Vista aérea de la mina de tierras raras de Mountain Pass, en California, una instalación clave en la estrategia occidental para reducir la dependencia de minerales críticos chinos. 7 de abril de 2026. GETTY

La UE necesita una reserva estratégica de minerales críticos

Las medidas que las economías occidentales están adoptando para responder al control de China sobre el suministro de minerales críticos difícilmente funcionarán como se espera. Existe una alternativa más rápida, barata y eficaz.
Agathe Demarais y Daniel Gros
 |  26 de mayo de 2026

En abril, Estados Unidos y la Unión Europea anunciaron un acuerdo sobre minerales críticos con el objetivo de coordinar estándares, inversiones y mecanismos de estabilización de precios. La iniciativa se suma a la oleada reciente de legislación y estrategias destinadas a reducir la dependencia de los suministros chinos de minerales críticos, convertidos ya en una pieza central de la llamada “seguridad económica”, el concepto de moda en Bruselas, Washington y Tokio.

Se trata de pasos positivos, pero probablemente insuficientes y, sobre todo, demasiado lentos para reducir los riesgos derivados de la dependencia de minerales procesados en China. Aun así, las economías occidentales conservan una opción rápida, relativamente barata y potencialmente eficaz para afrontar este desafío: crear reservas estratégicas de minerales críticos, comprándolos cuando los precios caen por el exceso de oferta chino y liberándolos cuando Pekín restrinja el suministro.

 

El dominio chino

El control de China sobre el sector es bien conocido. Las empresas chinas concentran alrededor del 60 % de la capacidad minera mundial de minerales críticos y procesan cerca del 90 % de estos materiales. En los últimos meses, la disposición de Pekín a utilizar el acceso a minerales críticos como instrumento de presión geopolítica ha llevado a las economías occidentales a multiplicar las iniciativas destinadas a reducir la dependencia.

Estas políticas se apoyan, en general, en tres pilares. El primero consiste en desarrollar minas en territorio nacional, como prevé la Ley Europea de Materias Primas Fundamentales. El segundo pasa por impulsar el reciclaje y la llamada minería urbana, es decir, recuperar minerales críticos procedentes de baterías, vehículos eléctricos y dispositivos electrónicos al final de su vida útil. El tercero apuesta por el friend-shoring: cerrar acuerdos con países productores como Australia, Canadá o Kazajistán.

Sin embargo, esta estrategia presenta limitaciones evidentes. En primer lugar, los plazos no encajan con la urgencia del problema. En Europa, desarrollar una nueva mina puede llevar entre quince y veinte años desde el descubrimiento hasta la producción. Eso significa que muchos proyectos actuales no estarán operativos hasta la década de 2040. Del mismo modo, construir un ecosistema de reciclaje eficaz requerirá tiempo: hoy las tasas de reciclaje de tierras raras siguen por debajo del 1 %.

Además, el friend-shoring no resuelve la dependencia global de la capacidad china de procesamiento. A ello se suma que algunos acuerdos recientes de Washington con países políticamente frágiles, como la República Democrática del Congo, Zambia o Pakistán, podrían revertirse con rapidez. Por último, el sector privado occidental mantiene dudas importantes: muchos ejecutivos mineros cuestionan si existirá suficiente demanda para minerales más caros producidos fuera de China. Sin esa garantía, resulta difícil justificar inversiones multimillonarias.

 

«Una prohibición total de exportaciones sería un arma de un solo uso»

 

La narrativa dominante suele asumir que China podría imponer en cualquier momento una prohibición total de exportaciones. La realidad, sin embargo, es más compleja.

Un embargo absoluto también tendría costes importantes para Pekín. La dependencia occidental de los minerales chinos es bidireccional. Buena parte de las tierras raras exportadas por China a Estados Unidos regresan posteriormente al mercado chino en forma de compuestos procesados que las empresas del país necesitan para fabricar vehículos eléctricos y productos electrónicos. En 2024, China absorbió alrededor de tres cuartas partes de las exportaciones estadounidenses de este tipo de compuestos.

Además, una prohibición total sería un arma de un solo uso. Lanzaría al mercado la señal de que China es un proveedor poco fiable y aceleraría nuevas inversiones mineras en el resto del mundo.

 

Una alternativa más rápida y barata

Por ello, una estrategia distinta podría resultar mucho más eficaz: construir reservas estratégicas de minerales críticos. El mecanismo tendría dos fases.

La primera consistiría en comprar barato. Cuando China inunde el mercado con minerales a precios reducidos para debilitar a competidores occidentales, las reservas absorberían parte de la sobreoferta, acumulando inventarios a bajo coste y neutralizando esa estrategia de dumping. Una acumulación gradual y anticíclica permitiría además evitar subidas bruscas de precios, manteniendo contenidos los costes del programa.

Este punto es clave. Tanto en Estados Unidos como en Europa, el valor anual de las importaciones de muchos minerales críticos apenas alcanza unos cientos de millones de dólares, una cifra marginal para economías de ese tamaño. Incluso sumando costes de almacenamiento y depreciación, crear reservas resultaría mucho más barato que destinar decenas de miles de millones a desarrollar minas nacionales.

La segunda fase convertiría las reservas en un seguro frente a crisis geopolíticas. Si China decidiera restringir exportaciones y desencadenar escasez y subidas de precios, las reservas podrían liberar materiales al mercado. El sistema actuaría así tanto como protección para las empresas privadas como mecanismo de estabilización económica, capturando además parte de las ganancias extraordinarias que, de otro modo, quedarían en manos de intermediarios y operadores financieros.

El simple hecho de contar con una reserva tangible tendría también un efecto disuasorio. Frente a promesas vagas sobre seguridad de suministro, una reserva estratégica enviaría a Pekín una señal creíble de preparación. Si Estados Unidos o la UE disponen de inventarios fácilmente movilizables, la amenaza de una restricción china pierde parte de su capacidad coercitiva.

Los escépticos sostienen que Pekín intentaría impedir la creación de estas reservas. La objeción no es menor: China ha mostrado históricamente rechazo a que sus exportaciones de minerales críticos sean almacenadas estratégicamente.

Aun así, existen razones para pensar que ese obstáculo podría superarse. China tendría dificultades para rastrear el destino final de cada tonelada exportada. Los mercados de minerales son fungibles, las cadenas comerciales opacas y países procesadores como Malasia, Vietnam o Kazajistán podrían actuar como intermediarios.

Además, una acumulación lenta y gradual permitiría diversificar proveedores y recurrir a suministros no chinos si fuera necesario. Cualquier intento de Pekín de bloquear ventas a países que construyan reservas terminaría acelerando precisamente aquello que China quiere evitar: la diversificación occidental.

Occidente no partiría de cero. Los miembros de la Agencia Internacional de la Energía mantienen reservas de petróleo equivalentes al menos a noventa días de importaciones. La mayor liberación coordinada tuvo lugar en marzo de este año, cuando los países miembros pusieron en el mercado 400 millones de barriles tras el bloqueo del estrecho de Ormuz, que interrumpió cerca de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de crudo.

Las distintas liberaciones de reservas de petróleo durante las últimas décadas respondieron al mismo tipo de shocks que una reserva de minerales críticos trataría de amortiguar: guerras, crisis geopolíticas o desastres naturales.

Japón ofrece otro precedente relevante. Dependiente de las tierras raras para su industria de imanes avanzados, Tokio creó una reserva estratégica ya en 1983. La decisión resultó acertada cuando China interrumpió temporalmente las exportaciones de tierras raras tras una disputa territorial décadas después.

Estados Unidos dispone asimismo de la National Defense Stockpile, que desde 1939 acumula materiales críticos como cobre, níquel, litio y dieciséis elementos de tierras raras. Aunque su orientación es principalmente militar, demuestra que las economías occidentales pueden gestionar durante décadas la compra, almacenamiento y mantenimiento de minerales estratégicos.

 

Tres ventajas concretas

Las reservas estratégicas presentan tres ventajas principales.La primera es la velocidad. Pueden ponerse en marcha rápidamente. Los gobiernos podrían firmar contratos en cuestión de semanas y acumular inventarios relevantes en pocos meses. Aunque las reservas no sustituyen la necesidad de desarrollar nuevas minas, sí permitirían ganar tiempo mientras esas inversiones maduran.

Esa rapidez tendría además un efecto disuasorio inmediato. Frente a permisos mineros, acuerdos bilaterales o promesas políticas que tardan años en materializarse, una reserva estratégica ofrece una señal visible y creíble de preparación.

La segunda ventaja es que no requiere un compromiso inmediato del sector privado minero. Muchas empresas occidentales dudan de la rentabilidad de grandes inversiones en un contexto de incertidumbre sobre la demanda futura de minerales no chinos. Una reserva permitiría sortear temporalmente ese problema: el sector público compraría minerales en el mercado para garantizar el suministro a consumidores estratégicos.

 

«La doble estrategia china consiste en inundar el mercado con minerales baratos y utilizar su dominio del sector como instrumento de presión geopolítica»

 

La tercera ventaja es política. Un sistema de reservas podría convertirse en una plataforma de coordinación entre socios occidentales, ya sea a nivel europeo o, más adelante, en el marco del G7. El proyecto sería complejo desde el punto de vista institucional y las dudas europeas y japonesas sobre la fiabilidad estadounidense seguirían siendo un obstáculo importante. Sin embargo, la UE podría comenzar desarrollando una reserva propia antes de ampliar progresivamente la cooperación a otros socios.

El objetivo no sería construir desde el primer día una institución multilateral perfecta, sino crear un mecanismo funcional capaz de evolucionar con el tiempo y reforzar la cooperación occidental en un ámbito estratégico.

El acuerdo transatlántico sobre minerales críticos representa un avance positivo, pero sus efectos tardarán años en materializarse. Mientras tanto, una reserva estratégica permitiría neutralizar con relativa rapidez la doble estrategia china: inundar el mercado con minerales baratos y utilizar su dominio del sector como instrumento de presión geopolítica.

La materia prima más escasa en la política occidental sobre minerales críticos quizá no sea el litio, el disprosio o el escandio. Puede que sea el tiempo.

Artículo traducido del inglés, publicado originalmente en Internationale Politik Quarterly (IPQ).

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