¿Paz en Europa? Nobel, Habermas y la constitución europea

 |  10 de diciembre de 2012

 

Han pasado más de sesenta años desde que la semilla de la paz se plantase en suelo europeo, tras las siglas de la CECA. Desde la Comunidad Europea del Carbón y del Acero la mayoría de los países del viejo continente han ido estrechando lazos, hasta llegar a lo que hoy se conoce como Unión Europea. El 10 de diciembre, uno de los proyectos políticos más complejos y ambiciosos de la modernidad recibe el premio Nobel de la Paz. Según el comité del galardón, la UE ha sido premiada por “su contribución al avance de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa”.

En el último número de Política Exterior contamos con la firma de uno de los grandes intelectuales europeos, el filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas. Su diagnóstico del momento que vive el continente, ahora que recibe el Nobel de la Paz, no es alentador. Según Habermas, la falta de coraje y de perspectivas de las élites europeas ante la crisis está poniendo en riesgo el proyecto histórico de la UE.

“En la crisis actual se puede oír a menudo la pregunta de por qué deberíamos aferrarnos a la UE –afirma Habermas–, e incluso, al viejo objetivo de una ‘unión política, cada vez más estrecha’, ya que el motivo original consistente en hacer imposibles las guerras en Europa se habría agotado”. El premio Nobel de la Paz busca reconocer la magnitud de ese logro y, por qué no, dar impulso a un proyecto, como tantas otras veces a lo largo de su historia, en horas bajas.

De acuerdo con Habermas, la solución pasaría por recuperar la dimensión política y constitucional. En primer lugar, mirar más allá de la economía. “El debate actual –advierte Habermas– se ha estrechado en dirección de las salidas inmediatas de la presente crisis bancaria, monetaria y de endeudamiento, y con ello ha perdido de vista la dimensión política”. Y en segundo lugar, avanzar hacia “una Europa capacitada políticamente para actuar y legitimada democráticamente”.

Hasta ahora, según Habermas, el proyecto europeo ha sido gestionado a puerta cerrada. “Frente al tremendo peso de los problemas sería de esperar que los políticos pusieran por fin –sin añadir ningún pero– las cartas europeas sobre la mesa e informasen con claridad a la población sobre la relación de costes a corto plazo y los beneficios verdaderos, es decir, sobre el significado histórico del proyecto europeo”, reclama el filósofo alemán.

Los líderes europeos deberían superar su miedo a los estados de ánimo demoscópicos y confiar en la fuerza persuasiva de los buenos argumentos. Por el momento, la política parece contener el aliento y agachar la cabeza en el umbral de la unificación económica y política de Europa. ¿Por qué este hacerse el muerto?, se pregunta el representante más sobresaliente de la segunda generación de filósofos de la Escuela de Fráncfort. Quizá el Nobel de la Paz despierte algunas conciencias.

 

El artículo de Habermas para Política Exterior 151 (noviembre-diciembre de 2012) es un extracto del reciente ensayo del autor:

La constitución de Europa, de Jürgen Habermas. Editorial Trotta. Madrid, 2012. 128 págs. 15 euros.

 

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