“Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben”. Hace 2.500 años, Tucídides expuso así la esencia de las relaciones internacionales basadas en la fuerza. Volvemos ahora a ese punto de salida con un Donald Trump que parece más complaciente con Vladímir Putin o Xi Jinping que con los tradicionales aliados de Estados Unidos, los europeos. ¿Estamos en un punto de no retorno? ¿Cómo pueden conducirse ahora las potencias medianas?
Davos
En el Foro de Davos de este año, la lección magistral vino de mano del primer ministro de Canadá, Mark Carney. Es la única persona que ha sido gobernador del Banco de Canadá y del Banco de Inglaterra. Un pragmático con valores que ha ido ganando proyección nacional e internacional por su firmeza frente a las tropelías de Trump. En su discurso no pronunció su nombre ni una vez, pero todo el planteamiento de su propuesta para las potencias medianas se basa en una rebelión tranquila frente a los abusos del presidente de EEUU. A las potencias medianas les queda una salida: hacer una gran política, parafraseando al general Charles de Gaulle.
Carney parte de un diagnóstico claro: estamos ante una ruptura del orden mundial. “Es el fin de una ficción agradable y el comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción”. Pero subraya que las potencias medianas –y el ejemplo es su país, Canadá–no son impotentes. “Tienen la capacidad de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados”.
Es un “realismo basado en valores”, que combina principios y pragmatismo, en palabras del presidente de Finlandia, Alexander Stubb (cuyo artículo puede…

El maltrecho vínculo transatlántico: de Davos a Múnich


