí en los últimos meses. Panetta precisó que lo más probable era que un ataque aéreo solo retrasara a los iraníes un año o dos. El exjefe del Mosad, Meir Dagan, ha llegado incluso a advertir que Netanyahu y Barak estaban actuando irresponsablemente y que un ataque israelí, a estas alturas, podría desembocar en una larga guerra regional por la que Israel pagaría un alto precio.

 

Para más información:

Amos Harel, «Netanyahu, frente al cambio árabe y la amenaza iraní». Política Exterior núm. 145, enero-febrero 2012.

Catalina Gómez Ángel, «Arabia Saudí-Irán, guerra fría entre musulmanes». Política Exterior núm. 144, noviembre-diciembre 2011.

Paulo Botta, «Los Estados árabes ante el programa nuclear iraní». Política Exterior núm. 139, enero-febrero 2011.

Mariano Aguirre, «¿Cómo evitar en Irán una profecía autocumplida?». Política Exterior núm. 139, enero-febrero 2011.

Luciano Zaccara, «Irán y EE UU: ni sanciones ni intervención». Política Exterior núm. 139, enero-febrero 2011.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *