POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 124

Brasil, seguridad energética y política regional

ALFONSO DANIELS
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Un hombre con barba blanca y  gafas caminaba rápido saltando  sobre charcos inmundos en  medio de la penumbra en el Barrio Herrera,  uno de los más miserables y peligrosos  de Asunción en Paraguay, rodeado  de decenas de seguidores  tocando tambores, agitando banderas,  algunas de ellas con la estrella roja, y  gritando “El pueblo unido jamás será  vencido”.

Es difícil imaginar que este  hombre, el ex obispo católico Fernando  Lugo, de 56 años, ganador de las  elecciones paraguayas del pasado  abril, haya reabierto, antes incluso de  llegar a la presidencia, el debate energético  con su gran vecino, Brasil.

Lugo se ha comprometido a que el  próximo 15 de agosto, cuando asuma  la presidencia de Paraguay –uno de los  países más corruptos del mundo, donde  un tercio de sus 6,5 millones de habitantes  vive con menos de dos dólares  al día y con dos millones de ciudadanos  en exilio económico– planteará a  Brasilia la renegociación del contrato o  el incremento del precio de la energía  que vende a Brasil la central hidroeléctrica  de Itaipú, situada en territorio paraguayo.  La de Itaipú suministra alrededor  del 20 por cien de las necesidades  de energía eléctrica brasileñas.

El acuerdo firmado entre Paraguay  y Brasil en 1973, en tiempos de la  dictadura militar y vigente por medio  siglo, divide en partes iguales entre  los dos países las 20 turbinas generadoras  de energía de la central. Paraguay  sólo consume energía de una de  ellas, con lo que cubre el 95 por cien  de sus necesidades energéticas, y vende  el resto a su vecino, a precios considerados  por la mayoría de los expertos  por debajo del mercado. Brasil,  por su parte, recuerda que fueron  ellos quienes cubrieron el coste de  construcción de la central.

“El tema es el precio de la energía  que se dona, se regala…

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