Cuando los líderes aliados se reúnan este martes y miércoles en Ankara, no discutirán cómo retener a Estados Unidos en la defensa de Europa, sino cómo prepararse para una OTAN con menos cobertura estadounidense. Ese matiz distingue la primera cumbre de la Alianza en suelo turco desde 2004 de la celebrada hace un año en La Haya, cuando los europeos aún confiaban en que una mezcla de halagos, gestos simbólicos y promesas de gasto bastaría para convencer a Donald Trump.
En el léxico de Washington, el reparto de cargas ha dado paso al traspaso de responsabilidades, apunta el analista Stephen Wertheim, del Carnegie Endowment, que advierte de que esta deriva “es más profunda que Trump y le sobrevivirá”. Trump no es un episodio pasajero tras el cual volverá el business as usual en la relación transatlántica.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha puesto en marcha una revisión de hasta seis meses del despliegue estadounidense en Europa. Trump, que ha llegado a calificar a la OTAN de “tigre de papel”, lo resumió sin rodeos: EEUU no necesita el dinero de los europeos, sino su lealtad.
Ese reajuste ha calado también en la opinión pública. Un sondeo del…

Ankara, la cumbre del repliegue estadounidense


