Durante años, Estados Unidos descansó sobre la premisa de que el Sudeste Asiático pudiera comerciar con China, pero recurriendo a Washington como garante último del equilibrio regional y de seguridad. Esa idea es hoy cada vez más difícil de sostener. La encuesta de 2026 del ISEAS-Yusof Ishak Institute, realizada entre cerca de 2.000 miembros de las élites políticas y estratégicas del Sudeste Asiático, revela una creciente inquietud en la región respecto a la fiabilidad de Estados Unidos como socio.
Conviene leer este tipo de encuestas más como un barómetro político que como un veredicto definitivo. No ofrecen una fotografía exhaustiva de una región tan diversa como el sudeste asiático ni anticipan necesariamente una trayectoria irreversible. La volatilidad anual de los resultados –con oscilaciones de confianza ligadas a los cambios de administración en Washington– sugiere que reflejan, sobre todo, percepciones coyunturales de las élites más que un realineamiento estratégico permanente. Pero las percepciones de las élites influyen en la formulación de políticas, y la dirección general observada en los últimos años resulta difícil de ignorar.
La confianza de los responsables políticos del Sudeste Asiático en Estados Unidos lleva años deteriorándose. Las encuestas anuales desde 2019 muestran que la confianza en el liderazgo estadounidense cayó de forma pronunciada durante el primer mandato de Donald Trump, se recuperó parcialmente al inicio de la presidencia de Joe Biden en 2021 y 2022, y volvió a disminuir a partir de 2023.
En 2024, por primera vez, más encuestados afirmaron que el Sudeste Asiático debería alinearse con China antes que con Estados Unidos si se viera obligado a elegir entre ambas potencias. La encuesta de 2025 invirtió temporalmente esa tendencia, en gran medida porque muchos participantes esperaban que Trump adoptara una posición más firme frente a Pekín. Sin embargo, esas expectativas no se consolidaron: en 2026 China volvió a situarse ligeramente por delante, con un 52 % frente al 48 % de Estados Unidos. Además, el 51,9 % de los encuestados identificó el liderazgo de Trump como su principal preocupación geopolítica, un dato que apunta a una creciente desconfianza hacia Washington.
Aun así, interpretar estos resultados como una señal de que el Sudeste Asiático está “eligiendo a China” simplifica en exceso una realidad mucho más compleja. Las encuestas reflejan preocupaciones persistentes sobre el comportamiento chino en el mar de China Meridional y sobre el aumento de las tensiones regionales. Pero la geografía, la integración de las cadenas de suministro, la dependencia comercial y dos décadas de inversiones en infraestructuras han convertido a China en un elemento estructural del futuro económico del Sudeste Asiático. La creciente imprevisibilidad de Washington no ha hecho más que reforzar la lógica de mantener vínculos estrechos con Pekín.
La posición china es especialmente sólida en el terreno económico. El comercio entre la ASEAN y China alcanzó los 989.900 millones de dólares en 2024, equivalentes a una quinta parte del comercio total del bloque, consolidando a Pekín como principal socio comercial de la ASEAN. Las negociaciones para el Área de Libre Comercio ASEAN-China 3.0 concluyeron en 2025, ampliando el acuerdo para incorporar la economía digital, la economía verde y la conectividad de las cadenas de suministro. En comparación, las relaciones económicas entre la ASEAN y Estados Unidos siguen siendo relevantes, pero se ven eclipsadas por las amenazas arancelarias y la presión comercial procedente de Washington.
Esa percepción aparece reflejada con claridad en los datos de la encuesta. El uso de aranceles y otras medidas comerciales por parte de Washington fue señalado por el 43,4 % de los encuestados como el principal factor que podría deteriorar aún más la imagen de Estados Unidos. Los participantes también señalaron que las relaciones con una futura administración Trump podrían mejorar si Washington mostrara un mayor respeto por el derecho internacional, el libre comercio y las asociaciones estratégicas, en lugar de recurrir a medidas punitivas. La erosión de la confianza en Estados Unidos está cada vez más vinculada a su política comercial y a su estrategia económica, más que a cuestiones tradicionales de seguridad.
