Morales estrecha la mano de Bolsonaro durante las ceremonias de toma de posesión del presidente brasileño, el 1 de enero de 2019. PALÁCIO DO PLANALTO/MARCOS CORRÊA/PR

Malas compañías: Morales y el dilema Bolsonaro

FRANZ FLORES CASTRO
 |  21 de enero de 2019

Enero de 2019 será recordado como un mes fatal para las relaciones exteriores de Bolivia, cuyo gobierno de izquierda no sabe bien cómo acomodarse al nuevo esquema internacional donde varios líderes de derecha han tomado las riendas de su país, entre ellos Brasil, con mucho el socio comercial más importante de Bolivia. El 1 de enero Evo Morales viajo a Brasilia para asistir a la toma de posesión de Jair Bolsonaro como nuevo presidente de Brasil. Este no era un acontecimiento cualquiera: la presencia de Morales en Brasilia rezumó soledad, puesto que aliados importantes como Nicolás Maduro, Daniel Ortega o Miguel Díaz-Canel no fueron invitados a petición del propio Bolsonaro; no hay que olvidar, además, que el líder más importante de la izquierda suramericana, Luiz Inácio Lula da Silva, cumple prisión en Brasilia. Sin embargo, Morales hizo todo lo posible para parecer un desentendido: felicitó a Bolsonaro, le dio la mano y, en un sorpresivo tuit, lo llamó hermano. Además, Morales no se animó a solicitar una visita carcelaria a su admirado Lula, ni tuvo grandes declaraciones contrarias a la ideología conservadora de Bolsonaro: su comportamiento se desarrolló según las reglas que el protocolo exigía.

Que un líder como Morales –que permanentemente califica el encarcelamiento de Lula y el juicio político contra Dilma Roussef como actos serviles de la derecha latinoamericana a los dictámenes de Estados Unidos– tenga esta muestra de diplomacia con alguien como el nuevo presidente de Brasil es, cuando menos, curioso. Sin embargo, esto se aclara cuando se constata que Brasil es el socio comercial más importante de Bolivia, que en 2015 exportó a Brasil por un valor de 1.600 millones de dólares, de los cuales el 95% es gas, el recurso natural que mantiene a Morales en el poder. Dicho de otra manera, en las manos del nuevo inquilino del palacio de Planalto está no solo la estabilidad en el flujo de divisas a Bolivia, sino también la renovación del contrato de venta de gas de Bolivia en el presente año. Un cambio en los términos de la venta de gas a Brasil puede ser fatal para la economía y, por supuesto para la gobernabilidad de Morales y sus ambiciones reeleccionistas.

Con todo, la clave para entender esta súbita amabilidad de Morales con Bolsonaro radica en el miedo que tiene la diplomacia boliviana de que el perfil anticomunista y antichavista del nuevo presidente de Brasil termine por teñir o contaminar las relaciones entre ambos países. Si bien hay varios asuntos donde se pueden establecer acuerdos (la frontera común es de 3.423 kilómetros cuadrados) como la cuestión energética, la ecología o las drogas ilícitas, el temor de la diplomacia boliviana es que esta agenda se supedite al objetivo de eliminar o debilitar a Morales, quien, a todas luces, es uno de los más importantes respaldos del archienemigo de Bolsonaro: Maduro.

 

El caso Battisti

El gobierno de Morales, en este contexto, tiene poco margen de maniobra. No puede dar un giro ideológico hasta el punto de negar su pasado, y prueba de que no lo hará es la asistencia de Morales a la investidura de Maduro y su militante defensa de la legitimidad del gobierno venezolano. Pero si bien no puede alejarse de su ideología, a cambio puede realizar algunas acciones que ayuden a potenciar el capital político de Bolsonaro, quien, pese a su amplio triunfo electoral en segunda vuelta, tiene fuertes desafíos de gobernabilidad y necesita mostrar medidas que aplauda su base política y electoral.

Aquí entraría en juego Cesare Battisti. El 13 de enero fue detenido en la ciudad de Santa Cruz este terrorista italiano, militante de Proletarios Armados por el Comunismo. En 1979, Battisti fue acusado de varios asesinatos y condenado por la justicia de su país. Desde ese momento, inició un periplo de permanente fugitivo, pasando por Francia y México. Finalmente, Battisti recibió el amparo del gobierno de Lula da Silva, que le dio status de refugiado primero y residente permanente después. Battisti, conocedor de que el cambio de gobierno de Brasil ponía en riesgo su libertad y de que su detención iba a ser un dorado trofeo para Bolsonaro, se trasladó a Bolivia donde, suponía, su libertad estaba asegurada.

Nada de esto pasó. El gobierno boliviano, en una coordinación perfecta con las autoridades de Brasil, detuvo al súbdito italiano en cuestión de horas, le negó su solicitud de refugiado y lo despachó a Brasil, desde donde voló a Italia, camino de una cárcel de máxima seguridad. El gobierno socialista del MAS daba así un gran regalo a Bolsonaro que, de esta manera, ha podido dar muestra fehaciente a sus electores anticomunistas de que cumple su promesa de desandar el camino de los gobiernos de Lula y Rouseff, mandando a la cárcel a uno de sus amigos.

Por contrapartida, este gesto de Morales ha generado tensión dentro del partido de gobierno. Inmediatamente, se alzaron voces críticas y contrarias a esta medida como quizá nunca antes había pasado dentro del MAS. Un exministro de gobierno, un líder de las juventudes del MAS, el hermano del vicepresidente y varios otros señalaron que se habían violado los derechos de Battisti, que lo que correspondía era un juicio previo a la extradición. Uno de ellos indicó que se encontraba avergonzado del MAS, mientras que otros pedían la renuncia del ministro de gobierno, Carlos Romero, a la vez que anunciaban un grave costo político para Morales.

Así, queda claro que la estrategia boliviana para acercarse a Brasil es la de ceder en aquellos aspectos no ideológicos, con gestos y acciones que ayuden a reforzar la popularidad de Bolsonaro y con ello granjearse su simpatía. Es razonable suponer que Bolivia en este año tratará de tomar más en serio el asunto del narcotráfico, otro de los asuntos clave para Brasil, donde Bolsonaro puede abonarse triunfos políticos y el gobierno de Bolivia mantener la venta de gas a Brasil.

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