POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 150

Democracia y desigualdad: del 1%, por el 1%, para el 1%

JOSEPH E. STIGLITZ
 | 

La creciente desigualdad económica se traduce en una menor igualdad de oportunidades para los ciudadanos. Distribuir mal la riqueza socava la eficiencia de la economía y deslegitima la democracia.

Es inútil fingir que lo que ocurre en realidad no ocurre. Actualmente, el uno por cien más rico de los ciudadanos estadounidenses se lleva casi un cuarto de los ingresos del país, cada año. El uno por cien de los más ricos controla el 40 por cien de la riqueza del país. Su destino es mucho más halagüeño que en el pasado. Hace 25 años, el 12 por cien de los más ricos controlaba el 33 por cien de la riqueza. Habrá quien celebre el ingenio que ha llevado la buena fortuna a esas personas y habrá quien argumente que la marea alta hace subir a todas las barcas. Se trataría no obstante de posturas llamadas a engaño.

Mientras que ese uno por cien más rico ha visto sus ingresos incrementarse en un 18 por cien durante la última década, quienes ocupan la mitad inferior de la tabla han visto los suyos caer. Además, los ingresos de los hombres con solo estudios secundarios han sufrido un descalabro, menguando un 12 por cien en el último cuarto de siglo. Solo se han beneficiado del crecimiento de las últimas décadas –y más allá– los más ricos. En términos de igualdad de ingresos, Estados Unidos se sitúa por detrás de todos los países de esa Europa “fosilizada” que el presidente George W. Bush solía ridiculizar. Entre nuestros pares se encuentran Rusia, con sus oligarcas, e Irán. Mientras que muchos de los antiguos epicentros de desigualdad de América Latina, como Brasil, se han esforzado en los últimos años –con bastante éxito– por aliviar las dificultades de los más desfavorecidos y reducir la brecha entre los…

PARA LEER EL ARTÍCULO COMPLETO