Este contexto ayuda a explicar por qué varios países del Sudeste Asiático están diversificando sus alianzas exteriores mediante plataformas como los BRICS o el Consejo de Cooperación del Golfo. Indonesia se ha convertido en el primer miembro del Sudeste Asiático en incorporarse a los BRICS, mientras que Malasia y Tailandia participan como países asociados. Estos movimientos responden a una estrategia de diversificación de largo plazo, impulsada por la solidaridad Sur-Sur, el atractivo de la financiación china y del Golfo sin condicionamientos políticos y factores de política interna. Las políticas de Trump han acelerado esta tendencia, transformando una tradicional estrategia de equilibrio en algo más cercano a un reposicionamiento estructural.
China parece comprender mejor que Washington el estado de ánimo regional. Pekín opera cada vez más a través de una densa red de vínculos estatales, comerciales, académicos e institucionales, ampliando su presencia mediante universidades, think tanks, gobiernos provinciales, programas de formación e iniciativas de desarrollo. También ha aprendido a trabajar de forma más fluida con las instituciones de la ASEAN, en contraste con el compromiso más intermitente y episódico de Estados Unidos con la región.
Estados Unidos llegó a disponer de una clara ventaja comparativa en este terreno. La ayuda al desarrollo, los intercambios educativos, las asociaciones universitarias y la cooperación con la sociedad civil otorgaban a Washington una capacidad de influencia social que China tenía dificultades para replicar. Sin embargo, los recortes impulsados por Trump a la ayuda exterior y a los programas de intercambio amenazan con erosionar esa ventaja precisamente en el momento en que Pekín amplía su presencia regional.
China todavía carece de la profundidad institucional de las redes estadounidenses de desarrollo y gobernanza. Pero quizá no necesite replicarlas completamente. En muchas partes del Sudeste Asiático, basta con aumentar la visibilidad allí donde Estados Unidos parece ausente para obtener beneficios políticos y estratégicos significativos. La Ruta de la Seda Sanitaria china ha evolucionado más allá de la diplomacia de las vacunas hacia el desarrollo de infraestructuras sanitarias de largo plazo. Pekín también ha reforzado su presencia en la sociedad civil mediante proyectos comunitarios de desarrollo rural en Camboya. China describe estas iniciativas como proyectos “pequeños y hermosos”: intervenciones modestas y focalizadas destinadas a construir familiaridad local más que grandes titulares internacionales.
Pese a todo, muchos países de la región siguen valorando el papel de seguridad de Estados Unidos, especialmente Filipinas, y el Sudeste Asiático continúa observando con cautela cualquier posibilidad de primacía absoluta china. Pero el hecho de que la coerción económica sea el principal factor que deteriora la percepción de Estados Unidos indica claramente dónde se está erosionando la confianza regional. China no está “ganando” la competencia en el Sudeste Asiático de forma simple ni definitiva. Sin embargo, sí se está beneficiando de la percepción creciente de que Estados Unidos se ha convertido en un socio menos fiable precisamente en los ámbitos que más preocupan a los países de la región: comercio, inversión y compromiso sostenido.
Esta tendencia todavía puede revertirse. Washington debe dejar de tratar al Sudeste Asiático únicamente como un escenario de competencia estratégica y disputas arancelarias. Necesita comprometerse con la región mediante asociaciones económicas y diplomáticas más consistentes, previsibles y duraderas. De lo contrario, el Sudeste Asiático seguirá preparándose para un futuro en el que China será inevitable y la fiabilidad estadounidense continuará siendo incierta.
Artículo traducido del inglés, publicado originalmente en East Asia Forum el 16 de mayo de 2026.
