Mariano Jabonero en un acto en Casa de América (Madrid). OEI.

‘La OEI es hoy un bien público regional latinoamericano’

En esta entrevista a Mariano Jabonero, hablamos sobre educación y también sobre integración, tecnología, cooperación, diálogo político, la posición internacional de América Latina y sobre lo que latinoamericanos y europeos pueden hacer juntos.
Entrevista a Mariano Jabonero
 |  17 de octubre de 2023

Dos ejes marcan la trayectoria de Mariano Jabonero: la educación y América Latina. El Secretario General de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) ha dedicado su vida a la política y la cooperación educativa, primero en España y, desde hace más de 20 años, en América Latina. Nacido en San Martín de Valdeiglesias, Madrid, en 1953, Jabonero ha sido profesor, investigador y consultor para organizaciones vinculadas a la educación, la ciencia, la cultura y el desarrollo, como la UNESCO y el PNUD.

El impacto de la pandemia en la educación en todo el mundo, especialmente en los países en desarrollo y en los más pobres, ha reafirmado su compromiso vital con la cooperación educativa y la innovación. El objetivo es llegar hasta la aldea más remota, hasta el último niño, con una educación de calidad que provea de las competencias necesarias para la sociedad. La digitalización ofrece, según Jabonero, una oportunidad única para lograr este objetivo y aumentar la eficiencia de los sistemas educativos. En esta larga conversación, hablamos sobre educación y también sobre integración, tecnología, cooperación, diálogo político, la posición internacional de América Latina y sobre lo que latinoamericanos y europeos pueden hacer juntos.

Pregunta: América Latina parece estar como nunca antes en las conversaciones en la Unión Europea. ¿Tiene que ver con la posición de algunos países latinoamericanos respecto a la guerra en Ucrania, a la presidencia española del Consejo de la UE, a la personalidad de algunos líderes latinoamericanos o a los cambios en la relación de poder internacional?

Respuesta: Es cierto que en este momento hay una cierta presencia, al menos escénica, de América Latina en un contexto internacional en el que la región había perdido presencia. Esa presencia tiene que ver con una relación de poderes entre tres actores que son ajenos a la región. China, por una parte, que incrementa drásticamente sus inversiones y presencia la región. Por otra parte, Estados Unidos, que parecía que se olvidó un poco de América Latina, y Europa, que también se había olvidado de la región. En este contexto mundial aparece una región con una potencialidad estratégica muy fuerte. En este punto, quiero hacer una referencia que me gusta introducir siempre, y es que a veces se olvida en Europa que América Latina es Occidente. Somos Occidente, Occidente romanizado en derecho, lengua, instituciones. Hay vinculaciones muy profundas que no son comerciales ni extractivas, son de otro tipo y ponen la mirada del hombre en el punto de la cooperación y ese es un tema muy a tener en cuenta.

P: Con el protagonismo actual de la geopolítica, al menos en Europa, nos olvidamos del enorme golpe que ha tenido el Covid-19 en el conjunto de América Latina y el Caribe. ¿De qué manera se ha transformado la región en los tres últimos años?

R: La pandemia ha tenido un impacto brutal. Todavía no somos conscientes de cómo ha sido. Le voy a dar dos datos: América Latina supone el 8% de la población mundial y, sin embargo, ha tenido el 30% de contagios en todo el mundo. El virus se ensañó con América Latina porque la protección de la salud en la región era muy débil y, por tanto, el número de contagios fue muy alto. Ha habido un impacto gravísimo en la economía, que ha tenido un retroceso equivalente a la Gran Recesión de 1929. Es la economía, la gente, las familias, que no tenían ingresos. También se debe al problema de vivienda, con millones de familias en las que convivieron en 30 metros cuadrados abuelos, padres, tíos, nietos y sobrinos. También tuvo un impacto en la cultura, un valor muy fuerte de la región, donde se perdieron dos millones y medio de trabajos en el sector cultural. En la educación, con más de 180 millones de niños, niñas y jóvenes confinados en sus domicilios, más de la mitad de ellos sin ninguna capacidad de atención educativa. Es una forma bastante arisca de decir las cosas, pero la pandemia ha puesto de manifiesto nuestras vergüenzas. Creíamos que estábamos mejor de lo que en realidad estábamos y aprendimos que estábamos mucho peor de lo que creíamos.

P: ¿Qué lecciones han sacado de ello los países y organizaciones como la OEI?

