La política exterior de China hace agua en Vietnam

 |  20 de mayo de 2014

El autoproclamado ascenso pacífico de China a la primera plana de la política internacional se ha topado con un nuevo obstáculo. A finales de 2013, el gobierno de Xi Jinping anunció un proyecto rival de los tratados de libre comercio estadounidenses en Asia y el Pacífico. La propuesta, bautizada sugerentemente como la Ruta de la Seda, tendrá dos ramas: una terrestre, diseñada para conectar los mercados de hidrocarburos en Asia central con la demanda energética china, y otra marítima, destinada a reforzar las exportaciones chinas a la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean). Desde principios de mayo, la segunda iniciativa hace aguas por una escalada de tensiones con Vietnam.

El origen del conflicto es la instalación del Haiyang Shigyou 981, una plataforma petrolífera china ubicada en aguas vietnamitas. La decisión china ha generado oposición en Hanoi, cuyas patrulleras fueron hostigadas a principios del mes. Arriesgándose a movilizar a su población, las autoridades vietnamitas convocaron una serie de protestas callejeras que se han saldado con la destrucción de comercios chinos (e incluso taiwaneses) en la ciudad de Ho Chi Minh. Ante los brotes de violencia, Pekín ha evacuado a 3.000 chinos residentes en Vietnam.

La relación entre ambos países, a pesar de ser dictaduras comunistas, es tensa. En 1974 China ocupó las islas Paracelso; en 1980, 70 soldados vietnamitas murieron en una serie de escaramuzas en la región. El recuerdo más conflictivo es el de la invasión china de Vietnam (1979), detonada por una intervención vietnamita en Camboya que acabó con los Jemeres Rojos.

Vietnam, que no mantiene un tratado de defensa con Estados Unidos, apenas puede ofrecer resistencia militar a su vecino. Un conflicto armado, sin embargo, resultaría en una victoria pírrica para China. En primer lugar, podría detener el tráfico del estrecho de Malaca, una de las principales arterias comerciales del mundo. En segundo lugar, el intento de establecer un área de influencia marítima a lo largo de la línea china de nueve puntos genera oposición en la región. Las reivindicaciones territoriales han aumentado desde los años sesenta, cuando se descubrió la existencia de yacimientos de hidrocarburos en el suelo marítimo de la región. En los últimos años, China ha empleado la denominada “estrategia del repollo”, envolviendo las islas que reclama con línea tras línea de pesqueros y patrulleros (las capas del metafórico repollo). Ante este acoso, Vietnam y las Filipinas han mantenido una línea dura, a la que se ahora se suman países con una trayectoria más acomodaticia, como Indonesia y Malasia. La décima cumbre de Asean, celebrada entre el 11 y el 13 de mayo, ha contado con la presencia de varios ministros de Defensa interesados en formar una “coalición de los exasperados”, en palabras de Keith Johnson.

No son los únicos desencantados con el auge del gigante chino. El gobierno de Shinzo Abe también mantiene una disputa sobre la soberanía de las islas Senkaku, a medio camino entre Japón, Taiwán y China. Washington ha criticado la posición actual de Pekín. Se espera que India adopte una línea más intransigente bajo el gobierno del recientemente electo Narendra Modi.

La baza principal de Vietnam, sin embargo, es su capacidad de dañar la relación entre Rusia y China. Ambas potencias compiten por influencia en Asia central, donde Pekín ya ha logrado desplazar a Moscú como principal influencia regional. El sudeste asiático es otro punto de fricción. Rusia construirá dos reactores nucleares en Vietnam, y está en proceso de suministrar a la marina vietnamita seis submarinos destinados precisamente a contener la expansión china en la región. A pesar del reciente acercamiento entre Moscú y Pekín –el gobierno chino ha apoyado a Vladímir Putin en su anexión de Crimea, y un futuro gasoducto ruso suministrará energía a China desde Siberia–, el conflicto de intereses entre China y Rusia es considerable. El aglutinante de la amistad entre Moscú y Pekín es Washington. Mientras EE UU pretenda contener a ambos países al mismo tiempo, China continuará su ascenso regional sin toparse con escollos insalvables.

 

 

 

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