POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 178

Catar y las tensas relaciones con sus vecinos del Golfo

ALBERTO PRIEGO
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Una pequeña península del Golfo cuenta con las terceras reservas mundiales de gas natural y el medio de comunicación árabe más influyente. Riad quiere limitar el poder e independencia de Doha.

La crisis entre Catar y Arabia Saudí es una muestra más de una realidad que se viene repitiendo desde hace varias décadas: la tensión entre Doha y Riad. Se trata de una rivalidad entre dos Estados que, con visiones no tanto antagónicas como diferentes, pugnan por liderar el mundo árabe. Por un lado, Arabia Saudí, custodio de los santos lugares del islam y líder del mundo suní, pretende afianzarse como referente político y religioso de la Ummah. Por otro, Catar trata de presentarse como una alternativa, promoviendo una imagen de moderación pública, al tiempo que mantiene una visión rigorista del islam y evita la confrontación con Occidente. Los desencuentros entre los dos países han sido constantes, sobre todo durante el reinado del anterior emir, Hamad bin Jalifa al Thani, quien puede ser considerado el artífice del Catar moderno. Su hijo, el actual emir Tamim bin Hamad al Thani, llegó con una visión más cercana a Riad, pero los últimos acontecimientos parecen demostrar que las posiciones políticas de Doha no tienen una influencia directa en la relación bilateral con Riad.

 

Catar, una perla en el Golfo

El Estado de Catar es un pequeño territorio que apenas llega a los 10.000 kilómetros cuadrados, pero posee una capacidad energética desproporcionada a su tamaño: 43 trillones de metros cúbicos de gas natural. Todo lo que le ha dado la naturaleza es un subsuelo rico en hidrocarburos ya que, ni su clima extremo ni su situación geográfica son favorables para el desarrollo de su proyecto nacional. La “península”, como suele conocerse Catar, está rodeada de agresivas potencias regionales (Irak, Irán y Arabia Saudí,…

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