 

«Aquí no somos todos iguales. La pandemia atacó especialmente a un perfil de gente, los más pobres, los más desvalidos, las mujeres, los indígenas. La pandemia ha mostrado una debilidad estructural y política muy fuerte»

 

R: La pandemia ha supuesto un antes y un después. Ojalá hayamos sacado de lecciones y las apliquemos. La principal de ellas es que necesitamos mayor protección social. En nuestra región ha habido una palabra mágica durante siglos “libertad”, pero no hay libertad sin igualdad. Y somos una región muy inequitativa. Creo que esa es la lección más fuerte de la pandemia. Aquí no somos todos iguales. La pandemia atacó especialmente a un perfil de gente, los más pobres, los más desvalidos, las mujeres, los indígenas. La pandemia ha mostrado una debilidad estructural y política muy fuerte.

 

Educación, cultura y tecnología

P: Como pedagogo con larga experiencia en cooperación educativa, ¿cuáles fueron las consecuencias del confinamiento en la educación, dado el bajo nivel de conectividad de los países latinoamericanos y caribeños? ¿Cree que se puede recuperar?

R: Creo que la región se puede recuperar porque ha habido síntomas positivos. Por ejemplo, en educación tuvimos una reacción muy rápida con los ministros de Educación para poner en marcha medidas

paliativas, a veces de una forma muy primaria. Algunos países volvieron a la televisión educativa, que es tecnología educativa de los años sesenta, casi arqueología. Pero hubo una reacción a favor compensar  la pérdida. Como ha dicho la OCDE, y nosotros seguimos defendiendo, la transformación de futuro que compensará lo sucedido en educación es digital. Porque lo digital lo llevamos a todas partes. Solucionar la brecha digital tiene un valor absoluto. Tenemos que llegar a todos por igual y no solo a aquellos que tienen mayor nivel de renta o conexión de banda ancha y dispositivos. La educación no es presencial o virtual, sino presencial y virtual. Hay una conciencia en la región de que esto va a ser así. Desde la OEI, junto con el BID, la Cooperación Española y la UNESCO estamos trabajando en un macroproyecto de economía digital con el objetivo de acortar la brecha digital.

P: Los países de América Latina están apostando por la transformación tecnológica para solucionar muchos de sus problemas pendientes, pero necesitan infraestructuras y proveedores de servicios para esa tecnología. Este es uno de los campos de competencia entre Estados Unidos, China y la UE. Cada uno representa un modelo: EEUU, orientado por el mercado; China, dirigido por el Estado; y la UE, que ha situado en el centro los derechos de los ciudadanos. ¿Qué tipo de digitalización necesita América Latina? Porque las implicaciones de cada modelo son muy distintas en economía, educación, ciencia, valores, entorno democrático…

 

«Debemos velar para que los ciudadanos y ciudadanas tengan capacidad de uso de la tecnología al servicio de nuestros intereses, nuestro bienestar y del mejor gobierno. Creo que ese es el foco y yo pediría a la UE que no se equivoque, que no baje la guardia»

 

R: Está claro. La conectividad se extiende a base de que haya sistemas regulatorios que lo posibilitan. Los gobiernos pueden adoptar acuerdos transnacionales en los que la regulación facilite que la conectividad llegue a todos. Eso es lo que ocurre en Europa, aunque a veces la gente se queje de que la UE sea un gran estamento regulatorio. Pero  es regulatorio para el bien común. En este sentido, le voy a dar un dato. En la conferencia de ministros de Ciencia de CELAC, que se celebrará en octubre en Buenos Aires, se quiere poner en marcha un proyecto singular: crear una red iberoamericana de agencias aeroespaciales, porque son los proveedores de señal y son clave para dar conectividad en lugares donde no hay conexión. Y ahí la relación de América Latina con la UE –con la potentísima Agencia Espacial Europea– tiene que ser muy provechosa. Recupero su pregunta sobre los modelos tecnológicos, y diría que, por parte de EEUU, hay interés comercial: vender productos y servicios. Los operadores digitales de la región están todos en EEUU. En cuanto a China, por lo que conozco y veo, el interés es extractivo; hacerse con materias primas, como cobre, soja, cobre, carne o petróleo. El interés de la cooperación europea, sin embargo, siempre ha sido la persona, el desarrollo del ser humano, el desarrollo equilibrado, sostenible. Y creo que es una apuesta de futuro que no debemos modificar.

