Veinte años de “Las habitaciones de la muerte”

MYRIAM REDONDO
 |  18 de marzo de 2015

En 1995 se estrenó “Las habitaciones de la muerte”, un documental que destapaba el olvido a su suerte de las niñas en los orfanatos chinos. Marcó a una generación de televidentes con sus imágenes escabrosas y modificó la demografía internacional de las adopciones.

China instauró en 1979 una política de control de natalidad para reducir su superpoblación. Se conoció como Ley del Hijo Único, puesto que establecía que las parejas tuvieran sólo un descendiente si no querían abonar una multa. El deseo de muchas familias pobres de tener un varón –calculando que era menos oneroso que una hija– llevó a muchos padres a practicar abortos selectivos o a deshacerse de las pequeñas y probar con nuevos embarazos.

Algunos activistas y periodistas habían denunciado la existencia en los orfanatos públicos chinos de habitaciones donde se dejaba morir a las pequeñas. En 1993 el South China Morning Post publicó fotografías de un centro en Nanking donde el personal reconocía que el 90% de las niñas que entraban no volvían a salir.

Pekín había negado repetidamente las acusaciones, invitando a los periodistas extranjeros a tours por instituciones adecentadas para la ocasión. En 1995, un equipo del canal británico Channel 4 accedió a varios centros haciéndose pasar por personal de una ONG y con cámaras ocultas, ofreciendo por primera vez testimonio vivo de lo que sucedía. En España Documentos TV emitió la cinta el 19 de octubre de 1995.

Las escenas de Las habitaciones de la muerte, con muchas huellas en YouTube, eran propias de una obra de Charles Dickens: niños escuálidos, malnutridos y sucios, atados a camas o váteres de madera, grabados en salas donde no les quedaba otro futuro que el de morir por una enfermedad o necesidad remediable. La negligencia era evidente. Nadie que lo viera pudo olvidar nunca tantos ojos suplicantes y a seres como Mei-Ming (“Sin nombre”, en chino), abandonada desde hacía una semana en una de las habitaciones. Murió tres días después de la visita de los periodistas. El informe que Human Rights Watch elaboró de China aquel año era claro desde el título: Death by default (muerte por omisión).

La Ley del hijo único llevó a un brusco envejecimiento de la población china, un gran aumento en el número de abortos y esterilizaciones y la aparición de una generación de “jóvenes emperadores” inseguros, pesimistas y nerviosos, según un estudio reseñado por la agencia científica SINC. Solo en 2013 el Partido Comunista Chino relajó la aplicación de esta política, permitiendo que tuvieran dos hijos aquellas parejas sin hermanos.

China ha mantenido siempre que la medida permitió elevar el nivel de vida de sus ciudadanos más rápidamente. Para la mentalidad occidental, la norma era misógina y atentaba contra la libertad del ser humano.

El efecto más notable del documental de Channel 4 fue que generó una ola de solidaridad en forma de adopciones internacionales. España se convirtió en el segundo país del mundo con mayor  índice de menores chinas entre sus familias. El propio gobierno chino fomentó el fenómeno hasta que años más tarde empezó a ralentizar los procesos para adoptar (que pasaron de nueve meses a ocho años de espera); ya no casaban con la nueva imagen de país pujante que transmitirían los Juegos Olímpicos de Pekín (2008). En esa época, mientras en China proliferaba la publicidad respetuosa con el hijo único niña (como en el póster de la imagen), en el extranjero las solicitudes de adopción viraron a países como Rusia.

Muchas cosas han mejorado en la política de infancia china. Pero no todas. El pasado 15 de marzo un equipo de la BBC filmaba cómo a día de hoy en el país se puede adquirir un bebé por Internet. Pese a las redadas policiales, cada año se denuncia en el país asiático el robo de unos 20.000 niños, según este reportaje.


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