Manifestación contra el auge de Alternativa para Alemania (AfD) frente a la Puerta de Brandeburgo, en Berlín, el 7 de septiembre de 2026, un día después de la victoria del partido en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt. GETTY

La ruptura del consenso alemán

La victoria de la AfD en Sajonia-Anhalt confirma la fragmentación del sistema político alemán y supone además un duro golpe para la CDU de Friedrich Merz, obligada a contener el avance de la extrema derecha sin derribar el ‘cortafuegos’ que impide cooperar con ella.
Judy Dempsey
 |  11 de septiembre de 2026

Alternativa para Alemania (AfD), un partido de derecha radical, ha quedado en primer lugar en las elecciones al Parlamento regional de Sajonia-Anhalt, más que duplicando su porcentaje de voto respecto a las elecciones celebradas cinco años atrás. Sin embargo, se quedó a solo tres escaños de la mayoría absoluta.

Fundada en 2013 por economistas euroescépticos de Alemania occidental y entonces una formación minoritaria, la AfD obtuvo el 43,8% de los votos, frente al 20,8% de 2021. El partido del canciller alemán Friedrich Merz, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), que había sido una fuerza dominante en el estado federado desde 1990, perdió casi veinte puntos y quedó en segundo lugar con el 17,2%, frente al 37,1% de 2021.

Aunque se trata de un estado pequeño, con apenas 2,1 millones de habitantes, y el segundo más pobre de Alemania, la arrolladora victoria de la AfD podría sacudir el consenso político construido en el país después de la Segunda Guerra Mundial.

Será la primera vez desde 1945 que un partido de extrema derecha se encuentra a las puertas del poder. Esto confirma la fragmentación del sistema político alemán y erosiona la reputación del país como actor predecible y estable, una reputación crucial para su papel como mayor economía de la UE. También muestra las dificultades de los partidos tradicionales para hacer frente a la inmigración, la incertidumbre social y la inseguridad económica, cuestiones que los partidos populistas han sabido explotar.

El éxito de la AfD en Sajonia-Anhalt se debe en buena medida a su candidato principal, Ulrich Siegmund, de 35 años. Su incansable campaña, especialmente en las redes sociales, su carisma y su capacidad para explotar la desilusión de los votantes con el establishment político alemán contrastaron con las campañas mucho más convencionales de la CDU y los socialdemócratas.

Ya fuera su programa contra la inmigración, sus diatribas contra la UE, su postura favorable a Rusia o sus promesas de detener la ayuda y el envío de armas a Ucrania, cada uno de estos temas encontró eco entre los votantes. Los lemas electorales –“queremos recuperar nuestro país” y “todo es posible”–, junto con los cánticos de “somos el pueblo” en un gran mitin celebrado en Magdeburgo, la capital del estado, apelaron al sentimiento de agravio de parte del electorado. En una entrevista tras otra, los ciudadanos me hablaron de su nostalgia por los viejos tiempos de la Alemania Oriental comunista, la República Democrática Alemana. “Todo era seguro, todo era más fácil. Teníamos trabajo”, afirmó Marlies, de 71 años. “La AfD nos entiende”.

La victoria de Siegmund, el éxito general de la AfD y la forma en que el partido traduzca sus resultados electorales en el cumplimiento de sus promesas de campaña serán observados con atención por otros movimientos populistas de toda Europa, donde la inmigración, la inflación, los costes de la energía y la falta de vivienda asequible son problemas comunes.

Con elecciones previstas en Francia, Polonia y España en 2027, los partidos populistas y nacionalistas podrían tratar de imitar algunas de las tácticas de la AfD.

Tras quedarse a las puertas de la mayoría absoluta en Sajonia-Anhalt, al partido le esperan ahora unas semanas de incertidumbre. Siegmund dispone de 30 días para formar un gobierno regional. Podría asumir el riesgo de encabezar un gobierno en minoría –una opción que tendría que ser aprobada por el partido– o formar una coalición con la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), una formación de izquierda radical, favorable a Rusia y contraria a la UE, que obtuvo cinco escaños. Eso bastaría para dar a Siegmund la mayoría absoluta de 42 votos en un Parlamento de 83 escaños. También podría intentar atraer a diputados de otros partidos.

Por ahora, nada es seguro. En un mitin electoral en Magdeburgo, los simpatizantes de la AfD mostraron su rechazo a la idea de depender de la BSW.

La dirección nacional del partido ya ha pedido a la CDU que coopere. Tino Chrupalla, copresidente nacional de la AfD, afirmó que había llegado el momento de que los diputados de la CDU hicieran posible una “mayoría conservadora de centroderecha [en Sajonia-Anhalt]”.

Merz, sin embargo, mantiene la política de la llamada “Brandmauer” –“cortafuegos”–, que en esencia excluye la cooperación con la AfD, aunque a nivel local sí se producen algunos casos.

Cualquier deserción de diputados de la CDU en el Parlamento de Sajonia-Anhalt debilitaría aún más al partido en las encuestas. Sería una decisión muy impopular y otorgaría mayor legitimidad a la AfD. Además, pondría en cuestión la capacidad de Merz para mantener unido a su partido en un momento en que la AfD aventaja a la CDU en las encuestas nacionales, con un 29% frente al 21%. El canciller reconoció lo que estaba en juego. “Esto sacude a nuestro partido hasta sus cimientos”, afirmó al día siguiente de las elecciones. “No podemos simplemente seguir como hasta ahora; tampoco yo, ni el Gobierno federal […] nuestro sistema de partidos está experimentando un cambio tectónico”.

Ese sistema estaba formado por conservadores, socialdemócratas y liberales. Con la incorporación del movimiento ecologista durante la década de 1980, quedó anclado en una Constitución sólida, concebida para proteger las instituciones democráticas del país surgidas después de 1945, y en una política basada en el consenso.

El resultado de Sajonia-Anhalt desafía ese consenso de una forma que podría tener repercusiones en las próximas elecciones regionales de Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental. Allí, la AfD intentará aprovechar el impulso de este éxito.

Con esas elecciones regionales en mente, Merz insistió en que su coalición de gobierno en Berlín mantendría su nuevo programa de reformas. Este incluye una revisión de los sistemas de pensiones, sanidad y protección social, además de un aumento del gasto en infraestructuras y defensa.

Pero los partidos de la coalición afrontan un desafío fundamental: han dependido del apoyo de las generaciones de mayor edad, a las que han concedido periódicamente aumentos de las pensiones. Esto ha alejado a una generación más joven cada vez más desencantada con el statu quo político.

Merz se encuentra ahora bajo una enorme presión para recuperar la iniciativa política. Su popularidad está en mínimos desde que se convirtió en canciller en 2025. Su coalición ha pasado buena parte de su mandato enfrentada internamente sobre cómo contener las prestaciones sociales y cómo abordar las cuestiones climáticas.

Si Merz quiere sobrevivir como canciller hasta las próximas elecciones federales de 2029, debe extraer una gran lección de los repetidos éxitos de la AfD a nivel local: escuchar a los votantes y hablar con ellos. Explicar por qué sus reformas deberían funcionar y pueden hacerlo. Ser transparente con la opinión pública. Todo ello requiere tiempo. Pero Sajonia-Anhalt demuestra que el cada vez más debilitado statu quo alemán no puede permitirse ese lujo.

Artículo traducido del inglés, publicado originalmente en Carnegie Europe, el 8 de septiembre de 2026.

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