En lo que se refiere a la tecnología, debemos velar para que los ciudadanos y ciudadanas tengan capacidad de uso de la tecnología al servicio de nuestros intereses, nuestro bienestar y del mejor gobierno. Creo que ese es el foco y yo pediría a la UE que no se equivoque, que no baje la guardia. Voy a poner un ejemplo muy reciente, que es la inteligencia artificial (IA). Cada día hay un debate sobre sus peligros, riesgos, sus posibilidades. Hace días vi un informe sobre IA en América Latina y hay datos en el caso de la educación que son maravillosos.

Hay casos en América Latina donde se está aplicando la IA para la prevención del fracaso escolar. Por ejemplo, hay sistemas de IA que siguen a un chico o una chica en sus pautas de comportamiento y de comunicación y son capaces de avisar al docente: “cuidado, se va a ir de la escuela”. Creo que es otro mundo, un mundo muy útil. Los profesores saben qué hacen sus alumnos, cómo avanzan. Eso se llamaba hace un siglo “personalización de la educación”. Pues ahora mismo tenemos instrumentos que sirven para personalizar la educación. Los límites están claros, y las ideas también. Creo que Europa tiene ahí una capacidad de proyección muy importante.

P: Aparte de la digitalización, ¿cuáles son los principales retos de la región en materia educativa?

R: La situación de la educación tras la pandemia ha sido un aldabonazo. Creíamos que estábamos muy bien porque había una cobertura amplísima. Antes de la pandemia los objetivos eran acceso y cobertura: que todos los niños y niñas vayan a la escuela. Objetivo histórico, único. Con eso estamos contentos porque hemos conseguido una tasa de escolarización del 98%. Pero sabíamos perfectamente que no se cumplían otros criterios, como calidad, inclusión, equidad, cuyos datos eran muy negativos. La pandemia mostró eso de forma brutal. Los niveles de calidad, inclusión y equidad de la escuela en América Latina son bajísimos. Hay dos escuelas: una escuela para unos (ricos) y otra para otros (el resto). Ese es un problema gravísimo y se debe a varios factores. Por ejemplo, la formación del profesorado es muy baja. No es por justificarlo, pero en los últimos años se ha contratado a millones de docentes, muchos de ellos sin una formación adecuada, pero había que poner un maestro en todas las escuelitas. Y es así como se abrieron millones de escuelas y se siguió un criterio de cobertura. Otro factor es el currículo. Los expertos señalaban que en la escuela había que impartir matemáticas, español, educación cívica, economía, educación ética… Pero la realidad es que no se necesita tanto y, es más, los países no tienen quien lo imparta. Los currículos estaban inflacionados por completo. Además, el sistema de evaluación es muy precario: evalúa continuamente a todos sus alumnos y no se deja evaluar. Es un sistema muy opaco, con un componente gremial muy fuerte.

 

«Creo que la escuela debería pensar con firmeza en tres competencias básicas: socioemocionales, comunicativas y digitales»

 

Nuestros sistemas educativos son muy débiles, precarios. Ahora es el momento de una reflexión. Con los docentes hay que tener un mayor impulso de cualificación, la evaluación debe ser sistemática, siguiendo el aforismo que dice “lo que no se evalúa, se devalúa”. Por otra parte, la escuela debe dedicarse fundamentalmente a aquello que sea significativo y socialmente válido, a lo realmente importante. Creo que la escuela debería pensar con firmeza en tres competencias básicas. Socioemocionales: que nuestros estudiantes sean cumplidores, puntuales, amables, que trabajen en equipo, que sean correctos, que se vistan bien, que sean buenos ciudadanos. En segundo lugar, comunicativas: que sepan hablar y escribir bien en español, en su lengua nativa, cuando ocurra, y en una lengua franca, el inglés o el portugués, que son dos lenguas francas. La tercera competencia es la digital. Si un chico o una chica de la región tiene esas competencias –socioemocionales, comunicativas y digitales– es muy fácil que salga del 50% que van a la economía informal. Al trabajo de un dólar por día, de la miseria.

Además, tenemos un problema en la región, que es la pertinencia de los estudios de educación superior. Somos la región con mayor capacidad agrícola del mundo y solamente el 2% de los egresados de la universidad son de carreras agropecuarias. Brasil importa ingenieros agropecuarios de Europa. Brasil, que es un inmenso Estado agropecuario. Hay dos áreas en las cuales no estudia nadie en la región: son un 5% de humanidades y un 5% de matemáticas. El resto estudia administración de empresas y derecho.

