POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 124

Europa saldrá del atolladero

EDITORIAL
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El referéndum en Irlanda, contrario al Tratado de Lisboa, es un hecho mayor, analizado en su Carta de Europa por José Enrique de Ayala. Pero esta revista, comprometida desde su primer número con la construcción europea, debe fijar su posición.

Cargamos un tanto de la culpa del mal resultado sobre nosotros mismos, defensores de la causa europea. Esa larga relación de creyentes ha sufrido un nuevo y duro castigo, como lo han sufrido también los cinco mayores partidos irlandeses, partidarios todos del “sí”.

En la multiforme nómina –frustrados, indignados, deprimidos pero también entre aquéllos que se alzan contra el voto de 800.000 insulares– se encuentran desde los dirigentes políticos de Bruselas hasta una publicación como POLÍTICA EXTERIOR, editada en Madrid. Todos hemos tenido que pasar lo que el irlandés Bernard Shaw llamaba “el largo y amargo trago de la decepción”.

El “no” ha reforzado al Sinn Fein. Es significativo: encastillado desde 1920 en la defensa de Irlanda, antes de que Irlanda existiera como Estado, defensor de un proyecto basado en el rechazo por todos los medios (violencia armada incluida) de Gran Bretaña, potencia invasora.

Sin embargo, lo ocurrido en Irlanda no es, ni va a ser, un freno decisivo para el proyecto europeo. Es un grave inconveniente y una nueva frustración. Pero no modificará las grandes bases de Europa. No confundimos los deseos con los hechos. Pero sería excesivo que 862.415 votos de una isla atlántica retorcieran el brazo de 500 millones de europeos, asociados en un proyecto de civilización. La Unión nació para asegurar la paz de franceses y británicos frente a alemanes y austriacos. La Unión aspiraba a poner en marcha un gran mecanismo que, con el tiempo, pudiera extender los principios de progreso a un mundo vecino o lejano, desde los Balcanes a Afganistán. Trataba de extender…

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