Las 20 piezas de la Épica Eslava de Mucha (arriba, una de ellas) fueron presentadas al público en el otoño de 1928, durante las celebraciones del décimo aniversario de Checoslovaquia, en el vestíbulo del entonces recién construido Palacio de las Ferias. GETTY

La épica checa de Mucha y Havel

ALICIA GARCÍA ROMERO
 |  1 de febrero de 2018

A cien años de la fundación de Checoslovaquia, cincuenta de la Primavera de Praga y veinticinco del Divorcio de Terciopelo, la historia de la República Checa en 2018 está a flor de piel. Dos artistas emergen entre la amalgama de rostros que fueron dando forma, y en ocasiones desfigurando, todo un país: Alphonse Mucha y Václav Havel.

De épocas distintas, pero pertenecientes al mundo artístico ambos, Mucha y Havel apostaron por resistir, cada uno a su manera, ante lo que percibieron como imposiciones exteriores, poniendo su trabajo artístico al servicio de sus ideales. Si bien Havel llegó a transgredir el terreno artístico al ejercer en la política como presidente, primero checoslovaco y luego checo, ambos personajes se valieron de sus respectivas obras como herramientas políticas de primer orden.

 

Mucha, el cosmopolita publicista

Alphonse Mucha, nacido en 1860 en una localidad de Moravia, que por aquel entonces pertenecía al Imperio Austrohúngaro, creció en una época en la que se estaba dando un renacimiento nacional checo. Sectores nacionalistas buscaban autonomía y trataban de revivir la cultura checa, ya que bajo dominio austriaco las tierras checas eran objeto de un proceso de germanización, con el alemán como idioma oficial, que amenaza su identidad eslava.

Habiendo recibido su educación artística en Viena, Múnich y París, en esta última ciudad Mucha se consagró como artista decorativo gracias a sus ilustraciones publicitarias. A pesar de su éxito como artista comercial, su principal preocupación era el desarrollo cultural de su patria. En la cumbre de su fama, en 1910, Mucha abandona París para dedicarse a trabajos que ayuden a consolidar la identidad de las gentes de su tierra.

Dado que se apoyaba en su obra comercial para subsistir, Mucha viaja a Estados Unidos en busca de patrocinadores. Allí se topa con Charles Richard Crane, un millonario interesado en el nacionalismo eslavo, quien acepta sufragar su gran proyecto, la Épica Eslava. Esta consiste en veinte obras de gran formato que narrarán la historia de los pueblos eslavos, recogiendo ideas del paneslavismo, del patriotismo y de la identidad nacional checa.

Una vez en Praga, Mucha diseña la decoración del Salón del Alcalde en la Casa Municipal de Praga, nuevo edificio público creado para eventos cívicos. La pintura central de la sala lo constituye un fresco con virtudes cívicas personificadas en figuras históricas checas. Su mural fue creado para celebrar la historia heroica del pueblo checo, al tiempo que expresa una certeza en el futuro unificado de la nación. Mucha ya había comenzado a trabajar en la Épica.

Bohemia, Moravia y Silesia forman parte de la idea checa. Más tarde, cuando se logra la independencia checa, Eslovaquia también se uniría a este diverso grupo. El sentimiento de homogeneidad cultural brillaba por su ausencia. Ante esta falta de cohesión, Mucha recurre a la representación visual de la historia colectiva: la herencia compartida de los pueblos eslavos, plasmada en su Épica, servirá para conseguir un elemento cohesionador para grupos tan variados, fortaleciendo su unidad y voluntad de independencia.

Cuando Checoslovaquia obtiene la independencia tras la Primera Guerra Mundial y el desmantelamiento del Imperio austrohúngaro, Mucha, por aquel entonces el artista checo más popular, se convierte en artista oficial de la República, poniéndose al servicio del recién nacido país para el diseño de sus sellos, billetes y demás documentos gubernamentales, además de los uniformes policiales y el escudo de armas.

Mucha pasó gran parte de su última etapa creativa trabajando en lo que consideró su obra maestra. La Épica le permitió crear una imagen de la cultura eslava ajena a las influencias germanas que durante años habían permeado en los pueblos de la región. Buscaba una autodefinición de estos pueblos, con la esperanza de unirlos en torno a la causa común de la independencia y la unidad eslava, así como la celebración de la nación checa. Mucha terminó su gran obra en 1928 y los veinte lienzos se expusieron en la ciudad de Praga.

Su final es triste. El yugo germánico contra el que tanto luchó durante su vida artística regresó con una fuerza formidable, y encabezado, ironías de la historia, por un artista de tercera categoría. Después de la invasión nazi de Checoslovaquia, Mucha es interrogado por la Gestapo. Muere poco después, diez días antes de cumplir los ochenta años.

 

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Havel, ¿artista político o político artista?