 

Cooperación en un entorno multilateral debilitado

P: ¿De qué manera deben trabajar organizaciones como la OEI, surgidas en un escenario muy diferente, ante la debilidad actual del multilateralismo?

R: La OEI nace en 1949, cuando España está aislada internacionalmente. Y nace de la mala conciencia tras la guerra mundial y la guerra española. Con el propósito de que no ocurra de nuevo y con la idea de que la educación nos puede hacer mejores. Aquí en Madrid se reúne un congreso de educadores que el general Franco, el dictador, permite. Lo permitió, toleró y apoyó porque eran católicos todos ellos. En ese momento España, en el aislamiento, vio que tenía una posibilidad con el mundo. Estas personas se constituyen como organización, trabajan conjuntamente y se consolida como organismo internacional de cooperación.

 

«En 2003 había cuatro oficinas en Latinoamérica y hoy hay diecinueve. La OEI se pone muy al servicio de los países americanos, es hoy un bien público regional latinoamericano»

 

La OEI tiene dos fases históricas. Una primera fase en la cual la organización vive porque España la apoya. Es un modelo de cooperación tradicional, ya desaparecido, un modelo altruista donde hay un rico que apoya y un pobre que recibe. España lo apoya porque le interesa en ese momento tener una relación con el mundo, y los gobiernos de América Latina, por su parte, tienen una buena relación con España, salvo un par de casos. Luego, a partir de 2010, la OEI vivió un cambio histórico porque se hace muy americana. La OEI tenía su sede en Madrid y una oficina en Buenos Aires, otra en Lima y otra en Colombia, nada más. Después, con los acuerdos de paz en El Salvador, abre otra en este país. La organización va migrando hacia América. En 2003 había cuatro oficinas en Latinoamérica y hoy hay diecinueve. La OEI se pone muy al servicio de los países americanos, es hoy un bien público regional latinoamericano.

En este momento, el 98% de las actividades son americanas, también con la banca multilateral, BID, CAF y el Banco Centroamericano. Tenemos unos 3.900 colaboradores, récord absoluto, de los cuales 80 estamos en Madrid. La región se apropia de la OEI, como instrumento de apoyo a sus políticas públicas. La cooperación se convierte en algo real del día a día. Eso nos ha dado otro factor que no es menor: la seguridad financiera. No dependemos de un donante. Nosotros hacemos una gran canasta en la que están los gobiernos, el BID, CAF, UE, Banco Mundial… Además, trabajamos sobre áreas en las cuales es fácil que nos entendamos. Educación, cultura y ciencia son elementos “balsámicos”, y es muy difícil que haya enfrentamiento en estos ámbitos.

P: ¿Han conseguido evitar la politización que ha paralizado tantos foros regionales?

R: Hay politización porque las políticas educativas son políticas. Pero cuando surge, “pues mire usted, siéntese ahí y diga qué opina, sin más”. A veces surge un punto con algunos países, poquitos, en el tema religioso. Debo decirle que nunca en ámbitos de predominancia católica. Son cosas casi anecdóticas. Podemos organizar una actividad de formación docente de 18 países muy distintos y nadie pregunta de dónde vienen. Yo creo que se debe a la ciencia, que es un bien cada vez más demandado en la región.

 

Lo iberoamericano y el Sur Global

P: Más allá de España y Portugal, ¿hay conciencia en América Latina y el Caribe sobre la realidad del concepto “Iberoamérica”?

R: Esto surge del nacimiento de la OEI. Entonces había un concepto que era la “hispanidad”, que no gustaba mucho en Iberoamérica. En la OEI es iberoamericano aquel país que habla español o portugués. Tras trabajar en la región tantos años, yo creo que ese concepto [Iberoamérica] está más arraigado en algunos países que en otros. Por ejemplo, en el caso de Argentina o de Colombia, donde sí existe el concepto político. En Brasil no, pero tiene que ver con el portugués de Brasil, que está más alejado del portugués de Portugal que el español de España y de cualquier país de América. Creo que es un concepto que tiene que ver con el origen. Francia prefiere Latinoamérica porque quiere tener su presencia en la región. Cuando hablo en público, puedo hablar de Iberoamérica y de Latinoamérica, para mí no tiene mayor diferencia, excepto con los países del Caribe.

P: ¿Cómo encaja el espacio iberoamericano con el denominado Sur Global?

