El último esquiador sobre el glaciar
El último esquiador sobre glaciar en Alemania descendió el pasado marzo, horas antes de que se dinamitara el telesquí Schneefernerkopf debido a la desaparición de hielo en el pico más alto del país. Lo que en 1967 era una zona fácil de esquí se había convertido en una pista empinada e inestable. Alemania derrumbó así un icono de confianza y de conquista de nuevas cumbres, que quizá se encontraba descontextualizado y languideciente en este siglo XXI.
ürgen Habermas, quien falleció esos días, fue durante toda esa época un referente intelectual, como afirmó el presidente germano Frank-Walter Steinmeier. Aunque al final parecía tener entre sus manos el mapa de un tesoro inalcanzable.
A lo largo de su vida, este hombre de hablar silbante, gafas perpetuas y grueso pelo blanco, se sentó a debatir con estrellas del pensamiento: Jacques Derrida, Michel Foucault, Theodor Adorno, Martin Heidegger, Hannah Arendt. Nacido en 1929 en una familia que no se había opuesto al nazismo, vivió el final de la guerra, la reconstrucción, la descolonización, la llegada a la luna, la carrera nuclear, Mayo del 68, la creación de la Unión Europea, la construcción y la caída del Muro, el fin de la URSS, la aparición de Internet, el euro, las guerras del Golfo, la de Yugoslavia, el 11-S, el ascenso de China, la concienciación climática, el Brexit, el auge del populismo, la pandemia, la guerra de Ucrania, la de Gaza, el regreso de Trump y la aparición de la IA, temas que supo enfocar con sus teorías sobre la democracia, la comunicación, la ética y la sociedad.
Le imagino limpiando sus gafas con un pañuelo desde el salón prístino y anguloso de su casa frente al lago Starnberg, la línea azul de los Alpes al fondo, antes de ladear la cabeza para contestar si su pensamiento ha sido demasiado utópico, si se encuentra desfasado. Los que tuvieron el privilegio de debatir con él destacan su atenta escucha y su respuesta directa, aunque equilibrada: “la fuerza no forzada del mejor argumento”.
«La base para vivir en comunidad no es la fuerza, ni el cálculo estratégico, sino la comunicación para el consenso»
Recoge muy bien este debate el catedrático de Historia del Conocimiento Philipp Felsch en su libro El Filósofo: Habermas y nosotros. Las ideas de Habermas son parte esencial de la cultura democrática alemana y europea, como la savia que fortifica los vasos capilares de un árbol. A Habermas se debe la idea de que la esencia de la racionalidad humana se manifiesta en el diálogo orientado al entendimiento, no a la manipulación ni a la eficacia. La base para vivir en comunidad no es la fuerza (la últimamente cacareada en Washington “might makes right”), ni el cálculo estratégico, sino la comunicación para el consenso. Pone en valor lo interpersonal y lo lingüístico, la madurez (Mündigkeit) del ser humano para razonar. El concepto de esfera pública, que hoy nos parece tan normal como medio ambiente o circulación sanguínea, es suyo.
¿Es esto, sin embargo, un exceso de confianza en la razón y en la posibilidad de un consenso? ¿Es normativamente bello, pero sociológicamente ingenuo?
Habermas, quien recibió el premio Príncipe de Asturias al mismo tiempo que Susan Sontag en 2003, no tuvo miedo de corregir sus propios errores, aunque siempre se mantuvo fiel a sí mismo. Matizó su teoría sobre la comunicación para incluir las redes sociales. También era consciente de que hoy los gigantes (o molinos) del horizonte tienen afiladas fauces: si nuestra capacidad de convivir depende de nuestra capacidad de hablar y escucharnos racionalmente, la actual polarización y la irrupción de la Súperinterlocutora (la IA), provocará que todo debate político sea fútil de antemano. Es importante estar alerta, advierte.
El glaciar alemán apenas conserva un 10% de su extensión original y los científicos prevén que desaparezca durante la próxima década, si no se hace nada para evitarlo. Quizá la misión de Habermas fue pasar a la siguiente generación la idea del diálogo y del universalismo. No aceptar el relevo significaría que no hemos aprendido nada de la catástrofe.