La infancia de Václav Havel, nacido en Praga en 1936, transcurre durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la victoria aliada y la división del mundo en dos bloques, Checoslovaquia es restaurada bajo la esfera soviética. Debido a su origen burgués, Havel tiene problemas para cursar estudios superiores, pero logra estudiar en la escuela Técnica Superior de Praga. Después de terminar el servicio militar, Havel trabaja como tramoyista en el Teatro de la Balaustrada de Praga, ascendiendo más tarde a productor literario y director de obra. En 1967 se licencia en la Escuela de Arte Dramático de la Academia de Bellas Artes de Praga.

Václav va adquiriendo prestigio como autor teatral de vanguardia en paralelo a sus actividades de resistencia contra el régimen comunista. Su disidencia le lleva a pasar de la literatura y el teatro a la acción durante la Primavera de Praga, al frente del Club de Escritores Independientes. Durante este periodo, Havel, ya un dramaturgo exitoso, critica y satiriza abiertamente a algunos dirigentes comunistas a través de sus obras teatrales, lo cual le vale la aclamación de sectores nacionales e internacionales. Las autoridades le ponen en su punto de mira.

La invasión soviética que aplasta la Primavera, seguida del periodo de normalización, provocan la prohibición de su obra y la confiscación de su pasaporte. Se le invita a abandonar Checoslovaquia, pero Havel optó por abandonar, simplemente, la ciudad, estableciéndose en el campo. Desde la disidencia continúa con sus obras, haciendo representaciones clandestinas en casas particulares.

Es promotor de la iniciativa Carta 77, documento firmado por unos 300 intelectuales de amplia repercusión internacional en el que se reclama la democratización del régimen y la defensa de los Derechos Humanos. Durante los años de normalización, la Carta pedía al régimen que se plegara al Acta de Helsinki de 1975. Miembro desde 1978 del Comité para la Defensa de los Injustamente Perseguidos (VONS), organización reivindicativa, Havel estuvo bajo arresto domiciliario y fue encarcelado en diversas ocasiones en la década de los setenta. En sus periodos fuera de la cárcel sigue siendo vigilado por la policía secreta. Sin embargo, no interrumpe su actividad literaria y su colaboración con la samizdat, la prensa opositora clandestina.

 

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Las reformas de Gorbachov y la caída del muro de Berlín en 1989 favorecen un clima social que es aprovechado por Havel, junto a otros intelectuales, para formar el Foro Cívico, plataforma que integra a la mayoría de fuerzas de la oposición y que acaba liderando el proceso de transición democrática, la conocida como Revolución de Terciopelo. Con gran apoyo popular, este proceso de protestas pacíficas consigue el desmantelamiento del régimen comunista en Checoslovaquia sin emplear la violencia. Havel encabeza las negociaciones para la formación de un gobierno de coalición de mayoría no comunista.

El 29 de diciembre de 1989 Václav Havel es nombrado presidente de la República de Checoslovaquia y el 5 de julio del año siguiente la Asamblea Federal le confirma por dos años, colocándole como el primer jefe de Estado no comunista en el país desde la dimisión forzada de Edvard Beneš en 1948. Debido a su postura contraria al proyecto de no someter la división del Estado checoslovaco a referéndum, dimite en julio de 1992. Seis meses después acepta ser el primer presidente de la recién instaurada República Checa. Y cinco años más tarde es reelegido por el Parlamento para desempeñar el que será su último mandato, que finaliza en 2003. Tras abandonar la presidencia sigue participando en foros y organizaciones sociales y políticas en defensa de la democracia y los derechos humanos.

Durante su gestión, Havel trabajó por la apertura de las relaciones diplomáticas y por la integración checa en las instituciones europeas. La República Checa ingresó en la OTAN en 1999 y en la Unión Europea en 2004. En paralelo, Havel suscribió sendos tratados de amistad y buena amistad con Alemania y Rusia, superando fricciones históricas, y fomentó la cooperación política y comercial con los países excomunistas de Centroeuropa.

 

Hijos de siglos distintos

Separados temporalmente, ambos personajes emplearon sus esfuerzos en busca de la emancipación, primero del Imperio austrohúngaro y luego del dominio comunista soviético. En tiempos de Mucha, la concreción de las identidades nacionales resultaba esencial para la constitución de los Estados-nación. Alphonse, a través de su pintura, trató de aportar elementos cohesivos basados en episodios compartidos. Después de un periodo de división durante la invasión nazi, la restauración checoslovaca y su subyugación al comunismo soviético hicieron de Václav un dramaturgo en cuyas obras, críticas, denunciaba la falta de libertades por las que luchó Alphonse.

Ambos tuvieron una relación muy diferente con las autoridades. Mucha contó con su apoyo para su desarrollo artístico, debido a la necesidad de construir una identidad nacional haciendo uso de todas las herramientas posibles. Havel se encontró buena parte de su vida ejerciendo la oposición, la disidencia y la subversión; luego dio un giro de 360º y pasó a encarnar dicha autoridad, proporcionándole un rosto un tanto irónico, muy humano, ajeno a la épica que tanto, y tan bien, pintó Alphonse.

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