R: [El Sur Global] es una concepción geográfica y política. El Sur es el Sur, y tiene una delimitación geográfica, el Ecuador, que marca lo que es Sur y lo que es Norte. Creo que en América Latina, en Iberoamérica, hay en este momento unos países que tienen un gran peso político y económico. Son países que están en Suramérica: básicamente Colombia, Venezuela (por la parte política), Brasil que, como dicen ellos en broma, es “o maior país do mundo” (230 millones de habitantes), Argentina y Chile, ambos por su historia. ¿Qué hay al norte de esto? Centroamérica, que son países muy pequeños, con problemas gravísimos y con un peso económico muy débil. Y más al norte, ¿qué hay? México, que es Norteamérica. La agenda de México es una agenda mirando a Norteamérica. El presidente de México habla todos los días de Norteamérica. En EEUU hay 52 millones de hispanohablantes y más de la mitad son mexicanos. Entonces este Sur Global se refiere básicamente a una parte del territorio de Iberoamérica.

 

Integración y cooperación

P: Con América Latina se tiende a generalizar, al considerar que, al existir en los países problemas similares, la región es homogénea. Sin embargo, el hecho de que no haya habido avances en la integración, sino más bien retrocesos, pone de manifiesto las diferencias. ¿Por qué no avanza la integración?

R: América Latina es objeto de tópicos. Llevo toda la vida trabajando en América Latina y si hay algo que me molesta es cuando dicen “esos países”. ¿Cuál ellos? Viví en Colombia cuatro años y son cuatro países: el Pacífico, el Atlántico, la zona andina y el Amazonas, muy diferentes.

Hablemos de cada país porque hay diferencias muy acusadas. Por ejemplo, cuando se habla de la educación y alguien pregunta ¿cómo está la educación en América Latina? Mire usted, Uruguay es un país con un nivel educativo muy bueno, que no ha tenido una guerra en 200 años, con una clase media establecida. El Salvador ha vivido una guerra civil hace diez años y tiene problemas muy graves. No son comparables. Hay una falta de pedagogía. Pero en América Latina también se generaliza con Europa. En cuanto a la integración, para la OEI es una obsesión. Estamos creando una cátedra iberoamericana de integración. Todos nuestros programas intentan apuntar a la integración. Si estamos juntos, somos más fuertes y competitivos.

 

«La agenda de México es una agenda mirando a Norteamérica. El presidente de México habla todos los días de Norteamérica»

 

América Latina es una región que vive un mito histórico de la integración, en ocasiones bolivariano, y una realidad sin integración. Se hace integración con puentes, con autopistas, ferrocarriles, puertos, con movilidad académica. Llevamos 30 años hablando de espacio de conocimiento iberoamericano, pero es la región del mundo con menos movilidad académica. El 1,1% de los estudiantes de educación superior en América Latina necesita movilidad. Y no se produce dentro de América Latina: los más ricos se van a EEUU o Europa. Podemos ser competitivos en el mundo si estamos integrados. El comercio interregional es muy bajo, no llega al 30% frente al exterior. Si no nos vendemos entre nosotros, ¿cuál va a ser la relación de dependencia interna? Tenemos un problema con un discurso sobre la integración que compartimos todos, pero que en la práctica es muy difícil.

P: ¿Cómo ha cambiado la cooperación en América Latina, donde se han consolidado nuevos esquemas de Cooperación Triangular y Cooperación Sur-Sur?

 

«América Latina es una región que vive un mito histórico de la integración, en ocasiones bolivariano, y una realidad sin integración»

 

R: La única organización que hace cooperación Sur-Sur en su totalidad es la OEI, porque estamos ahí, sobre el terreno en todos los países. Nuestro lema es “Hacemos que la cooperación suceda”. Tenemos 20 millones de beneficiarios de cooperación. Esas son nuestras credenciales. Hasta la fecha todavía vivimos de un modelo de cooperación que podemos calificar de filantrópico, altruista, del Norte hacia el Sur, del donante al beneficiario. Nosotros trabajamos sobre el terreno, con los países y con organizaciones regionales como CEPAL [Comisión Económica para América Latina y el Caribe], que nos proporciona los datos que necesitamos. Todo sobre el terreno. Por ejemplo, el informe anual sobre ciencia en la región lo hacemos conjuntamente con los gobiernos, la UNESCO y la OEI. En este momento, estamos arrancando como modelo de cooperación en transición, que genera conocimiento compartido. Creo que es una buena noticia.

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