POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 127

El año de la crisis

EDITORIAL
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Una crisis financiera puede derivar en crisis económica, como acaba de suceder primero en Estados Unidos, después en Europa y casi de inmediato en el mundo. La crisis nos recuerda que todo, en la sociedad internacional, vive en movimiento permanente. Estas obviedades de manual tienen, sin embargo, una parte de verdad. No se conocen etapas de estabilidad en el mundo, ni siquiera en los años de Marco Aurelio a Cómodo, que Edward Gibbon gustaba de poner como ejemplo. La apariencia de paz contiene siempre tensiones, enfrentamientos, decadencias, sorprendentes ascensos. Benjamin Franklin no sospechaba que la Declaración de Independencia llevaría, 170 años después, a la hegemonía de los Estados Unidos de América.

Hay lentos procesos de fondo, como el que abrieron Hobbes en Inglaterra o Montesquieu en Francia. La voluntad y el talento de esos innovadores desembocaron al cabo de largos periodos en un brusco corte, como el de 1789, mundos del todo nuevos: en este lado del planeta, el fin de la soberanía del rey y la aparición de la soberanía de la nación son el inevitable ejemplo. Frente a esos lentos procesos de fondo hay cambios súbitos, quiebras violentas, y es posible que atravesemos ahora una de ellas. El lector queda ciego por un tiempo, imposibilitado de entender, como ocurre ahora. Casi nada se perfila fiablemente, todo está borroso, el primer plano se confunde con el fondo negro. Nuestra función consiste en estudiar la actualidad, lo que puede venir y no existe todavía, el pasado inmediato y el pasado remoto. Una revista española trata de abarcar distintas latitudes, aunque se esfuerce por estudiar algunas de modo especial.

Wolfgang Münchau cree que los líderes políticos, en EE UU y en Europa, yerran cuando confunden la ruptura del sistema financiero con un gran movimiento macroeconómico de proporciones tectónicas, el verdadero origen…

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