Luces del planeta Tierra

Los mapas del futuro

Amparo López Rovira
 |  22 de agosto de 2018

¿Siguen mostrando los mapas tradicionales la distribución real del mundo? Según el internacionalista estadounidense Parag Khanna, la cartografía estática ha dejado de describir nuestro planeta tal y como es. Los mapas tradicionales y la delimitación física de los Estados tienen cada vez menos importancia y más allá de la geografía política formal, surge un mundo real diferente donde los ríos, desembocaduras o valles pierden protagonismo a favor de recursos estratégicos o infraestructuras de gran escala. Es lo que él llama la geografía funcional. Merece la pena echar un vistazo a sus ideas, en un mundo donde lo viejo y lo nuevo luchan por captar nuestra atención.

En Conectografía, Khanna invita a comparar el planeta con el cuerpo humano, como un ente dinámico. El esqueleto es el sistema de transporte de carreteras, ferrocarriles, puentes y túneles, aeropuertos y puertos que permiten movilidad entre los continentes. El sistema vascular, que da energía al cuerpo, son los oleoductos, gaseoductos y cables eléctricos. Por último, el sistema nervioso lo conforman los cables de Internet, las redes de telefonía y los centros de datos, que ayudan a compartir información.

Las cadenas de suministro y su seguridad se han ido convirtiendo en algo más relevante que el propio mantenimiento de fronteras a la hora de tomar decisiones políticas o geoestratégicas. En otras palabras, la batalla de la geopolítica ya no se basa en el territorio en sí, sino en la conectividad de este. A esto es a lo que se refiere Khanna cuando habla de “conectografía” o “geografía funcional”. Se trata de medir las posibilidades de las personas y las comunidades en función de su capacidad para poner en común sus intereses.

Las cifras no dejan lugar a dudas. En el mundo hay 64 millones de kilómetros de carreteras, cuatro millones de líneas de ferrocarril, dos millones de kilómetros de tuberías y un millón de kilómetros de cables de Internet. Sin embargo, en una línea recta las fronteras políticas de este planeta no llegan al medio millón de kilómetros. Por otro lado, el gasto en establecer vías de comunicación (y por tanto en colaboración) entre zonas superprobladas supera el gasto mundial en defensa.

 

Mundo de ciudades

Desde la década de los cincuenta, las ciudades están tomando una importancia sin precedentes, creando zonas económicas cruciales a la hora de hablar del desarrollo de una región o un país. Es más, se podría decir que hoy son las ciudades las que definen a los países, y no al revés. Según Khanna, en 2030 tendremos cincuenta grupos de “megaciudades” que marcarán las fronteras económicas reales, y más del 70% de la población mundial vivirá en ellas. Ciudades que no serán simples puntos en el mapa sino que se verán como un archipiélago que abarcará cientos de kilómetros.

Asia, por ejemplo, es el continente de las megaciudades por excelencia. Hong Kong y Pekín son un ejemplo claro. Estas ciudades han dejado de competir entre ellas para aliarse y crecer en distintos niveles: turismo, finanzas, sostenibilidad, industria… En China, las megalópolis están juntando poblaciones que alcanzan los 100 millones de personas. Además, han puesto en funcionamiento una red de transporte interno que permite a sus habitantes desplazarse y moverse para trabajar y consumir. Esta movilidad se traduce en dos billones de dólares en las más de 20 zonas en las que el país está dividido.

Para Khanna, el reto está en lograr una conectividad efectiva entre estas megaciudades y su entorno. “El futuro está en las grandes metrópolis, pero es imprescindible que sus zonas rurales también estén conectadas y no suceda como en Indonesia, donde Jakarta no tiene nada que ver con el resto del país”.

 

Nuevos mapas, nuevos conflictos

En un futuro no muy lejano, los conflictos tendrán que ver cada vez más con este orden distribuido que con cuestiones relativas a las fronteras políticas heredadas. En este contexto, Khanna apunta que el conflicto entre Rusia y Ucrania por la península de Crimea no solo se basa en reivindicaciones patrióticas: el interés estratégico por el control del transporte de gas a Europa también juega un papel importante.

Hay regiones, sin embargo, donde los mapas tradicionales siguen pesando, resistiéndose a entrar en el nuevo orden global vislumbrado por Khanna. Oriente Próximo, por ejemplo, donde las fronteras y los fanatismos religiosos e ideológicos se imponen todavía a la cooperación y el pragmatismo. O Norteamérica, donde el presidente de Estados Unidos ha recuperado la tradicional idea de frontera, pero para despojarla de su halo mesiánico y de progreso, convirtiéndola en un elemento de resistencia y asilamiento.

Khanna no se da por vencido y aboga por darle una vuelta de tuerca al asunto, promoviendo la conectividad como un camino hacia la paz. Y nos pide que miremos hacia África, por ejemplo, donde las fronteras se diluyen poco a poco, mientras se invierte en infraestructuras para que los países sin salida al mar puedan llevar sus productos al mercado, lo que al final se traducirá en evolución y desarrollo.

 

 

Conferencia TED de Parag Khanna «Cómo las megaciudades están cambiando el mapa del mundo»

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