La bandera nacional del Reino Unido, la Union Jack y la bandera de la UE en la sede del Consejo Europeo en Bruselas, el 17 de enero de 2020. GETTY

Agenda Exterior: la UE pos-Brexit

Agenda Exterior
 |  31 de enero de 2020

El 31 de enero, a las 11 de la noche hora local (12 de la madrugada del 1 de febrero en horario continental), Reino Unido dejará de formar parte de la Unión Europea. Es la primera vez que un Estado miembro abandona la Unión. Hecho que se agrava por el peso que este Estado en concreto ocupa dentro de ella: su segunda mayor economía, y el único país –junto a Francia– con un arsenal nuclear y asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Preguntamos a los expertos qué implicará el Brexit para la UE más allá de sus fronteras.

 

Reino Unido ya se ha ido. ¿Y ahora qué?

 

POL MORILLAS | Director del CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs). @polmorillas

Ahora toca poner las luces largas. Mientras se negocie la futura relación entre la UE y Reino Unido durante el (cortísimo) periodo transitorio, se estará redefiniendo también la interlocución de la UE con sus socios estratégicos.

Las mejores relaciones exteriores que la UE ha fraguado hasta la fecha han sido aquellas con los países que anhelaban formar parte del club comunitario. La ampliación ha sido la verdadera política transformadora de la UE y, en su defecto, la política de vecindad también ha cosechado ciertos éxitos. No hay precedente de relaciones estratégicas con un socio que desea alejarse de la Unión.

En el post-Brexit tampoco valdrán marcos conceptuales como el poder normativo y de atracción de la UE o los incentivos ligados a la ampliación o vecindad. Si valdrán, no obstante, la tozudez de la geografía (“Reino Unido sale de la UE pero no de Europa”, mantra sobradamente repetido) y de los flujos comerciales, con destino mayoritario al continente.

Otro paradigma existente, el de las relaciones con potencias internacionales, es menos alentador: con Estados Unidos, la UE se pregunta hoy si puede seguir confiando en su paraguas de seguridad y en el aliado estratégico que siempre fue; y con otras potencias internacionales, como China o Rusia, la división interna entre Estados miembros dificulta una posición común.

Del 1 de febrero al 31 de diciembre de 2020, la UE no estará redefiniendo solamente sus relaciones con Reino Unido, sino que empezará a escribir una nueva página de la historia de la integración: cómo relacionarse con antiguos miembros y que estos se conviertan en socios y no rivales estratégicos.

 

ANA PALACIO | Ministra de Asuntos Exteriores entre 2002 y 2004. @anapalacio

Tenemos que cambiar el chip. Superar el aturdimiento y la confusión. Salir del agujero negro de energías y recursos que Brexit ha supuesto. Hemos de interiorizar que el 31 de enero de 2020 no es el final, ni tan siquiera el principio del final. Estamos en el final del principio del vínculo entre la UE y Reino Unido que hemos de construir. De la reflexión necesaria sobre el propio proyecto europeo, que resulta inaplazable.

 

NIKA PRISLAN | Directora de programas de Aspen Institute-España. @nprisl

Desde que se anunció el referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la UE se ha invertido mucho tiempo y esfuerzo en cómo llevar a cabo su salida. Sin embargo, ahora que el Brexit es un hecho definitivo, Europa debe reaccionar rápidamente para llenar el importante vacío que deja. Aunque en ocasiones Reino Unido ha sido un socio incómodo, también ha tenido durante años un papel clave en proyectos como la construcción del Mercado Único o la ampliación de Europa hacia el Este. Además, su relación especial con EEUU o su fuerte tradición de liberalismo económico han traído valor añadido a Europa, suponiendo un contrapeso a otras corrientes predominantes en la Europa continental.

Una vez fuera Reino Unido del club comunitario, es posible que se creen oportunidades para progresar en una unión cada vez más estrecha entre los pueblos europeos en ámbitos de fiscalidad o integración política, entre otros. Sin embargo, el vacío que deja un socio tan importante desde hace casi cinco décadas no podrá ser reemplazado fácilmente; ninguna institución europea o Estado miembro podrá desempeñar el papel trascendental de Londres, tanto a nivel de relaciones transatlánticas, de influencia socio-económica o incluso de apuesta por la digitalización y las nuevas tecnologías. ¿Serán capaces Francia o España de relevar Reino Unido en su papel protagonista vis a vis de EEUU? ¿Lo será Alemania de impulsar una nueva ola de avances digitales? Son algunas de las cuestiones a resolver. Por tanto, la UE tiene que resolver rápidamente cómo rellenar dicho vacío, primero, a nivel interno, y segundo, en colaboración con Reino Unido, para mantener en su campo de visión el espíritu británico que tanto ha aportado a nuestra Europa.

