La desaparición de la URSS creó vacíos de poder en regiones como el Cáucaso y Asia central que se reflejaron de inmediato en el surgimiento de conflictos territoriales y étnicos. Los recursos energéticos de las nuevas repúblicas -tres cuartas partes de las reservas mundiales- atraen el interés de potencias mundiales como EE UU, Rusia y la UE, y regionales como Irán o Turquía.
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