La visita de Estado de dos días que Xi Jinping realizó a Corea del Norte en junio de 2026 constituye una señal inequívoca de que Pekín está trabajando para reforzar una relación tradicionalmente compleja con Pyongyang. En menos de una década, los vínculos entre China y su único aliado formal han pasado de atravesar uno de sus momentos más tensos a recuperar un tono de estrecha cooperación.
El viaje convirtió a Xi en el primer líder de la República Popular China en 40 años que realiza dos visitas oficiales a Corea del Norte. La primera, en 2019, coincidió con un importante deshielo de las relaciones bilaterales. Solo Deng Xiaoping había viajado dos veces a Pyongyang durante su mandato, en 1978 y 1982. Sus sucesores, Jiang Zemin y Hu Jintao, realizaron una única visita cada uno, mientras que Mao Zedong nunca viajó al país, pese a haber tomado dos decisiones fundamentales para la supervivencia del régimen norcoreano: enviar tropas chinas durante la guerra de Corea en 1950 y firmar el tratado de defensa mutua de 1961. (No se incluyen aquí las numerosas visitas de dirigentes norcoreanos a China).
De “Kim el Gordo” a socio estratégico
En China, donde el simbolismo y la diplomacia protocolaria tienen un enorme peso y los viajes oficiales se planifican con extraordinario cuidado, la presencia de Xi en Pyongyang estuvo cargada de significado. No solo fue una escenificación cuidadosamente diseñada, sino también su primer viaje al extranjero del año. Además, se produjo apenas unas semanas después de recibir en Pekín, de forma consecutiva, al presidente estadounidense Donald Trump y al presidente ruso Vladímir Putin.
Para comprender la importancia de la cumbre entre Xi y Kim conviene recordar que hace menos de diez años las relaciones entre ambos países atravesaban uno de sus peores momentos. Corea del Norte realizaba de forma rutinaria ensayos nucleares y lanzamientos de misiles sin consultar ni siquiera informar previamente a Pekín. Ese comportamiento resultaba impropio de un aliado formal y provocaba irritación y embarazosas situaciones para su principal protector y, con diferencia, su socio económico más importante.
Una broma que circuló en la red social china Weibo en 2015 resumía el malestar popular por las continuas provocaciones norcoreanas y la incapacidad de Pekín para contener a su pequeño vecino: Corea del Norte le dice a China: “Hermano mayor, tengo algo que comentar. Quiero lanzar un misil nuclear”. China responde: “¿Cuándo?”. Corea del Norte: “¡Tres!”. China: “¿Tres meses?”. Corea del Norte: “¡Dos!”. China: “¿Dos meses?”. Corea del Norte: “¡Uno! Ya está lanzado”. China: “¡La madre que te…!”.
Muchos ciudadanos chinos consideraban a Corea del Norte un aliado desagradecido. China había sacrificado enormes recursos humanos y materiales durante la guerra de Corea para salvar al régimen de la familia Kim, pero Pyongyang parecía responder con una sucesión de humillaciones diplomáticas. Según diversas informaciones, Xi Jinping sentía una profunda antipatía hacia Kim Jong-un, mientras que numerosos internautas chinos se referían a él de forma despectiva como “Kim el Gordo III” (金三胖).
Sin embargo, a medida que Pekín emprendía un proceso de rehabilitación política de Pyongyang, la censura china comenzó a eliminar ese tipo de referencias en internet. Paralelamente, la opinión pública evolucionó de forma notable. Una encuesta realizada en 2025 mostraba que el 76% de los encuestados consideraba a Corea del Norte un país amigo de China, solo por detrás de Rusia.
Xi necesita a Kim para el equilibrio regional
La visita de Xi pretendía, en primer lugar, transmitir respeto hacia Corea del Norte y reforzar el prestigio de Kim Jong-un. Apenas un mes después de recibir consecutivamente a Trump y Putin en Pekín, el dirigente chino acudió a Pyongyang acompañado por una nutrida delegación que incluía a su esposa, Peng Liyuan, así como a varios ministros.
En segundo lugar, China necesita a Corea del Norte para sostener el equilibrio estratégico en el noreste asiático. Desde la perspectiva de Pekín, la correlación de fuerzas favorece claramente a Estados Unidos. Aunque geográficamente Washington no pertenece a la región, actúa como una potencia norasiática gracias a sus alianzas con Japón y Corea del Sur, dos países con economías avanzadas y fuerzas armadas altamente desarrolladas.
Frente a ellos, Corea del Norte continúa siendo una economía profundamente debilitada y mantiene unas fuerzas convencionales numerosas, aunque de eficacia discutible. Si bien dispone de un arsenal nuclear significativo, Pyongyang no coordina sus políticas económicas ni de defensa con Pekín. Aun así, Corea del Norte sigue siendo un activo estratégico irremplazable para China.
Pekín responde al acercamiento entre Moscú y Pyongyang
La visita también perseguía consolidar y ampliar la influencia china frente al creciente protagonismo de Rusia en Corea del Norte. El respaldo de Pyongyang a la invasión rusa de Ucrania ha permitido a Moscú recuperar una posición relevante en el noreste asiático tras años de escasa presencia en la región. Pekín considera la península coreana parte de su esfera tradicional de influencia y observa ese retorno ruso con evidente incomodidad.
Corea del Norte ha suministrado a Rusia grandes cantidades de munición y, según estimaciones occidentales, al menos diez mil soldados. A cambio, Moscú ha proporcionado tecnología militar, apoyo financiero y cooperación estratégica. En junio de 2024, Vladímir Putin visitó Pyongyang por primera vez en veinticuatro años para firmar con Kim Jong-un el Tratado de Asociación Estratégica Integral entre Rusia y Corea del Norte, un acuerdo que simbolizó el renovado acercamiento entre ambos países.
Con su visita, Xi quiso recordar a Kim que, aunque Moscú pueda ser un socio útil, Pekín sigue siendo un aliado insustituible. Cerca del 90% del comercio exterior norcoreano depende de China, que suministra buena parte del petróleo y los alimentos que necesita el régimen. Además, es su principal fuente de visitantes extranjeros y de divisas. Y, en caso de una amenaza militar contra Pyongyang, ningún otro país estaría en mejores condiciones de garantizar la supervivencia del régimen de la familia Kim.
De problema estratégico a activo indispensable
Para Pekín, Corea del Norte ha dejado de ser un incómodo factor de inestabilidad para convertirse nuevamente en un activo estratégico de primer orden. China busca fortalecer de manera integral la relación bilateral, impulsada tanto por la creciente sintonía entre Moscú y Pyongyang como por la posibilidad –aunque remota– de un nuevo acercamiento entre Estados Unidos y Corea del Norte, alimentado por el interés personal que Donald Trump ha mostrado reiteradamente hacia Kim Jong-un.
Desde la perspectiva china, esa posibilidad no puede descartarse. De hecho, el repentino interés de Xi por reunirse por primera vez con Kim en mayo de 2018 estuvo motivado por la inminente cumbre entre Trump y el líder norcoreano celebrada en Singapur un mes después.
A ojos de Pekín, Corea del Norte vuelve a ser un escenario de intensa competencia geopolítica. Y Xi Jinping ha decidido actuar para asegurarse de que la influencia decisiva siga estando en manos de China.
Artículo traducido del inglés, publicado originalmente el 24 de junio de 2026 en MERICS.