 

Rubén Ruiz Ramas | Profesor del Departamento de Ciencia Política y Sociología de la UNED. @RuizRamas

El Reino Unido aportaba músculo financiero y comercial, así como el valor de su sistema de conocimiento y la calidad de su gobernanza pública y privada. Omito la experiencia de su diplomacia, ya que es debatible que jugase a menudo en favor de la Unión. La pérdida cuantitativa es incuestionable: máxime si pensamos en la UE “realmente existente” cuando emerge el Brexit: bloqueada en su proceso de integración política y social, con una política exterior y de seguridad de mínimos a pesar de la PESC y la PCSD. En esa UE, el Brexit provoca un daño cuantitativo y un menoscabo del potencial performativo nada desdeñables.

Ahora bien, los gobernantes del Reino Unido se empeñaban en ser un lastre para que la UE diera un salto cualitativo en su integración política, el avance de garantías sociales en el ámbito de la Unión, o la conversión de la UE en un actor global y no la suma de muy diversas voces. No ha sido el único Estado miembro en sostener tal empeño, por más que todos los gobiernos hayan apretado las filas en la negociación del Brexit. Los obstáculos para esa UE política, social y global permanecen: urge que unos presionen para que otros se decidan y que así el lastre se desvanezca.

El contexto es el que es: el Grupo de Visegrado, Salvini, Le Pen, sin olvidar al espectro de Mélenchon o el auge de Vox. Pero las reformas más profundas llegan cuando se detectan amenazas existenciales, ya sean internas o externas. Y hay signos de que al capital y establishment europeo se le ha encendido la bombilla presenciando la guerra comercial de EEUU y China. Monnet advirtió que los Estados europeos eran demasiado pequeños para ser relevantes en un futuro postcolonial. Unirse era de interés dentro y fuera de Europa. Pero ese salto cualitativo en la integración requiere no contemporizar más con los síntomas y dolencias del Brexit. Que, en esencia, son los de la globalización. Así cabe entender la iniciativa de la Comisión Europea para que los Estados miembros establezcan salarios mínimos dignos (el 60% del salario medio, margen aventurado por el gobierno de coalición español para la legislatura).

Si la amenaza soviética justificó el Estado de Bienestar en los Estados-nación europeos, la amenaza de la irrelevancia global bien podría justificar el Estado de Bienestar de la UE. Si así se decide y hay que soltar lastre, siempre que sea al este del Danubio, ¿qué lo frenaría?

 

Ernest Urtasun | Vicepresidente de Los Verdes en el Parlamento Europeo y miembro de En Comú Podem. @ernesturtasun

Reino Unido y la UE tienen interés en seguir cooperando tanto en materia de defensa como en política exterior. Es evidente que una no-participación de Londres en ambos frentes debilita muchísimo la posición de la Unión. El problema en estos momentos es que la tendencia natural del Reino Unido con Boris Johnson al frente y Donald Trump en la Casa Blanca es la de alinearse constantemente con las posiciones norteamericanas. Prueba de ello es la cuestión de Irán y el acuerdo nuclear: se ha activado el mecanismo de resolución de conflictos, paso previo para anular el acuerdo, básicamente porque Reino Unido lo ha pedido, rompiendo la unidad europea.

Con Johnson y Trump tendremos una dinámica complicada, en la que Reino Unido funcionara más que nunca como palanca de influencia de los norteamericanos en cuestiones de política exterior. Aunque eso ya era un poco así estando Reino Unido en la UE, ahora la tendencia será peor. Con una dinámica distinta –en EEUU tras las elecciones presidenciales de noviembre, y a la espera de lo que pueda ocurrir en Reino Unido–, la UE debería aspirar a de alguna manera recoser la relación con UK tanto en defensa como en política exterior. Pero a corto plazo será complicado.

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